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sábado, 27 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 2): LA RECONCILIACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN

 (Se dice fácil, pero...)

En mi segunda entrega de los temas sobre el tapete en Venezuela abordo el espinoso dilema de la reconciliación y reunificación, un tema de discusión necesaria. En paráfrasis de Anne Applebaum, el cambio de regímenes autoritarios, históricamente, es lento al principio pero repentino al final. Nos estamos acercando al principio del final del régimen criminal que pretende regir los destinos de Venezuela. Las señales están a la vista, las piezas colocadas. Los participantes están en la encrucijada de determinar como será el resto de sus vidas. ¿Serán amigos del tirano, o participarán en el gran proyecto de una nueva Venezuela? ¿Cómo se une a todos los venezolanos en este gran proyecto?

LOS AMIGOS DEL TIRANO

En estos días reportaron la vida cómoda de la familia Assad en Rusia y Dubái en el New York Times. Con las anécdotas que relataban describían la vida lujosa y protegida que vive Bashar Al-Assad en hoteles y apartamentos de lujo, fabulosos restaurantes y clubes, y fastuosas villas en enclaves residenciales exclusivos. Siria sigue en un difícil proceso de reconstrucción, con violencia, muerte y prisioneros. No es fácil reconstruir un país despojado por tiranos que utilizaron las instituciones del estado para reprimirlo y utilizaron el territorio para facilitar la fabricación y distribución de drogas estupefacientes por toda la región.

Entre los fugados con Assad se encontraba su leal escolta, que le cargaba las maletas y siempre se mantenía a su lado. La noche de la fuga, esta persona fue notificada que se iban, que se montara en el carro de inmediato. Con tanta leal disciplina siguió las órdenes del déspota que no tuvo ni tiempo de buscar su pasaporte y recoger algo de efectivo. Al llegar a Moscú, en vez de instalarse junto con Assad en la gran y amplia Suite donde se instaló el dictador, éste le dijo que se acomodara en otra habitación del lujoso hotel junto con otros escoltas. La sorpresa fue a los pocos días cuando el hotel les presentó la cuenta astronómica. El escolta llamó a Assad para aclarar el asunto, pero nunca llegó a comunicarse con el dictador nuevamente. Assad ni recogió ni devolvió las llamadas.

Hace más de 2.500 años Esquilo dijo: “es una enfermedad que llega con toda tiranía, la de no confiar en amigos”. Aquel que piense ser amigo del tirano debería reflexionar sobre lo dicho por ese griego. Los que confían en el tirano quedarán varados en Moscú sin pasaporte ni dinero. Pero no es únicamente el tirano que desconfía, es toda la sociedad mutuamente. Toda tiranía quiebra sociedades.

Una persona que utiliza el poder para provecho propio sin contemplaciones éticas es como el alacrán en el cuento de la rana y el río. Es su naturaleza, su instinto natural aguijonear a la rana, aun cuando significa que los dos morirán. Aun contra sus mejores intereses, el comportamiento de Assad no refleja ni conciencia, ni arrepentimiento, ni conductas que lo identifiquen como estadista, solo como criminal. Por eso se vio obligado a salir a medianoche del país que había destruido, Siria, que para una persona como él no era su patria, no era una nación llena de compatriotas; era una fabrica de dinero y lujos para él y sus cómplices. Ahora disfruta de lujos tras altas cercas, rodeado de guardaespaldas, borrando cualquier posible indicador de su paradero y recorriendo calles en limusinas, tal vez blindadas para no correr la suerte de Anastasio Somoza, creyéndose en un país seguro.

Hay personas que tienen que dejar el poder en Venezuela. Estás personas pueden facilitar la transición o verse obligados a aceptar que les llegó la transición. Pueden ser parte de la transición  o verse obligados a vivir en las sombras y tras vidrios blindados; los que puedan. Porque llegó la hora de reconstruir a Venezuela;  porque traicionar al régimen no es traicionar a Venezuela, todo lo contrario. 

UNA TRANSICIÓN QUE NO ES SOLO POLÍTICA

A pesar de que Venezuela no es Siria, con facciones étnicas, religiosas y territoriales, el país igualmente no solo enfrenta el desafío de sustituir un régimen, sino al de recomponer una comunidad cívica profundamente dañada por décadas de polarización, miedo, mentira institucionalizada, exilio masivo y complicidad forzada. Por ello, cualquier transición auténtica debe concebirse como un proceso simultáneamente político, moral y social. Sin esta comprensión amplia, la democracia que emerja será frágil, reversible y vulnerable a nuevas formas de autoritarismo.

Toda transición desde una autocracia hacia una democracia suele presentarse como un problema de ingeniería política: elecciones, cronogramas, reformas constitucionales, pactos de élites. Sin embargo, la experiencia comparada —y de manera particularmente aguda en el caso venezolano— demuestra que una transición fallida rara vez fracasa por errores técnicos. Fracasa porque no logra reconstruir el tejido moral, social e incluso mitológico que una autocracia destruye de manera sistemática.

Un punto central para comprender la complejidad de la transición venezolana es distinguir entre el rol de la ideología en democracia y su función en un régimen autoritario. En una democracia pluralista, incluso las ideas equivocadas cumplen una función: se someten al escrutinio público, se refutan, se corrigen o se descartan mediante mecanismos institucionales.

En un régimen autoritario, en cambio, la ideología deja de ser una propuesta debatible y se convierte en dogma. No se corrigen errores, se impone el dogma; no hay debate, se silencian las voces; no se persuade, se castiga al disidente. El daño no proviene solo de la idea, sino del poder que la respalda. Esta distinción es crucial para abordar responsabilidades sin caer en simplificaciones morales ni en absoluciones indiscriminadas.

En el 2017 publiqué un libro titulado “La Venezuela imposible” en donde incluyo un ensayo inspirado por la carta de acusación de Jorge Giordani al gobierno de Nicolás Maduro con motivo de su salida forzada de sus cargos. Esta carta expone las razones de Giordani y es un caricaturesco J’accuse enfocado sobre la ruina económica del país y la culpabilidad del régimen. Por todo lo que sé y he podido averiguar de Giordani, él parece ser un profesor universitario honesto, dedicado y creyente en sus ideas, principalmente la idea de que el estado puede ser el factor clave para mejorar la sociedad mediante el control y ejercicio del poder económico de un país.

