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sábado, 27 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 2): LA RECONCILIACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN

 (Se dice fácil, pero...)

En mi segunda entrega de los temas sobre el tapete en Venezuela abordo el espinoso dilema de la reconciliación y reunificación, un tema de discusión necesaria. En paráfrasis de Anne Applebaum, el cambio de regímenes autoritarios, históricamente, es lento al principio pero repentino al final. Nos estamos acercando al principio del final del régimen criminal que pretende regir los destinos de Venezuela. Las señales están a la vista, las piezas colocadas. Los participantes están en la encrucijada de determinar como será el resto de sus vidas. ¿Serán amigos del tirano, o participarán en el gran proyecto de una nueva Venezuela? ¿Cómo se une a todos los venezolanos en este gran proyecto?

LOS AMIGOS DEL TIRANO

En estos días reportaron la vida cómoda de la familia Assad en Rusia y Dubái en el New York Times. Con las anécdotas que relataban describían la vida lujosa y protegida que vive Bashar Al-Assad en hoteles y apartamentos de lujo, fabulosos restaurantes y clubes, y fastuosas villas en enclaves residenciales exclusivos. Siria sigue en un difícil proceso de reconstrucción, con violencia, muerte y prisioneros. No es fácil reconstruir un país despojado por tiranos que utilizaron las instituciones del estado para reprimirlo y utilizaron el territorio para facilitar la fabricación y distribución de drogas estupefacientes por toda la región.

Entre los fugados con Assad se encontraba su leal escolta, que le cargaba las maletas y siempre se mantenía a su lado. La noche de la fuga, esta persona fue notificada que se iban, que se montara en el carro de inmediato. Con tanta leal disciplina siguió las órdenes del déspota que no tuvo ni tiempo de buscar su pasaporte y recoger algo de efectivo. Al llegar a Moscú, en vez de instalarse junto con Assad en la gran y amplia Suite donde se instaló el dictador, éste le dijo que se acomodara en otra habitación del lujoso hotel junto con otros escoltas. La sorpresa fue a los pocos días cuando el hotel les presentó la cuenta astronómica. El escolta llamó a Assad para aclarar el asunto, pero nunca llegó a comunicarse con el dictador nuevamente. Assad ni recogió ni devolvió las llamadas.

Hace más de 2.500 años Esquilo dijo: “es una enfermedad que llega con toda tiranía, la de no confiar en amigos”. Aquel que piense ser amigo del tirano debería reflexionar sobre lo dicho por ese griego. Los que confían en el tirano quedarán varados en Moscú sin pasaporte ni dinero. Pero no es únicamente el tirano que desconfía, es toda la sociedad mutuamente. Toda tiranía quiebra sociedades.

Una persona que utiliza el poder para provecho propio sin contemplaciones éticas es como el alacrán en el cuento de la rana y el río. Es su naturaleza, su instinto natural aguijonear a la rana, aun cuando significa que los dos morirán. Aun contra sus mejores intereses, el comportamiento de Assad no refleja ni conciencia, ni arrepentimiento, ni conductas que lo identifiquen como estadista, solo como criminal. Por eso se vio obligado a salir a medianoche del país que había destruido, Siria, que para una persona como él no era su patria, no era una nación llena de compatriotas; era una fabrica de dinero y lujos para él y sus cómplices. Ahora disfruta de lujos tras altas cercas, rodeado de guardaespaldas, borrando cualquier posible indicador de su paradero y recorriendo calles en limusinas, tal vez blindadas para no correr la suerte de Anastasio Somoza, creyéndose en un país seguro.

Hay personas que tienen que dejar el poder en Venezuela. Estás personas pueden facilitar la transición o verse obligados a aceptar que les llegó la transición. Pueden ser parte de la transición  o verse obligados a vivir en las sombras y tras vidrios blindados; los que puedan. Porque llegó la hora de reconstruir a Venezuela;  porque traicionar al régimen no es traicionar a Venezuela, todo lo contrario. 

UNA TRANSICIÓN QUE NO ES SOLO POLÍTICA

A pesar de que Venezuela no es Siria, con facciones étnicas, religiosas y territoriales, el país igualmente no solo enfrenta el desafío de sustituir un régimen, sino al de recomponer una comunidad cívica profundamente dañada por décadas de polarización, miedo, mentira institucionalizada, exilio masivo y complicidad forzada. Por ello, cualquier transición auténtica debe concebirse como un proceso simultáneamente político, moral y social. Sin esta comprensión amplia, la democracia que emerja será frágil, reversible y vulnerable a nuevas formas de autoritarismo.

Toda transición desde una autocracia hacia una democracia suele presentarse como un problema de ingeniería política: elecciones, cronogramas, reformas constitucionales, pactos de élites. Sin embargo, la experiencia comparada —y de manera particularmente aguda en el caso venezolano— demuestra que una transición fallida rara vez fracasa por errores técnicos. Fracasa porque no logra reconstruir el tejido moral, social e incluso mitológico que una autocracia destruye de manera sistemática.