El caso de los ideólogos del chavismo —y en forma paradigmática el de Jorge Giordani— ilustra la capacidad humana de autoengaño. Jorge Giordani ni es redentor económico del chavismo ni es chivo expiatorio en la transición; es el ejemplo del ideólogo que, al operar desde un régimen autoritario, transforma el error intelectual en daño histórico profundo. Mencionamos a Giordani, pero todo régimen autoritario los ha tenido. Leon Trotsky, Joseph Goebbels, Jaime Guzmán o Giovanni Gentile estaban íntimamente comprometidos como ideólogos de sus regímenes totalitarios. Su caída en desgracia histórica (o no) no los exime de su responsabilidad.

Ideólogos como Jorge Giordani, en un marco democrático pluralista, aportan al debate de ideas; pero insertos en un marco autoritario hacen daños profundos a un país. Los resultados prácticos de esa idea los vimos en Venezuela. Reconocer el fracaso de un proyecto no es solo un ejercicio intelectual; implica aceptar que una vida entera, una identidad y una vocación estuvieron construidas sobre un error conceptual profundo. A pesar de su sinceridad, convicción y probables buenas intenciones el “cerebro económico” de Chávez empedró el camino a la ruina.

RECONCILIAR NO ES OLVIDAR

Comprender el autoengaño de estos ideólogos o sus adeptos no equivale a absolver el daño causado. La tragedia personal del líder ideológico no borra las consecuencias colectivas de sus decisiones cuando estas se implementaron desde el poder con autoritarismo dogmático. De aquí surge una reflexión clave para la transición: la empatía es compatible con la responsabilidad histórica. La reconciliación democrática no consiste en borrar culpas sino en identificarlas y reconocerlas, sin convertirlas en instrumentos de venganza. Existe la justicia para los criminales, existe la historia para los equivocados.

Una democracia funcional no exige uniformidad ideológica ni consenso moral permanente. La vitalidad de una democracia surge del pluralismo, de la competencia abierta de ideas y de lo que podría llamarse un caos creativo permanente enfrentando el cambio constante de su contexto tecnológico y social; el debate, error, corrección y aprendizaje continuo. Ese desorden, incómodo, ruidoso e imperfecto, es precisamente el precio de la libertad y la condición de la cual emerge el progreso. Una voz como la de Giordani en democracia es valiosa. Su voz como dogma es peligrosa.

Aceptar este caos creativo es esencial para una transición democrática. Implica reconocer que la democracia no promete certezas absolutas ni resultados inmediatos, sino un marco institucional donde los conflictos se procesan sin violencia y donde ninguna visión del mundo puede apropiarse del Estado. Reconciliar a una sociedad polarizada comienza, paradójicamente, por aceptar que el desacuerdo es legítimo y necesario.

Las fracturas y heridas sociales creadas por años de represión autocrática son profundas y difíciles de sanar. Uno de los mayores riesgos de toda transición es confundir justicia con venganza o, en el extremo opuesto, reconciliación con olvido. Ninguno de los dos extremos produce estabilidad democrática. La justicia transicional debe operar en un espacio intermedio, donde se combinen verdad, responsabilidad individual, indemnizaciones y garantías de no repetición.

Esto implica reconocer agravios, escuchar a las víctimas y diferenciar grados de responsabilidad, sin caer en persecuciones colectivas ni en amnistías morales implícitas. La democracia no puede fundarse sobre la humillación de unos ni sobre la negación del sufrimiento de otros. La justicia, entendida correctamente, es un mecanismo de estabilización democrática, no un obstáculo para ella.

LA NUEVA VENEZUELA VA MÁS ALLÁ DE SUS FRONTERAS

La transición venezolana enfrenta un desafío adicional que suele quedar relegado en los debates institucionales: la reunificación de una nación dispersa. Millones de venezolanos viven hoy fuera del país, separados de sus familias, de su vida cívica y de su horizonte vital. Esta fractura no es solo demográfica; es emocional, cultural y política.

La nación venezolana dispersa puede convertirse en un gran activo para la reconstrucción del país. Hay quienes anhelan regresar para retomar su vida, hay quienes han hecho vida fuera y quieren fortalecer sus lazos con la tierra que les vio nacer, hay quienes quieren conocer a Venezuela, la de sus padres y abuelos. Esa energía humana impulsa el futuro de Venezuela a nivel global. Trabajando juntamente con los millones de venezolanos haciendo país, la nación en exilio quiere ser parte del futuro de Venezuela.

Desde el sufrimiento del paso por cordilleras andinas y el Darién hasta vivir el rechazo xenofóbico, desde el Cono Sur hasta los EE.UU., Europa y otras tierras distantes, las experiencias vividas, y el esfuerzo trabajador de los venezolanos demuestran su coraje, capacidad de adaptación y espíritu emprendedor. La historia y las experiencias de cada uno son distintas, todas transformadoras, pero el denominador común son las raíces. Su energía es una energía sembrada ahora en el gentilicio, tal y como lo fue con los irlandeses, los italianos, los portugueses, los libaneses y los judíos en el pasado. Un activo sembrado alrededor del mundo que será parte del futuro de Venezuela. La reunificación debe integrar explícitamente al exilio como parte constitutiva del proyecto nacional. Sin este proceso, la transición quedará incompleta.

EN BÚSQUEDA DE UNA SOCIEDAD PERDIDA

Una transición democrática sostenible requiere traducir estos principios en políticas concretas. En términos prácticos, esto supone: establecer mecanismos creíbles de justicia transicional centrados en verdad y responsabilidad individual; garantizar una fuerte estructura institucional independiente para procesar conflictos políticos; promover políticas activas de integración del exilio; y diseñar narrativas públicas que legitimen el pluralismo y el desacuerdo democrático.

La democracia no promete absolución ni redención moral. Promete algo más modesto y más exigente: convivencia en libertad bajo reglas compartidas. La historia juzgará a los responsables del desastre, pero el futuro dependerá de la capacidad colectiva de construir instituciones que contengan el poder, procesen el conflicto y hagan posible la reconciliación sin sacrificar la justicia.

En la época festiva decembrina, durante la cual escribo esto, se nos vienen recuerdos que surgen de esos aromas familiares asociados con las festividades. Esos buenos recuerdos que reconfortan el alma y el corazón los asociamos con momentos de felicidad y unión en nuestro hogar acompañados por nuestros queridos y cercanos. También nos hace pensar en lo que hemos perdido y nuestra situación presente. Para el país, la situación presente no es una de paz y prosperidad con democracia y libertad. Sin embargo, esa situación tiene visos de pronto cambio. No para rescatar aquel pasado, del cual recordamos solo lo bueno, sino para hacer una nueva Venezuela unida con visión positiva de futuro.


Dos temas sobre el tapete (parte 1): La escalada de tensiones entre los EE.UU. y Venezuela

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Carlos J. Rangel

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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024)

Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)


domingo, 18 de mayo de 2025

¡EMBUSTE!