Un punto central para comprender la complejidad de la transición venezolana es distinguir entre el rol de la ideología en democracia y su función en un régimen autoritario. En una democracia pluralista, incluso las ideas equivocadas cumplen una función: se someten al escrutinio público, se refutan, se corrigen o se descartan mediante mecanismos institucionales.

En un régimen autoritario, en cambio, la ideología deja de ser una propuesta debatible y se convierte en dogma. No se corrigen errores, se impone el dogma; no hay debate, se silencian las voces; no se persuade, se castiga al disidente. El daño no proviene solo de la idea, sino del poder que la respalda. Esta distinción es crucial para abordar responsabilidades sin caer en simplificaciones morales ni en absoluciones indiscriminadas.

En el 2017 publiqué un libro titulado “La Venezuela imposible” en donde incluyo un ensayo inspirado por la carta de acusación de Jorge Giordani al gobierno de Nicolás Maduro con motivo de su salida forzada de sus cargos. Esta carta expone las razones de Giordani y es un caricaturesco J’accuse enfocado sobre la ruina económica del país y la culpabilidad del régimen. Por todo lo que sé y he podido averiguar de Giordani, él parece ser un profesor universitario honesto, dedicado y creyente en sus ideas, principalmente la idea de que el estado puede ser el factor clave para mejorar la sociedad mediante el control y ejercicio del poder económico de un país.

El caso de los ideólogos del chavismo —y en forma paradigmática el de Jorge Giordani— ilustra la capacidad humana de autoengaño. Jorge Giordani ni es redentor económico del chavismo ni es chivo expiatorio en la transición; es el ejemplo del ideólogo que, al operar desde un régimen autoritario, transforma el error intelectual en daño histórico profundo. Mencionamos a Giordani, pero todo régimen autoritario los ha tenido. Leon Trotsky, Joseph Goebbels, Jaime Guzmán o Giovanni Gentile estaban íntimamente comprometidos como ideólogos de sus regímenes totalitarios. Su caída en desgracia histórica (o no) no los exime de su responsabilidad.

Ideólogos como Jorge Giordani, en un marco democrático pluralista, aportan al debate de ideas; pero insertos en un marco autoritario hacen daños profundos a un país. Los resultados prácticos de esa idea los vimos en Venezuela. Reconocer el fracaso de un proyecto no es solo un ejercicio intelectual; implica aceptar que una vida entera, una identidad y una vocación estuvieron construidas sobre un error conceptual profundo. A pesar de su sinceridad, convicción y probables buenas intenciones el “cerebro económico” de Chávez empedró el camino a la ruina.

RECONCILIAR NO ES OLVIDAR

Comprender el autoengaño de estos ideólogos o sus adeptos no equivale a absolver el daño causado. La tragedia personal del líder ideológico no borra las consecuencias colectivas de sus decisiones cuando estas se implementaron desde el poder con autoritarismo dogmático. De aquí surge una reflexión clave para la transición: la empatía es compatible con la responsabilidad histórica. La reconciliación democrática no consiste en borrar culpas sino en identificarlas y reconocerlas, sin convertirlas en instrumentos de venganza. Existe la justicia para los criminales, existe la historia para los equivocados.

Una democracia funcional no exige uniformidad ideológica ni consenso moral permanente. La vitalidad de una democracia surge del pluralismo, de la competencia abierta de ideas y de lo que podría llamarse un caos creativo permanente enfrentando el cambio constante de su contexto tecnológico y social; el debate, error, corrección y aprendizaje continuo. Ese desorden, incómodo, ruidoso e imperfecto, es precisamente el precio de la libertad y la condición de la cual emerge el progreso. Una voz como la de Giordani en democracia es valiosa. Su voz como dogma es peligrosa.

Aceptar este caos creativo es esencial para una transición democrática. Implica reconocer que la democracia no promete certezas absolutas ni resultados inmediatos, sino un marco institucional donde los conflictos se procesan sin violencia y donde ninguna visión del mundo puede apropiarse del Estado. Reconciliar a una sociedad polarizada comienza, paradójicamente, por aceptar que el desacuerdo es legítimo y necesario.

Las fracturas y heridas sociales creadas por años de represión autocrática son profundas y difíciles de sanar. Uno de los mayores riesgos de toda transición es confundir justicia con venganza o, en el extremo opuesto, reconciliación con olvido. Ninguno de los dos extremos produce estabilidad democrática. La justicia transicional debe operar en un espacio intermedio, donde se combinen verdad, responsabilidad individual, indemnizaciones y garantías de no repetición.

Esto implica reconocer agravios, escuchar a las víctimas y diferenciar grados de responsabilidad, sin caer en persecuciones colectivas ni en amnistías morales implícitas. La democracia no puede fundarse sobre la humillación de unos ni sobre la negación del sufrimiento de otros. La justicia, entendida correctamente, es un mecanismo de estabilización democrática, no un obstáculo para ella.