La posverdad y las falsas narrativas son ya nuestro pan de cada día.  No es que estemos descubriendo el agua tibia, a fin de cuentas, la propaganda de todo tipo, desde comercial a política, es una vieja herramienta. Es la explosión de la información sin filtros por medio de redes amorales, combinada con la represión selectiva de la información por actores con poder, lo que hace que dudar de la fidelidad de cualquier información públicamente difundida sea un ejercicio mental saludable. 

En el mundo contemporáneo las consecuencias de las mentiras de gran envergadura son trágicas. En otros países se han propiciado guerras territoriales o de odios que nos recuerdan conflictos que pensábamos superados. Vemos narrativas utilizando la posverdad para dividir, atomizar y fracturar sociedades para lograr ventajas políticas o económicas del grupo promoviendo esas narrativas y lograr o mantenerse en el poder. En Venezuela, el uso de la posverdad nos ha llevado a la combinación de un estado de miseria con uno de represión sin paralelo en nuestra historia.

En nuestro país, la mentira utilizando la posverdad es un instrumento para mantenerse en el poder y reprimir la oposición. Nos dice Carlo Collodi que una vez que alguien dice una mentira, tiene que seguir mintiendo para no caer en contradicciones, llegando a decir tantas mentiras que su obvia desfachatez es igual a una enorme nariz que se agiganta con cada nueva mentira. El régimen criminal de Venezuela tiene una enorme nariz; o tal vez muchas. Como múltiples pólipos faciales desfigurados y crecientes dice mentiras para cada ocasión, desde el “dólar oficial” para crear ilusión de estabilidad y control (y oportunidades de corrupción), hasta fingir ignorancia en la desaparición de disidentes y opositores – y eventualmente imputar obvios cargos falsos de “odio”, “terrorismo”, “magnicidio”, etc. Por supuesto el mayor embuste, la nariz mas enorme, es la farsa electoral: su vanidoso intento por crear una ilusión de democracia.

Corea del Norte se autodenomina la “República Popular Democrática de Corea”. Este es un país en donde los años del calendario oficial se cuentan a partir de la ascensión al poder de la dinastía Kim, y su descendiente y líder actual usa veneno y perros para asesinar rivales, así sean familia. El servicio secreto represivo mas feroz y eficiente lo crearon los alemanes de la “República Democrática Alemana” (DDR) la Alemania Oriental de la Guerra Fría. La Stasi de la DDR entrenó al servicio secreto cubano, el infame G2, en sus tácticas represivas y de “contra-propaganda”, y a su vez el G2 ha infiltrado, entrenado y comanda las fuerzas de inteligencia represiva y desinformación en Venezuela.  El uso de la palabra democracia es común y frecuente entre dictadores de toda calaña, pretendiendo utilizar la falsa retórica para justificar su despotismo. Para poder usar esa palabra, recurren a la farsa electoral.

Las democracias se caracterizan por las rivalidades entre partidos que pretenden influenciar los destinos del país, y por instituciones estables que la protegen, incluyendo poderes y sistemas electorales responsables, transparentes e independientes. Todo se instrumenta para poder interpretar la voz y voluntad del soberano, los ciudadanos, bajo el marco de la constitución del país. La voz y voluntad del soberano es el fundamento de una democracia, y esta se manifiesta de diversas maneras, siendo la más visible el voto popular. Esa, sin embargo, no es la única y, por eso, una característica específica de las democracias es la libertad de expresión, instrumentada en la libertad de prensa, de asociación y de manifestación pacífica.  

Cuando el régimen pretende montar una farsa electoral para declararse democrático, mostrando descaradamente la enorme y fea nariz de su gran embuste, el deber democrático de todo ciudadano es rechazar esa farsa. Nos quedan las otras armas de la democracia, y en este momento la protesta pacífica y desobediencia civil debilitará aún más al régimen. La gran unidad opositora que le asestó un golpe mortal al régimen el 28 de julio, puede rematar la tarea este 25 de mayo. El gran ¡NO! al régimen el 25 de mayo es el complemento al gran ¡SÍ! a la democracia que manifestó el soberano el 28 de julio.

Ya la es hora de levantar la peor sanción que tiene nuestra nación: el régimen criminal que pretende aferrarse ilegítimamente al poder. Ya es la hora de reunificar la familia venezolana, desde los engañados hasta los emigrados, todos somos ciudadanos venezolanos que aspiramos a una patria noble, grande con futuro y libertad. Ya es la hora de decirle al embuste el gran ¡NO! Venezuela ya votó, y esa es la verdad verdadera del 28 de julio y el gran embuste del 25 de mayo. 

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Carlos J. Rangel
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Libros de Carlos J. Rangel:




lunes, 20 de enero de 2025

¿QUÉ ES LA OPOSICIÓN?

Desde que se implementaron las políticas de control y cambio social por el régimen de Chávez-Maduro en Venezuela, cerca de 40.000 personas han sido asesinadas a sangre fría ya sea por "justificaciones" impulsadas por el afán sectario ("divide y vencerás") del régimen enfrentando clases sociales del país [1]; durante las OLP, "operaciones de liberación del pueblo" esencialmente guerras entre pandilleros; o en ejecuciones extrajudiciales de manifestantes y opositores políticos – sobre el asfalto o en mazmorras. Eso, sin dejar de mencionar el masivo éxodo migratorio de millones de venezolanos en búsqueda de su felicidad (y de sus familias) en tierra extranjera.

Ese control y cambio social generador de víctimas ejecutado por el gobierno, bajo la ilusión de tener la capacidad de conducir el pueblo hacia un mundo feliz, es la antítesis de la libertad. Venezuela no es un país libre. Venezuela no es un país en donde cualquier individuo pueda aspirar a crear su propio futuro, desarrollando su potencial y su voluntad para tener una vida mejor para sí y los suyos. Venezuela es un país en el cual la autoridad del régimen de gobierno pretende dictar las reglas que le parezcan de un momento a otro para implementar un férreo control sobre la sociedad, en esa vana ilusión de crear Un Mundo Feliz. Y por eso hay oposición.

Todo ser humano tiene esa aspiración, la de crear una mejor vida enfrentando las barreras y obstáculos naturales interpuestos por la vida. Cada individuo busca oportunidades y maneras de sortear estos obstáculos y barreras, creando distintos resultados individuales, pero mejorando la sociedad como un todo por sus esfuerzos. El modelo de desarrollo y bienestar social centralizado en un grupúsculo de planificadores pretendido por el régimen no tiene ni la capacidad ni la flexibilidad de la gran multiplicidad de individuos que conforman una nación; nunca podrá ser mejor que una sociedad en libertad. Friedrich von Hayek, en entrevista realizada en Caracas (1981) [2] lo decía de manera clara: 

El sistema capitalista… debe [su] capacidad de adaptación a una infinidad de variables impredecibles, y a su empleo, por vías automáticas, de un enorme volumen de información extremadamente dispersa entre millones y millones de personas … que, por lo mismo, jamás estará a la disposición de planificadores. En el sistema de economía libre, esa información puede decirse que ingresa en forma continua a una especia de supercomputadora: el mercado… Allí es procesada de una manera no solamente abrumadoramente superior como usted expresó, sino de una manera realmente incomparable con la torpeza primaria de cualquier sistema de planificación.

Capitalismo y libertad van de la mano. A pesar de haber intentos de “capitalismo planificado” en países como China, Cuba y la misma Venezuela, típicamente son para efectos propagandísticos en el caso de Mini/micro-empresas, mercados “negros” para solventar escasez e ineficiencias de los mercados oficiales, o maneras de canalizar favores del y para el estado – la corrupción a gran escala. En Venezuela este último grupo caracteriza a los llamados “bolichicos”, entre otros calificativos. La arbitrariedad de cualquier régimen bajo planificación central hace la amenaza de intervención o clausura una espada de Damocles para cualquier entidad proto-capitalista permitida. En China, Jack Ma y la intervención del estado en Ali Baba ejemplifica de manera clara esta autoridad arbitraria. En Venezuela se vio recientemente con multas y clausura de hoteles, areperas o transportistas que cálidamente acogieron o prestaron sus servicios a la líder opositora Maria Corina Machado durante la campaña presidencial del 2024.

El régimen que gobierna a Venezuela pretende coartar la libertad a cambio de una prometida prosperidad colectiva. Esa prosperidad se ha basado en las promesas pasadas y futuras de la repartición controlada de bienes y riquezas que el gobierno (¿mágicamente?) canalizará y distribuirá a la sociedad como un todo. El régimen ha estructurado las instituciones y fuerzas del estado basado en esa promesa inalcanzable del socialismo profundo: el gran estado de bienestar. El pueblo venezolano ya no se come ese cuento.

El voto masivo con los pies por más de ocho millones de venezolanos que han emigrado del país dice que ellos no se comen ese cuento de la prosperidad futura prometida a cambio de la libertad. El voto en las urnas electorales por más de siete millones de venezolanos bajo amenaza de retaliación dice que ellos no se comen ese cuento de la prosperidad futura prometida a cambio de la libertad. La oposición al régimen es una oposición a las instituciones y modelo que éste ha creado y que han llevado a Venezuela al despeñadero económico y social. La oposición no es de un partido a otro, como usualmente es en sistemas democráticos. La oposición ni siquiera es acerca de las metas sociales y económicas del país (aun cuando en el caso del régimen la promesa de esas metas sean promesas vacías). La oposición es al modelo y estructuras de poder que ha construido el régimen para mantenerse y enriquecerse exprimiendo el sudor, sangre y sufrimiento de todos los venezolanos, incluso de las familias y adeptos que en el pasado se tragaron el cuento de esa promesa (representado dramáticamente en el reciente cortometraje "La Verdad", con Elba Escobar).

El régimen y el modelo no solamente han sido derrotados en las urnas electorales, han sido derrotados en el corazón y en el alma de los venezolanos. Los dieciséis millones de venezolanos que han votado de alguna manera u otra en contra de este modelo de fantasías dirigido por una banda de criminales se mantienen unidos en el consenso de la necesidad de restaurar la democracia y la libertad para lograr la paz y prosperidad de la nación. El régimen está derrotado de mil y un maneras, pero hará todo lo posible para aferrarse al poder. El régimen pensaba que con los trucos bajo la manga que tenía, las elecciones del 28J serian un fraude invisible. Bajo el liderazgo indiscutible de Maria Corina Machado, jugando con las reglas del régimen, el régimen perdió de manera claramente visible. La juramentación espuria de Maduro como presidente no lo protege de la marea opositora, de la decisión soberana del pueblo venezolano. Dividirse ahora como pretenderían el régimen y la oposición cómplice, ceder ahora, es permitir el desatar de una venganza terrible sobre el pueblo venezolano. Ceder ahora es deshonrar la sangre y los gritos de las víctimas del régimen en su inacabable afán de control y cambio. Ceder ahora es permitir una corrupción que desvía los grandes recursos del país al bolsillo privado de esta banda criminal que posiblemente piense que algún Genio (¿el G2?) le concedió el deseo del toque de Midas; pero como aquel legendario rey, sucumbirá por su propio orgullo y avaricia.  Ante la oposición, el régimen no puede detener la ola de cambio que se le rompe encima, porque la oposición no es Maria Corina, Edmundo, Juan Pablo, Andrés, Delsa... la oposición es Venezuela, todos unidos, hasta el final.


LECTURAS RELACIONADAS (por Carlos J. Rangel)

FUENTEOVEJUNA

CARLOS ALBERTO MONTANER Y SU CONCEPTO DE LA LIBERTAD

VENEZUELA HOY Y SU NUEVO MAÑANA



[1] No olvidemos a HCF con eso de “ser rico es malo” o su proclamación al conmemorar el 4 de febrero, en 1999, justificando socialmente al “delincuente obligado”. 

[2] La entrevista, conducida por el periodista y analista Carlos Rangel el 17 de mayo, fue publicada en el diario El Universal en junio. Se incluye como apéndice en libro de Carlos Rangel El Tercermundismo (Monte Ávila, 1982)

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Carlos J. Rangel
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sábado, 28 de diciembre de 2024

NECESIDAD DEL POPULISMO EN DEMOCRACIA Y OTROS TEMAS

Este ensayo/entrevista busca responder inquietudes surgidas en la video-entrevista de Napoleón Bravo a Carlos J. Rangel sobre su nuevo libro, MITOS DE NUESTRA HUMANIDAD: RELATOS DE SIEMPRE PARA HOY conducida el 7 de diciembre, 2024. Estas preguntas le fueron planteadas a CJR en un chat de WhatsApp, y son suficientemente interesantes como para compartirlas en este blog.