LA NUEVA VENEZUELA VA MÁS ALLÁ DE SUS FRONTERAS

La transición venezolana enfrenta un desafío adicional que suele quedar relegado en los debates institucionales: la reunificación de una nación dispersa. Millones de venezolanos viven hoy fuera del país, separados de sus familias, de su vida cívica y de su horizonte vital. Esta fractura no es solo demográfica; es emocional, cultural y política.

La nación venezolana dispersa puede convertirse en un gran activo para la reconstrucción del país. Hay quienes anhelan regresar para retomar su vida, hay quienes han hecho vida fuera y quieren fortalecer sus lazos con la tierra que les vio nacer, hay quienes quieren conocer a Venezuela, la de sus padres y abuelos. Esa energía humana impulsa el futuro de Venezuela a nivel global. Trabajando juntamente con los millones de venezolanos haciendo país, la nación en exilio quiere ser parte del futuro de Venezuela.

Desde el sufrimiento del paso por cordilleras andinas y el Darién hasta vivir el rechazo xenofóbico, desde el Cono Sur hasta los EE.UU., Europa y otras tierras distantes, las experiencias vividas, y el esfuerzo trabajador de los venezolanos demuestran su coraje, capacidad de adaptación y espíritu emprendedor. La historia y las experiencias de cada uno son distintas, todas transformadoras, pero el denominador común son las raíces. Su energía es una energía sembrada ahora en el gentilicio, tal y como lo fue con los irlandeses, los italianos, los portugueses, los libaneses y los judíos en el pasado. Un activo sembrado alrededor del mundo que será parte del futuro de Venezuela. La reunificación debe integrar explícitamente al exilio como parte constitutiva del proyecto nacional. Sin este proceso, la transición quedará incompleta.

EN BÚSQUEDA DE UNA SOCIEDAD PERDIDA

Una transición democrática sostenible requiere traducir estos principios en políticas concretas. En términos prácticos, esto supone: establecer mecanismos creíbles de justicia transicional centrados en verdad y responsabilidad individual; garantizar una fuerte estructura institucional independiente para procesar conflictos políticos; promover políticas activas de integración del exilio; y diseñar narrativas públicas que legitimen el pluralismo y el desacuerdo democrático.

La democracia no promete absolución ni redención moral. Promete algo más modesto y más exigente: convivencia en libertad bajo reglas compartidas. La historia juzgará a los responsables del desastre, pero el futuro dependerá de la capacidad colectiva de construir instituciones que contengan el poder, procesen el conflicto y hagan posible la reconciliación sin sacrificar la justicia.

En la época festiva decembrina, durante la cual escribo esto, se nos vienen recuerdos que surgen de esos aromas familiares asociados con las festividades. Esos buenos recuerdos que reconfortan el alma y el corazón los asociamos con momentos de felicidad y unión en nuestro hogar acompañados por nuestros queridos y cercanos. También nos hace pensar en lo que hemos perdido y nuestra situación presente. Para el país, la situación presente no es una de paz y prosperidad con democracia y libertad. Sin embargo, esa situación tiene visos de pronto cambio. No para rescatar aquel pasado, del cual recordamos solo lo bueno, sino para hacer una nueva Venezuela unida con visión positiva de futuro.


Dos temas sobre el tapete (parte 1): La escalada de tensiones entre los EE.UU. y Venezuela

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Carlos J. Rangel

twitter: @CarlosJRangel1
threads: cjrangel712

Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024)

Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)


lunes, 15 de septiembre de 2025

BUROCRACIA: LA ECONOMÍA FORMAL, INFORMAL Y LA CORRUPCIÓN

El viernes 12 de septiembre fui invitado a la presentación del “Índice de Burocracia 2025” para 21 países en América Latina y Europa. Es un gran proyecto, liderado por la Dra. Sary Levy en el AdamSmith Center for Economic Freedom (Florida International University - FIU), que con este ejemplar publica su quinto informe anual con la recopilación, análisis y publicación de datos referidos a las dificultades o no de abrir y operar empresas en los países estudiados. El acto de presentación incluyó la participación de Carlos Díaz-Rosillo, director del Centro, el expresidente de México, Felipe Calderón, la candidata a la presidencia de Colombia, Vicky Dávila, y representantes de varios de los centros de investigación localizados en algunos de los países incluidos en el estudio, incluyendo a los doctores Wagner Lenhart del Instituto Millenium (presentando resultados para Brasil), Luis Loria del Ideas Labs (Costa Rica), Sigfrido Lee del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales (Guatemala y El Salvador), e Iyana John del Institute of International Relations at WIU (Trinidad y Tobago)

El Índice de burocracia utiliza como métrica base el número de horas necesarias para cumplir con los trámites y requisitos tanto para abrir como para operar empresas en cada país estudiado. De esta manera el equipo de investigadores afiliados al proyecto y asociados a una veintena de centros de investigación locales determinan una cifra comparable entre cada país con alto grado de objetividad, representativa de la complejidad de cumplir con los requisitos legales para abrir y operar empresas y negocios de país a país; es decir, una medición comparativa de cada burocracia nacional. Cuantificado este dato para todos los países entre sí, se determina el costo de oportunidad que implica cumplir con dichos trámites. Para el año estudiado y publicado en el informe, el análisis coloca este costo en $110,5 mil millones para el conjunto de 21 países, cerca del 13% de su PIB, pero con amplias variaciones de país a país.