La entrevista en BRAVO24

Estimado Ofer:

Agradezco que te hayas tomado el tiempo para ver la entrevista y enunciar preguntas que surgieron de la misma. No se ve en la entrevista publicada en YouTube, pero Napoleón tuvo que editar parcialmente el video puesto que se nos acabó el tiempo. Me dijo que esa era la primera vez que le había ocurrido eso, que perdió la noción del tiempo por lo amplio y fascinante de los temas discutidos. Igualmente, tuve una gran satisfacción participando en esa entrevista. Mi nuevo libro tiene como objetivo generar este tipo de discusión amplia acerca de la democracia liberal y ciertamente esta entrevista cumple con ese objetivo.

Lamento no haberte dado respuesta más rápidamente, pero tus preguntas tocan temas profundos que preferí ponderar con tiempo antes que dar respuestas superficiales. Trato de responder tus inquietudes elaborando algo sobre temas que he desarrollado anteriormente, con la esperanza que de alguna manera sean satisfactorias. Para hacer la lectura más estructurada la divido por tema que genera la inquietud. He aquí mis respuestas:

En primer lugar, en el minuto 17:03 habla de liderazgo populista y "la respuesta simple" es NO cuando se le pregunta sobre ser capaz de alcanzar una posición de liderazgo nacional sin ser populista.


La respuesta simple es “no” porque meritocracia y tecnocracia de por sí no movilizan votos. Personas con gran preparación y sentido de lo que moviliza a los segmentos de población necesarios para obtener una mayoría del voto popular son rara avis, si es que existen. El voto popular que logra las mayorías necesarias para triunfar generalmente no es un voto bien ponderado y se moviliza por la emoción más que la razón. Es un voto que, en la percepción del votante, rechaza al status quo que le niega oportunidades y bienestar. La fracción que emite votos deliberadamente ponderados por el candidato de su ideología preferida generalmente es entre 10% al 30%. En una elección entre dos partidos principales o por balotaje, eso significa que entre el 40 al 80% de los ciudadanos con derecho al voto no utilizarán criterios ponderados para emitir su voto. De esa gran masa de votantes (más cuando se aproxima a 80 que cuando se aproxima a 40) muchos son apáticos ante las alternativas presentadas en la elección y se abstienen de votar. Para energizar el voto de la masa electoral la herramienta más efectiva es el populismo y por eso toda opción ganadora tiene un componente de este. Las promesas de cambio del status quo hechas con cariz populista generalmente son efectivas, pero las promesas exageradas y evidentemente irrealizables también generan movilización electoral, aun cuando el votante sepa que son irrealizables. Este populismo extremo apela a la emoción de la identificación, es decir, le hace sentir al votante que el candidato entiende sus problemas y que si no los puede solucionar no es por ignorarlos, ni siquiera por decepcionarlos, sino por fuerzas ajenas (y esto es común en el discurso populista) que le adversan, por algún enemigo identificable, típicamente imaginario y expiatorio.  

Todo político en contienda electoral tiene que incluir entre su arsenal de campaña una dosis del populismo movilizador del voto para sumar la mayoría ganadora a su favor. Cuando el candidato basa su campaña en una promesa de futuro utópico o regreso al pasado glorioso que los enemigos de la nación han truncado, es decir la campaña de la promesa milenaria y el redentor que la hará cumplir, dicho candidato se acerca al populismo extremo; un populismo que fácilmente puede caer en mando autoritario al convertir a los opositores a su candidatura en enemigos de su mandato (y de la nación) en vez de adversarios a sus políticas.

Usted ilustra el esquema de la pirámide y el lugar óptimo para una democracia es estar en el centro de la pirámide. Jóvenes, más idealistas, al que Usted le da el apodo de izquierdistas buscan oportunidades en la base de la pirámide, mientras que los dueños de la propiedad privada son menos idealistas, más conservadores, al que Usted le da el apodo de derechistas en la cima, que buscan proteger sus pertenencias.

En una entrevista como la realizada es difícil explicar la complejidad de la economía social en términos sencillos. El número de variables excede tres, lo que Daniel Patrick Moynihan definía como un problema super complejo (tres variables es un modelo complejo, según DPM). Si mal no recuerdo, Napoleón me preguntó acerca de la validez de los términos derecha e izquierda, a lo cual respondí que francamente hoy en día se usan más como epítetos que como definición de ideología. Esta pregunta surge de una parte del libro en donde argumento que los derechos de oportunidad son los que caen bajo el manto del llamado izquierdismo y los derechos de propiedad bajo el llamado derechismo. Debido a que la naturaleza de la humanidad es definida por sus etapas de infancia, juventud, madurez y vejez, es observable la correlación entre jóvenes buscando oportunidades y mayores protegiendo sus activos acumulados, sean tradiciones, morales o monetarios. La interpretación que usted aparentemente sugiere es que yo dije que los viejos son derechistas y los jóvenes izquierdistas. Eso se parece a lo que quise decir, pero no lo es exactamente. Aquellos que ofrecen proteger y ampliar las oportunidades para el desarrollo individual son acogidos por los que desean tener nuevas oportunidades o piensan que se las han quitado, sean jóvenes o no. Generalmente la demografía en busca de oportunidades es mayoritariamente joven, y en Latinoamérica la pirámide etaria tiene una amplia base, por lo tanto ese mensaje de oportunidad, el clásicamente izquierdista, reverbera en este continente. Pero el triangulo de Hayek al cual yo me refería es otra dimensión de variables. Él coloca en cada vórtice conservadores, progresistas y liberales (identificándose a sí mismo como liberal). Su tesis era que los conservadores y los progresistas quieren mejorar la sociedad obligándola a adoptar sus dogmas, sean conservadores o progresistas, mientras que los liberales consideran que forzar dogmas de comportamiento social o económico obstaculiza el desarrollo del bienestar individual y. por ende, el colectivo (esencialmente el mismo paradigma de la mano invisible de Adam Smith). Los extremos del dogma progresista y el conservador se ilustran con las autocracias sostenidas en la Unión Soviética y con la Inquisición Medieval. La crítica que se le hace a este modelo de Hayek es que en el extremo liberal se desarrolla el anarquismo el cual, creando un vacío de poder, es vulnerable a otras autocracias dogmáticas. Era este triangulo al cual me refería en la entrevista, no la pirámide etaria. Este es el triángulo en cuyo centro se encuentra la democracia, siempre en pugna hacia cualquiera de los extremos, y generando el caos creativo y renovación que produce el mayor bienestar social.

¿Qué piensa de ese esquema piramidal del que habla en el contexto de una república, no de una democracia, y de un líder populista de derecha que ha alcanzado la cima del poder en ese escenario? ¿Cómo terminaría esa película?

Hoy día se habla mucho acerca de la diferencia entre república y democracia suponiendo, o insinuando, un valor superior en la manera de gobernar de una sobre la otra. Si buscamos la diferencia esencial, nos encontramos con ideales cuasi platónicos que definen una como un sistema institucional en donde los poderes del estado se ejercen con representantes del poder soberano (los ciudadanos) escogidos mediante el voto, con pesos y contrapeso que defienden las instituciones, y con el gobierno basado sobre leyes establecidas y precedente institucional. La democracia pura, es decir directa (como ha sugerido Elon Musk instituir en sus colonias en Marte) no tiene esa institucionalidad, precedente y legado, y fácilmente puede caer en la llamada “tiranía de las mayorías” con plebiscitos a diestra y siniestra – mob rule. Estipulando entonces que una republica es mejor manera de gobernar (y difícil de mantener) que una democracia pura (imposible de mantener), pasemos a la cuestión del líder populista.

El líder populista, sea que diga que protege los derechos de propiedad o los derechos de oportunidad, combinado con tendencias conservadoras o progresistas (los liberales rara vez son populistas, llegan al poder por el hartazgo del soberano con los otros vértices del triángulo de Hayek – caso Milei o MCM), tiene dos opciones una vez que llega al poder: romper la institucionalidad republicana para mantenerse en el poder, o someterse al juicio de los votantes de una república con fuertes instituciones. Por eso, y porque -como argumentaba anteriormente- todo candidato para llegar al poder debe tener algo de populista, la democracia institucional con alternabilidad y rotación de ideologías (el caos creativo que genera bienestar social), siempre está en peligro. Recae sobre el soberano, los ciudadanos de la nación, elegir a representantes que defiendan a las instituciones (siempre perfectibles) en vez de aquellos que trasparentemente buscarán mantenerse en el poder eternamente. Cabe mencionar en este momento la referencia hecha durante la entrevista al “Poder Moral” al que aludía Simón Bolívar, una serie de escribas independientes que registran la actuación moral, o no, de los representantes en los otros poderes de una nación. Es decir, la prensa libre e independiente.

Finalmente, pensar que la película termina es no darse cuenta de que el proceso de gobierno y el avance social y económico es un proceso interminable, inacabable, sin fin y perfectible cuyo modus operandi es el probar, errar, corregir. La naturaleza humana prefiere el orden predecible (terminar la película) a la incertidumbre caótica (el interminable valle de lágrimas), pero es en ese caos, en esa destrucción creativa de la cual hablaba Schumpeter refiriéndose al capitalismo, allí es que existe la innovación y el avance en todos los aspectos sociales y económicos de una sociedad. Estancarse es morir. La película no acaba.

En segundo lugar, en el minuto 26:43 usted habla de que China ha hecho cambios y difiere sustancialmente de otras naciones comunistas en su manejo de la economía, aunque concluye que no va bien.

Si uno considera el buen gobierno, la planificación económica central o las fuertes inversiones en educación e infraestructura como medio para alcanzar un fin, entonces el modelo chino es uno de los más eficaces de la historia de la humanidad. A pesar de su liderazgo tiránico, el modelo chino tuvo como resultado la extracción de la mayor parte de su población de la pobreza extrema - al menos la mitad de su población, es decir, 800 millones de personas - a una fuerte clase media y una clase rica sustancial en un período de tiempo muy, muy corto: ¿sería el modelo chino uno de los mejores modelos del mundo? ¿Sería un buen modelo de gobierno o una buena política económica? ¿Es sostenible?

Menos tiránicas pero similarmente efectivas son las historias de Taiwán, Corea del Sur, Singapur y otros Tigres Asiáticos, aunque todos ellos tuvieron, en su momento, un liderazgo autocrático que los llevó a donde están ahora.

El “modelo chino” es atractivo y hace algún tiempo yo también lo encontraba seductor. Los resultados evidentes de mejora en el bienestar social efectivamente lo hacen digno de estudio profundo y sinceramente no he hecho ese estudio, pero si estoy familiarizado con la idea. El presidente chino, Xi Jinping, está convencido de que la hegemonía de los modelos sociales y económicos de occidente durante los últimos 200 años son un paréntesis histórico en la supremacía china sobre el mundo, y está haciendo su parte para restaurar esa supremacía. No es único en esa visión, puesto que ya hace unos cuarenta años un alto dirigente chino, Chou En-Lai respondió al preguntársele que opinaba acerca de la revolución francesa y respondió que era demasiado pronto para llegar a conclusiones. Esa perspectiva histórica de los lideres chinos se manifiesta hoy día en el expansionismo económico que ha mantenido durante los últimos diez años (abiertamente), y con la bienvenida de muchos receptores de ese expansionismo por suponer que “el modelo chino” puede ayudar al bienestar propio de su país.

No debemos dejar de recordar que China sufrió bajo el régimen del PCC de Mao una de las peores hambrunas del mundo en los años 60 del siglo pasado. Esto, en combinación con la purga de la revolución cultural y la caída del muro de Berlín creó las condiciones para el cambio del modelo de uno autocrático-comunista a uno autocrático-capitalista, esencialmente promovido por Deng Xiao Ping, el primer presidente chino que visitara a los EE.UU. Las instituciones creadas por el PCC se mantuvieron y mantienen, pero ante la desintegración de la Unión Soviética, y el temor a la recaída en la disfuncionalidad económica que causó la hambruna, la apertura a occidente fue inevitable.  La incorporación de China a la economía mundial comienza con su designación como MFN condicional en los años 80, y así comienza el despegue económico.  Es su aceptación del modelo occidental de desarrollo lo que le permite modernizarse.

Ese modelo aceptado tiene sus condicionantes. El occidente celebra la casi infinita mano de obra barata que ofrece China y se dedica a invertir construyendo fábricas de todo tipo. Occidente también ve con ojos ambiciosos el potencial de un enorme mercado consumidor, fácil presa de las baratijas brillantes que ofrece– o así pensaban muchos.  Pero el liderazgo chino ve la apertura de otra manera, utilizando espionaje industrial y simple copia, comienza a producir sus propis clones de los productos occidentales e impone barreras formidables a la penetración del mercado chino por las empresas occidentales. Al mismo tiempo conduce un gran programa de capacitación técnica y administrativa, becando a decenas si no cientos de miles de jóvenes leales a estudiar en las mejores universidades de occidente. Todos estos factores que permiten el despegue económico chino son irrepetibles en cualquier otro país que pretenda emularlo, comenzando por el tamaño del mercado interno, salvo India, que no parece tener planes hegemónicos mundiales, y también ha logrado un cierto despegue económico bajo una forma de democracia perfectible. El engaño de la ilusión del modelo chino que vende ese país, es tentador para países pobres y con liderazgo autocrático, puesto que ven su posibilidad de mantener el poder, pero despegar económicamente. Eso es una ilusión; el caso de China es único, su despegue se inicia al aceptar las ideas de desarrollo y economía occidentales, y su autoengaño acerca del bienestar producido por la economía dirigida y la sociedad estratificada comienza a derrumbarse. Las ciudades fantasmas, despobladas y en desuso son apenas un signo evidente y superficial de la enorme corrupción e ineficiencias generadas por “el modelo chino”. Los vaivenes de su mercado de valores manipulado han destruido fortunas. La supercomputadora del mercado libre es imposible de controlar de manera eficiente y la mano invisible castigará esas ineficiencias. A largo plazo (y recordemos lo que el corto plazo es para los chinos) su modelo económico no es sostenible. La planificación central, el monopolio estatal, y el adoctrinamiento de la población a favor de un modelo de castas determinadas por la lealtad al partido (La India tiene un problema similar) no es sostenible.