La hipótesis de un análisis como este es que el costo de la burocracia impacta de manera negativa el desenvolvimiento de la economía. Sin embargo, todos los presentadores asentaron su acuerdo de que los gobiernos tienen la obligación de establecer normas operativas que de alguna manera mantengan el orden de la economía y una función esencial del gobierno: el imperio de la ley. Es la opinión expresada por los presentadores que hace falta encontrar el equilibrio justo y suficiente entre la burocracia necesaria y la burocracia excesiva que permita el mejor desarrollo económico.


INTERVENCIONES

En la primera intervención, por el expresidente mexicano Felipe Calderón entrevistado por el director del Centro, Carlos Díaz-Rosillo, Calderón afirmó que en su experiencia y propios estudios consideraba que el factor que impacta más directa y favorablemente el desarrollo económico es el estado de derecho institucional. En paráfrasis, dijo “si caminando por la playa me encontrase con una lámpara, la frotase y saliera un genio para concederme tres deseos para mejorar mi país, le pediría, un sólido estado de derecho, un buen sistema de salud y un buen sistema de educación.  Si me concediera uno solo, seria el estado de derecho”.  Los otros dos deseos, por supuesto, se centran en fallas de mercado que cuando son subsanadas mejoran la productividad del país, pero sin el imperio de la ley la capacidad de planificar y operar en un ambiente sin arbitrariedad es imposible, elevando la incertidumbre y riesgo, e impactando la productividad y la competitividad.

Si los gobiernos establecen leyes, reglamentos y decretos para regular la actividad económica, eso implica que, por su propia naturaleza, es altamente probable que la reglamentación burocrática crezca de manera orgánica en el tiempo. El presidente Calderón no dijo esto de manera explícita, pero utilizó la imagen de los anillos de corteza de un árbol, cada anillo representando una nueva administración. La hipótesis del crecimiento orgánico y natural de la burocracia es una que con los reportes anuales del índice de burocracia pudiese evaluarse, debido a que ya existen cinco a seis años de información recabada en diversos países bajo diversos enfoques administrativos. Casos como Colombia, Brasil y Argentina serían especialmente interesantes en este análisis, por haber tenido recientes vuelcos en las ideologías imperantes de sus administraciones ejecutivas.

Tanto Díaz-Rosillo como Calderón hicieron hincapié en la necesidad de voluntad directa de combatir la burocracia legada – los anillos anteriores. Díaz-Rosillo compartió su experiencia durante la administración de George W. Bush, que tenía como directriz que para cada reglamento propuesto se eliminaran dos reglamentos existentes. Calderón, a su vez, relató el uso del modelo “valija del portaequipaje” solicitando a todos sus miembros del poder ejecutivo recopilar las ordenanzas y reglamentos que consideraban imprescindibles para poder ejercer sus funciones (“viajar”) y presentarlas en una reunión el 30 de octubre, a los pocos meses de su elección. Bajo este método eliminaron 14.000 ordenanzas y reglamentos a nivel federal que, a fin de cuentas, nadie sabía por qué existían o su propósito. El presidente presentó una lámina en la que decía que el tiempo necesario para iniciar una empresa disminuyó de alrededor de 59 días a unos 9 días durante su gestión.

Bajo la premisa de la necesidad de contrarrestar de manera activa el crecimiento orgánico y natural de la burocracia, es interesante notar la intervención de Sigfrido Lee, del Centro de Investigaciones Económicas Nacionales, donde recabaron los datos de Guatemala y el Salvador para este informe.  En su intervención puntualiza la disminución de los tiempos de apertura y operación de empresas en Guatemala tras iniciativas directas desde el ejecutivo, disminuyendo trámites, centralizando operaciones y creando plataformas digitales de interacción entre usuarios y agencias del estado. Al cambiar el ejecutivo, se mantuvieron los logros en disminución de horas dedicadas a cumplir requisitos burocráticos, pero no se mantuvo la tendencia decreciente. En contraste, El Salvador ha mantenido iniciativas similares que lo han llevado de índices de burocracia mayores que Guatemala a igualarlos y ahora ser mucho menores. La persistencia en las iniciativas de desburocratizar la intervención del estado en la actividad empresarial es crucial para su éxito continuado, según estos presentadores— para evitar un nuevo anillo en la corteza.   

USO DE LOS ÍNDICES

Para efectos comparativos con los los informes del Índice de burocracia de años anteriores debe tomarse en cuenta que el universo de empresas analizadas en el informe 2025 es distinto al de los años previos, puesto que el Índicede burocracia 2024 y anteriores se enfocan sobre pequeñas empresas, mientras que el informe del 2025 se enfoca sobre la mediana empresa. Dos supuestos pueden servir de base para los efectos comparativos, supuestos que deben ser verificados con datos empíricos:

  • Los índices de burocracia son naturalmente mayores en medianas empresas que en pequeñas empresas; El número de empleados, el volumen de operaciones y la naturaleza de las mismas probablemente requiere de mayor administración de cumplimiento, supervisión y licencias que en pequeñas empresas.
  • A pesar de anticipar un mayor índice de burocracia en la mediana empresa, el salto cuantitativo puede indicar tendencias generales en el impacto de la burocracia sobre todo tipo de empresas.

En interesante intervención, la candidata a la presidencia de Colombia Vicky Dávila habló de la posición comparativa de Colombia en los índices de apertura y operación para argumentar a favor de su posible gestión de gobierno. Con su país ubicado como el 6º de 21 con mayor numero de horas necesarias para la apertura, y 2º en carga de horas operativas, la candidata Dávila fustigó al gobierno actual encabezado por Gustavo Petro y prometió implementar políticas de desburocratización. No se equivoca la Sra. Dávila en imputar responsabilidad a la gestión del gobierno actual, si se comparan los índices de burocracia en el informe 2025 con el informe 2024. El índice de burocracia para apertura de empresas en Colombia pasó de 1.952 horas en el informe 2024 a 2.475 horas en el informe 2025. El índice de burocracia en operaciones pasó de 2.620 horas en el informe 2024 a 5.237 horas en el informe 2025. La tendencia es significativa, aun si se cuestionasen métodos de métrica y cuantificación o se hubiesen cambiado metodologías de recabacion de información, lo cual no se indica en ninguna parte de los informes, y aun tomando en cuenta las salvedades mencionadas anteriormente.

La Sra. Dávila, ofreció como evidencia de la burocratización excesiva una lista retórica de trámites necesarios para la apertura de una empresa, medidas que cualquier empresario consideraría necesarias, tales como el registro del nombre de la empresa, o su inscripción en el sistema de registro fiscal. Dicha lista no parece ser un verdadero plan.

El expresidente Calderón, por ejemplo, relató que para registrar el nombre de una empresa local en México antes de su gestión había que hacerlo ante la Secretaría de Relaciones Exteriores. Esta anécdota la usó para describir el tipo de legado burocrático absurdo que entorpece la apertura y operación de empresas, y que es necesario destapar y limpiar. La centralización digitalizada de gestiones interdepartamentales en una sola plataforma tanto en México, como en Brasil, Guatemala y El Salvador se presentaron como herramientas de desburocratización que adicionalmente disminuyen oportunidades de corrupción al disminuir arbitrariedad potencial en las interacciones burocráticas por parte de funcionarios con capacidad de entorpecer los trámites. 

Bajo este aparte, es importante hacer notar que el Dr. Lee (Guatemala/El Salvador) advirtió la necesidad de hacer lo que llama “transformación digital”. Es decir, no automatizar el legado burocrático, sino aprovechar la digitalización para reestructurar y simplificar los procesos burocráticos. En una variante de la “valija del portaequipaje” de Calderón, se analiza la burocracia existente para digitalizar lo estrictamente necesario y funcional. La Dra. Levy también aclaró que las dificultades de infraestructura y penetración digital en algunas localidades pueden limitar la efectividad de dicha transformación digital.

Al parecer Argentina está haciendo esfuerzos para desburocratizar la intervención estatal en la apertura y operación de empresas; o por lo menos así lo dice su gobierno, pero esto todavía no se refleja en los índices de burocracia (Apertura 2024, 2.513 horas / Apertura 2025, 4.495 horas – Operación 2024, 822 horas / Operación 2025, 2.156 horas). Sin confirmar metodologías para el recabado, cuantificación y uso de los datos -y tomando en cuenta las salvedades mencionadas anteriormente acerca de la muestra de empresas- al igual que en el caso de Colombia, no se puede afirmar categóricamente y de manera absoluta que la Argentina de este año es el doble o más burocrática que la del año pasado, pero la tendencia es indiscutible.

Destapar y limpiar del legado burocrático los elementos entorpecedores (y que frecuentemente han sido fuente de corrupción) es un verdadero plan. Establecer un mecanismo autosustentable enfocado en la desburocratización es un verdadero plan.