¿Qué piensa sobre la aplicación de esas políticas inicialmente autocráticas – en conjunto – a los países latinoamericanos y específicamente a la Venezuela post-chavismo? ¿Sería posible, seria cultural, ética de trabajo, caudillismo, religión?

Nuevamente, reitero, el modelo chino es malentendido, y esa mala interpretación es generada por la misma China mediante propaganda que hace pensar que es un modelo alterno al modelo de libre mercado y democracia.  Muchas naciones, con la excepción casi explicable (pero no es el momento) de los EE.UU., tienen su origen como nación-estado con un régimen autocrático estableciendo el monopolio de la violencia dentro de sus territorios. En el caso venezolano, Juan Vicente Gómez es el que unifica a Venezuela como estado-nación. Esa es una etapa superada, pero es posible que en un escenario post-chavista sea necesario nuevamente unificar el país mediate ciertas tácticas generalmente indeseables, violentas y cuasi autocráticas. Existen otros escenarios de reconciliación que no nos regresan a los tiempos de la Lucha Armada, mucho menos a los inicios el S. XX y Gómez. Recuperar el monopolio de la violencia puede lograrse bajo un régimen democrático, sin necesidad de tácticas autocráticas exageradas. Podemos ver el ejemplo de Polonia o África del Sur y. posiblemente, veremos algo que aprender en la Siria post-Assad. Ciertamente espero que haya lecciones aprendidas del fracaso de la no-reconciliación en el caso del Irak post-Saddam.

No me gusta especialmente citar o recordar a Bolívar, por su asociación a la excesiva e hipócrita referencia que tantos hacen de él, pero él lo tenía claro: la creación de republicas aéreas que no contemplen la realidad cultural, la ética de trabajo, la fascinación con el caudillismo, y la relación con la religión de los habitantes de nuestro país, está condenada al fracaso. No hay modelo chino, o estadounidense o europeo que valga. El modelo que debemos seguir es el modelo venezolano, y este todavía está por cuajar. Es un modelo con sus raíces en los cuarenta años de democracia perfectible que vivimos, los años que nos demostraron el verdadero potencial de Venezuela.

Espero que haya logrado responder de alguna manera las inquietudes generadas por la entrevista y que amablemente me hiciste.

Un gran saludo,

CJR

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Carlos J. Rangel
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domingo, 11 de agosto de 2024

LA LUZ DE LA LIBERTAD

En las primeras semanas de enero de 1958 mi tío fue detenido por la Seguridad Nacional, la policía política del régimen de Marcos Pérez Jiménez.  El primero de enero de ese año había ocurrido un fallido intento de golpe por un grupo de militares con simpatías comunistas (era la época de la Guerra Fría), encabezado por el Coronel Hugo Trejo.

En los sótanos del palacio presidencial de Miraflores, mi tío me relató que hizo amistad con gran cantidad de futuros dirigentes de la democracia venezolana, los cuales habían sido recogidos como parte de la represión iniciada tras ese intento de golpe, y como respuesta del régimen ante la creciente inestabilidad política. La oposición civil clandestina organizó en esos días, mediante volantes impresos en mimeógrafos clandestinos y pintas en la calle, una huelga general y otras movilizaciones que el régimen trató inútilmente de reprimir. La caída ocurre cuando en la Escuela Militar los cadetes se organizan en contra del régimen, el tirano ordena al ejército disparar contra los cadetes, y los comandantes del ejército desobedecen la orden.

El 23 de enero de 1958 amanece Venezuela sin dictador. Las puertas de las mazamorras se abren, y mi tío ve el sol brillar nuevamente.[1] Lo que la oposición civil y la disidencia militar no habían podido lograr por su cuenta, derrocar al régimen, se logró cuando ambos se unieron con el fin de derrocar una tiranía corrupta y autoritaria cuyos líderes ponían sus intereses propios por encima de los intereses de la nación, iniciándose así la era del experimento democrático de Venezuela que duró cuarenta años.

Debido a que a ese régimen no le interesaba realmente la nación venezolana, la falta de una transición ordenada resultó temporalmente en violencia callejera y anarquía, con la consecuente sangre derramada, en su mayoría de adeptos al régimen que no pudieron embarcarse clandestinamente a un exilio dorado.

El régimen que actualmente azota las libertades y los derechos de los venezolanos ha emprendido una ola de represión y encarcelamiento arbitrario que supone es una demostración de fuerza, cuando lo que demuestra es su debilidad. Supone, que al igual que en Cuba suponen sus líderes, lo que hace falta es unos cuantos perros ladrando para conducir un gran rebaño de ovejas. Subestima el régimen la capacidad de una nación que canta y entiende la letra de su himno nacional, cantando vigorosamente estrofas como “abajo cadenas” y “el pobre en su choza, libertad pidió” al igual que la temporalidad del “vil egoísmo”. Subestima el régimen a una nación que prende una vela, enciende una luz, que no apagará hasta que la libertad regrese para todos los prisioneros políticos.