REFLEXIONES

Sin lugar a duda, la burocracia excesiva tiene impacto sobre la creación y operación de empresas en cualquier economía. Adicionalmente, todo legado burocrático excesivo puede engendrar oportunidades de corrupción habituales, con su consecuente socavar de la autoridad legítima del estado (el cínico “todos son corruptos”). Determinar hasta qué punto es necesaria la burocracia para estimular la competencia, la creatividad y proteger los intereses de los emprendedores es la cuestión fundamental.

La burocracia es parte del estado de derecho. El registro de marcas, por ejemplo, es necesario para evitar duplicación de productos y servicios con el mismo nombre en detrimento del consumidor, y para la protección del emprendedor original de dicha marca.  La simplificación de los elementos necesarios para emprender y para operar un negocio lo mide la métrica de horas que utiliza el índice. El índice no supone que nunca existirá burocracia, solo cuantifica su existencia e impacto sobre las empresas.

Entre los postulados de estos estudios se encuentra uno de los más importantes que debe utilizarse como punto de partida para determinar el éxito o no de medidas de desburocratización: el impacto sobre el sector informal de la economía de los países estudiados.

La persistencia y crecimiento del sector informal puede reflejar las consecuencias de una burocratización asfixiante, o percibida como tal, en los potenciales emprendedores que utilizan sus energías para hacer de este sector un gran motor económico en la región de los países latinoamericanos estudiados. El hecho de que este sea un sector activo, dinámico y que permite la supervivencia de una gran mayoría de la población establece la necesidad de crear mecanismos para canalizar esas energías productivas para mejorar las economías de estos países. El presidente Calderón habló brevemente de un programa dirigido a este sector que, según dice, fue exitoso parcialmente. Calderón, caracterizó al sector como vulnerable ante la actividad más difundida del crimen organizado, la extorsión, y su susceptibilidad a abusos de corrupción por autoridades locales. Estas autoridades frecuentemente, resisten esfuerzos de desburocratización por las autoridades centrales del país y representan un nivel de carga financiera y arbitrariedad que impacta negativamente el espíritu emprendedor del sector informal. La asociación entre el crimen organizado y la corrupción está implícita en los argumentos del expresidente.

El Dr. Wagner Lenhart del Instituto Millenium (Brasil), en su intervención y comentarios posteriores, comentó acerca de la renuencia de participantes en este sector a formalizarse debido que implica cargas fiscales. El Dr. Lenhart expuso que actualmente en Brasil hay iniciativas parlamentarias en curso para modificar los esquemas tributarios – supondremos para simplificarlos – que buscan incentivar al sector informal a hacer la transición hacia el sector formal. Es de hacer notar que Brasil desde hace un tiempo ha sido pionero (junto con La India) en la micro financiación, ayudando efectivamente a incentivar esa transición. En Venezuela ha habido esfuerzos (privados) en ese mismo sentido de micro financiamiento, pero no hay datos fácilmente comprobables fidedignos acerca del resultado o efectividad de estos esfuerzos.  Esperemos que la iniciativa de reforma fiscal en Brasil no genere nuevos reglamentos con necesidades de contadores, expertos y autoridades fiscales complejas (como, por ejemplo, en los EE.UU.) sino algo más parecido a la simpleza de algunos países europeos, un trámite digital en donde el usuario aprueba o disputa la información tributaria suministrada por la autoridad fiscal, por ejemplo, la “Renta Web” en España y modelos similares en el Reino Unido, Dinamarca y Suecia.

Más allá de los intentos de formalizar a los informales, su energía empresarial y esfuerzos para la supervivencia algo ilustran: es posible que el llamado sector formal de la economía sea “demasiado formal”. Empresas “formales”, en complicidad con el estado, pueden buscar crear barreras a la competencia, barreras institucionales y de mercado, para protegerse de la innovación y energía que pueda surgir a retar su dominio, incluso del sector “informal”.  Los índices de burocracia pueden indicarnos también un nivel de proteccionismo y estructuras de corrupción que estancan al potencial de libre empresa y competitividad en estos países. Esta hipótesis es de interés para establecer políticas de competitividad empresarial que van mas allá de la protección de patentes y marcas; para identificar la necesaria  “informalización” del sector formal de la economía. El trabajo de la Dra. Levy, y todo el equipo del Adam Smith Center y los centros de investigación afiliados al estudio que han producido el “Índice de burocracia”, es una base fundamental para indicar la ruta para “desformalizar” la economía y desatar el potencial empresarial y creativo latente en todos los países de la región.

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Otras reflexiones sobre corrupción por Carlos J. Rangel:



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Carlos J. Rangel
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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autoritarismo en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)

lunes, 9 de enero de 2023

ESTRUCTURAS DE CORRUPCIÓN: LA POBREZA DE LAS NACIONES

Entre los temas que surgen con frecuencia en las pugnas políticas de Latinoamérica está el tema de la corrupción. El vocablo ¡corrupto! se lanza como improperio por opositores de todo bando para descalificar a rivales o atacar instituciones. Es un término que por su uso constante y ubicuo se ha devaluado como una vil moneda sin respaldo. Esa devaluación y ubicuidad es precisamente lo que hace difícil combatir a fondo esta lacra económica que corroe las instituciones y la moral de los ciudadanos. La corrupción existe. La corrupción empobrece al país. Recursos son desviados a bolsillos que inmisericorde e indiferentemente permiten el empobrecimiento de la condición y productividad general, creando desigualdad injustificable y miseria creciente. La corrupción no es un delito sin víctimas.

Para entender la corrupción es posible que nos ayude una premisa básica del capitalismo: cada quien tiene interés propio en mejorar su condición de vida. En su esencia esta no es una característica perniciosa y es más bien una sublimación de una condición animal básica: el instinto de supervivencia. Este instinto ha sido canalizado para el bien de la sociedad bajo reglas de convivencia a sabiendas que, y según Hobbes, sin estas reglas sociales y un Leviatán que las imponga, la vida es brusca, brutal y corta. 

Se puede argumentar que con esas reglas (leyes) el interés propio se convierte en un motor de crecimiento dinámico para la sociedad, creando riqueza y satisfacción para todos sus miembros y, por supuesto, desigualdad. Igualmente, se puede argumentar que esa desigualdad material es un estímulo para la creación de mayor riqueza, cuando se combina con la igualdad de oportunidad, impulsando el trabajo, la creatividad y la renovación. Nuevamente el estado tiene un papel en la creación de esta igualdad de oportunidad, empezando por un sistema de seguridad y justicia que protege al individuo, a los contratos y a la propiedad privada, fortaleciendo sistemas para distribuir la mejora individual (educación y salud), y estimulando el desarrollo de infraestructura.

El propio Adam Smith reconoce en su tratado sobre la riqueza de las naciones que debe haber un coto a la capacidad de un individuo para acaparar el mercado, es decir, que el interés propio como creador de riqueza puede llegar a distorsionar el mercado si se le permite a un individuo o un pequeño grupo de individuos distorsionar las fuerzas del mercado. Esto es válido tanto para los monopolios oligarcas como para los monopolios del estado. Toda fuerza monopólica que distorsiona al mercado va en detrimento de la mejora y la creación de la riqueza de la nación.

Cuando el gobierno se convierte en un instrumento de las élites monopólicas (sean de oligarcas o del mismo estado) para la dominación de los ciudadanos, el estado de derecho que mantiene a raya aquel pre-estado Hobbesiano se debilita y el mejor negocio, la manera de prosperar, es ser amigo del gobierno. Es la condición en la cual las leyes se aplican a los enemigos y se ignoran para los amigos. Un estado estructurado de esta manera no tiene interés en crear igualdad de oportunidad puesto que esta es la base para el cambio de las élites, la búsqueda de la felicidad Jeffersoniana, y la creación destructiva de Schumpeter; es decir, la renovación de la sociedad y de la economía. Por supuesto que élites enquistadas en el poder no tienen ningún interés en ser renovadas, desplegando todo su poder en ejercicio del básico instinto de supervivencia. 

Siendo así las cosas, una sociedad rentista-mercantilista combinada con unas élites enquistadas sin interés de renovación, es casi inevitable el crecimiento del estado en un pulpo burocrático gigante. Si es un gran negocio ser amigo del estado, mejor negocio todavía es ser el estado. En un círculo vicioso de amiguismos y componendas, se construye una inevitable, creciente y simbiótica estructura de corrupción.

Si el modelo de estado y sociedad se basa sobre la transferencia de riqueza rentista en vez de la creación de riqueza, la corrupción es inevitable, y todo el mundo espera y supone que ocurra. Esto trae como consecuencia tres cuasi-paradojas políticas observables con frecuencia en muchos países latinoamericanos:

·        La inevitabilidad de la corrupción, y la expectativa de que cualquier persona en funciones del gobierno es corrupta, genera una especie de dilema de prisionero para los funcionarios públicos. Siempre serán corruptos en la opinión pública aun sin pruebas ni demostración, por lo cual, algunos caen en la racionalización de “si no lo hago yo, lo hace el otro, el siguiente o el de más allá.” Cualquier funcionario no sabe a ciencia cierta si su colega es corrupto o no, pero los dos serán igual e invariablemente presuntos corruptos.  La paradoja es que aun si no lo son el sistema los incentiva a serlo, y siempre serán acusados de serlo.

·        No importa si los funcionarios son corruptos con tal de que repartan riqueza, o al menos la promesa de riqueza y bienestar. De allí vienen sentimientos como los reflejados en frases como “roba, pero hace obra”, justificativo común para muchos dictadores de derecha, o “con hambre y desempleo, con Chávez me resteo” o similares para populistas como Chávez que en campaña electoral decía regalar viviendas a la gente, cuando en realidad era un papel con una promesa (mayormente incumplida) de que les seria concedida una vivienda en un futuro. Se estima que la fortuna personal de Hugo Chávez cuando murió superaba los US$500 millones, aunque hay quienes las estiman muy superior. Se acepta “el buen patrón” que cuida a sus esclavos, haciendo ganancias corruptas a expensas del erario público cuando reparte gratuitamente condiciones mínimas de subsistencia como, por ejemplo, “bolsas CLAP”. La paradoja es que la corrupción no es mala si se reparten sus frutos (o si se promete su repartición).