La tragedia venezolana bajo la satrapía actual toca de manera personal a cada uno de nuestros ciudadanos, algunos más de cerca que a otros, y algunos más trágicamente que a otros, aunque ninguna tragedia personal es pequeña. Recientemente una persona con la que he interactuado frecuentemente durante los últimos cinco años o más, y le tengo afecto hasta paternal, fue apresada de manera escalofriante e injustificable por esbirros del régimen. Hasta hoy está desaparecida. Sus logros en la lucha por la libertad han sido crecientes durante ese periodo en que la he conocido, y es una joven que, para mí, representa el futuro posible de Venezuela, con amor de patria (y del beisbol). No quiero minimizar de ninguna manera la importancia de cualquier otro preso político, desde Rocío San Miguel hasta Freddy Superlano, Dignora Hernández y Henry Alviarez, o los recogidos por demostrar su patriotismo en cualquier marcha estas semanas. No quiero minimizar la tragedia personal que representa estar asilados y asediados en la embajada de Argentina, con incertidumbre diaria acerca de las intenciones del régimen; de ninguna manera quiero que se olviden a los más de 20.000 caídos por violencia del régimen, desde Bassil Da Costa, y tantos otros más derramando sangre en el asfalto de protestas cívicas, incluyendo un primo de mi esposa, hasta los asesinados por las PLO como venganza hamponil y consolidación del poder de pranes aliados al régimen. Para mí, sin embargo, la detención de María Oropeza es casi como que me hubiesen secuestrado a mi hija. Enciendo mi vela de libertad por ella y, con ella, por todos los otros detenidos arbitrariamente y sin debido proceso bajo leyes apegadas a derechos civiles y humanos básicos bajo cualquier definición de sociedad civilizada.


#PrendeUnaLuz #EnciendeUnaVela

VIDEO DE MARIA OROPEZA ENTREVISTANDO A CARLOS J. RANGEL




[1] La ola de detenciones políticas y arbitrarias desatada fue contraproducente para la estabilidad y resaltó la profunda ilegitimidad del régimen ante sus mismos partidarios. Mi tío no era activista político ni tenía afiliación partidista, era un comerciante que había sido arrestado al visitar como amigo de la familia a la esposa de un detenido político y militante copeyano que acababa de dar luz a un bebé. Esta anécdota la detallo en la primera sección de mi libro La Venezuela imposible.


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domingo, 4 de agosto de 2024

EL LEGADO

La elección del 28 de julio del 2024 eliminó toda posibilidad de credibilidad democrática del PSUV. Cualquier miembro del partido que pensaba que podía coexistir con la facción elitista del partido y con la oposición democrática para propagar los ideales sociales de Chávez dentro de un sistema pluralista, debe reconocer en este momento que esa posibilidad es nula. Maduro es un dictador sanguinario que hará todo lo que considere necesario para mantenerse en el poder, desde un descarado y obvio fraude electoral y la detención arbitraria de oponentes y sus seguidores, hasta el uso de mercenarios armados para la represión asesina de la protesta cívica. Ya no es solamente que “el mal chavista” está en el poder, cosa que pudiera solucionarse dentro de un sistema democrático, sino que “el verdadero chavista” se aferra al poder, demostrando la estirpe original de Hugo Chávez como el antidemócrata primigenio, conspirando contra la democracia venezolana desde 1983 bajo el Samán de Güere. Este verdadero legado de Hugo Chávez destruye cualquier capacidad que la elite del PSUV pueda tener convivencia en un sistema democrático. Todo defensor de la constitución y la democracia observando las acciones de Maduro desde ese domingo, sabe lo que esta sucediendo: la usurpación del poder por un autócrata que ignora descaradamente la soberanía popular. El legado actual de Maduro es la destrucción del PSUV como participante creíble en un sistema democrático, la destrucción del partido como tal. Cualquier miembro del partido con anhelo de convivencia democrática saldrá del mismo, "por las buenas o por las malas" por no tener futuro en el mismo.

La campaña de la oposición contra el gobierno ideada hace alrededor de dos años tuvo un objetivo claro: la unificación y reconciliación del país. Este objetivo busca aliviar el gran malestar de fondo que cansa y mantiene al país en una depresión emocional (y debilidad económica) desde hace 10 años al menos, y originado por las prácticas implementadas por el chavismo durante los 12 años anteriores. Este objetivo de campaña se instrumenta en la unificación de la oposición y el mensaje de reunificación familiar, que incluye reunificar a los que se fueron a buscar fortuna a otras tierras con su familia que se quedó, y reunificar a los que fueron separados por la guerra psicológica civil divisionista del chavismo, enfrentando hermano contra hermano, padres contra hijos, y vecino contra vecino en su misma patria.  Esta reunificación y reconciliación busca hacer al país en uno fuerte y unido contra aquellos que pretenden dividirlo y expoliarlo para su propio provecho mediante execrable corrupción adminstrativa o condenable corrupción criminal. Se dice fácil, pero tiene práctica difícil: en la unión está la fuerza. Es mucho más fácil dividir y destruir -la táctica del PSUV para lograr y mantenerse en el poder- que unir y construir, el mensaje de la oposición liderada por Maria Corina Machado.

La farsa democrática del régimen se basa sobre un fraude electoral que cree que dará legitimidad a su pretensión de mantenerse en el poder. El régimen pretende crear una ilusión de democracia mediante unos resultados evidentemente fraudulentos, y proclama a cuatro vientos que celebrar elecciones demuestra que son demócratas. Pero al igual que su pretensión de legitimidad democrática por el voto nos demuestra su irrespeto a la soberanía popular, sus acciones contra los otros factores que conforman la democracia revelan su talante antidemocrático: la represión de la voz de protesta pacífica, el irrespeto a la ley por igual para todos, y la carencia del debido proceso, incluso contraviniendo acuerdos internacionales suscritos.  La falta de libertad de asamblea, libertad de expresión, igualdad ante la ley y apego a la misma son evidente señal de régimen autoritario. En esto, Maduro ha demostrado ser peor que Pinochet, y fiel seguidor de los sanguinarios autócratas que usurparon la revolución cubana.

La destrucción de la credibilidad democrática del PSUV recae directamente sobre el triunvirato de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez.  Cada uno tiene sus razones propias para aferrarse al poder, pero su complicidad antidemocrática y anticonstitucional es común. Los defensores de la democracia y los defensores de la constitución tienen ahora un objetivo común: la verdadera restauración de la democracia y la reconstrucción del país apegados a las leyes y las normas que harán a este un país unido y fuerte. Los gruñidos, coletazos y zarpazos de bestia acorralada son peligrosos y poderosos, pero la verdad, la voluntad y la persistencia de la ciudadanía venezolana prevalecerá sin duda. La oposición alzó su voz y voluntad fuerte contra el régimen, muchos individuos, instituciones y naciones la acompañarán para y hasta derrocar la satrapía y regresar a la verdadera paz y prosperidad que el país merece y anhela, rechazando el legado antidemocrático de la empresa Hugo Chávez Frías & Sucesores.

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DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 2): LA RECONCILIACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN

 (Se dice fácil, pero...) En mi segunda entrega de los temas sobre el tapete en Venezuela abordo el espinoso dilema de la reconciliación y r...