·        Todo político opositor siempre acusa a todo político en el gobierno de corrupto, aun cuando exista rotación de liderazgo y partido. No hacen falta pruebas basta la denuncia por lo cual, cuando se obtienen pruebas, éstas son ignoradas o denunciadas como falsas y/o interesadas. La paradoja es que la corrupción pierde valor como denuncia política.

En una sociedad con estructuras de corrupción establecidas en su sistema de gobierno, el valor moral de la misma sociedad también se corrompe. En el caso de Venezuela, es paradigmático el uso de tasas de cambio preferenciales utilizadas por funcionarios de gobierno para comprar bonos de la deuda a dólar preferencial y cobrar intereses (y revender los bonos) a dólar libre. Pero al mismo tiempo las tasas para estudiantes, para turistas, y para el ciudadano de a pie permitieron el gran desfalco de las reservas del país, convirtiendo a la clase media en cómplice del arbitraje cambiario que lo hizo posible. Hasta el día de hoy la degradación moral que representó esa estructura corrupta creada por el gobierno chavista afecta el sentido del bien y el mal en el país, justificándose con la excusa de la “viveza criolla” y que “si no lo hubiese hecho yo, lo hubiese hecho mi cuñado”. 

Hay gente corrupta. Hay funcionarios que abusan de sus cargos extorsionando -no existe mejor palabra que describa su conducta- a entidades del sector privado, o incluso otras entidades públicas para provecho de su bolsillo. Estas personas aprovechan las estructuras de corrupción creadas y la debilidad del estado de derecho para cobrar desde una pequeña “multa” en efectivo o hasta hacerse multimillonarios. Combatir la corrupción no es únicamente poner preso a estos corruptos, hay que desmantelar también las estructuras que crean la oportunidad para estas personas a conducirse de manera corrupta de manera impune y hasta celebrada por la sociedad, la cual a veces se ha calificado como “sociedad de cómplices”, donde cada uno espera que le llegue su turno para repartirse el botín que promete el estado empresarial. Un estado empresarial donde no hay verdaderos accionistas o dolientes de los resultados de la empresa, solo un sistema conducente a la depredación de sus activos.

Ante esta situación de corrupción estructural, la manera de combatirla de manera efectiva es cambiar las estructuras.  Los incentivos en las llamadas “empresas del estado”, a falta de algún gerente excepcional (y, a la larga, sustituible), no son conducentes a eficiencias ni creación de riqueza y bienestar – todo lo contrario. Al desviarse el estado de sus razones fundamentales, resguardo de seguridad y fronteras, justicia equitativa y creación de condiciones para la oportunidad de los ciudadanos, se distorsiona, por no decir tulle, la capacidad creativa de la sociedad. El potencial de los recursos del país, sean naturales o humanos se limita a una extracción y repartición de rentas, con un inevitable crecimiento en el estancamiento y la desigualdad social. La limitación en el crecimiento de la riqueza y su acaparamiento por los mecanismos de corrupción crea gran descontento social, únicamente contenido mediante represión en aumento.

Cambiar las estructuras gubernamentales conducentes a la corrupción implica reducir el tamaño del estado. Implica privatizar funciones que no son inherentes a la función estado como, por ejemplo en Venezuela, las empresas del estado que se ocupan desde la distribución de alimentos hasta la hotelería, pasando por agricultura y comercio e incluyendo cerca de 150 empresas manufactureras. Incluso implica fortalecer las ONG y las organizaciones intermediarias para cubrir funciones sociales y humanitarias suministradas de manera más efectiva por estas. Pero la transformación del estado pulpo a un estado leopardo no es sencilla y tiene sus propias trampas de corrupción. El caso más visible de esto es la transformación de las empresas de la Unión Soviética en una serie de oligopolios otorgados a socios del antiguo régimen bajo un disfraz de privatización acelerada. 

La protección de los activos de la nación y la transferencia de recursos a nuevas empresas privadas de manera transparente es un gran reto jurídico, comercial y político, pero mantener las estructuras existentes que incentivan la corrupción solamente hará crecer la miseria, la desigualdad, las obras abandonadas y unos pocos bolsillos a la cabeza del régimen y los de sus amigos. Esa no es la via hacia la riqueza de una nación. 

CJR

Para otras reflexiones de Carlos J. Rangel sobre la corrupción véase la reseña del libro “LAS MUÑECAS DE LA CORONA”, por la periodista Ibéyise Pacheco.




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