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sábado, 27 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 2): LA RECONCILIACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN

 (Se dice fácil, pero...)

En mi segunda entrega de los temas sobre el tapete en Venezuela abordo el espinoso dilema de la reconciliación y reunificación, un tema de discusión necesaria. En paráfrasis de Anne Applebaum, el cambio de regímenes autoritarios, históricamente, es lento al principio pero repentino al final. Nos estamos acercando al principio del final del régimen criminal que pretende regir los destinos de Venezuela. Las señales están a la vista, las piezas colocadas. Los participantes están en la encrucijada de determinar como será el resto de sus vidas. ¿Serán amigos del tirano, o participarán en el gran proyecto de una nueva Venezuela? ¿Cómo se une a todos los venezolanos en este gran proyecto?

LOS AMIGOS DEL TIRANO

En estos días reportaron la vida cómoda de la familia Assad en Rusia y Dubái en el New York Times. Con las anécdotas que relataban describían la vida lujosa y protegida que vive Bashar Al-Assad en hoteles y apartamentos de lujo, fabulosos restaurantes y clubes, y fastuosas villas en enclaves residenciales exclusivos. Siria sigue en un difícil proceso de reconstrucción, con violencia, muerte y prisioneros. No es fácil reconstruir un país despojado por tiranos que utilizaron las instituciones del estado para reprimirlo y utilizaron el territorio para facilitar la fabricación y distribución de drogas estupefacientes por toda la región.

Entre los fugados con Assad se encontraba su leal escolta, que le cargaba las maletas y siempre se mantenía a su lado. La noche de la fuga, esta persona fue notificada que se iban, que se montara en el carro de inmediato. Con tanta leal disciplina siguió las órdenes del déspota que no tuvo ni tiempo de buscar su pasaporte y recoger algo de efectivo. Al llegar a Moscú, en vez de instalarse junto con Assad en la gran y amplia Suite donde se instaló el dictador, éste le dijo que se acomodara en otra habitación del lujoso hotel junto con otros escoltas. La sorpresa fue a los pocos días cuando el hotel les presentó la cuenta astronómica. El escolta llamó a Assad para aclarar el asunto, pero nunca llegó a comunicarse con el dictador nuevamente. Assad ni recogió ni devolvió las llamadas.

Hace más de 2.500 años Esquilo dijo: “es una enfermedad que llega con toda tiranía, la de no confiar en amigos”. Aquel que piense ser amigo del tirano debería reflexionar sobre lo dicho por ese griego. Los que confían en el tirano quedarán varados en Moscú sin pasaporte ni dinero. Pero no es únicamente el tirano que desconfía, es toda la sociedad mutuamente. Toda tiranía quiebra sociedades.

Una persona que utiliza el poder para provecho propio sin contemplaciones éticas es como el alacrán en el cuento de la rana y el río. Es su naturaleza, su instinto natural aguijonear a la rana, aun cuando significa que los dos morirán. Aun contra sus mejores intereses, el comportamiento de Assad no refleja ni conciencia, ni arrepentimiento, ni conductas que lo identifiquen como estadista, solo como criminal. Por eso se vio obligado a salir a medianoche del país que había destruido, Siria, que para una persona como él no era su patria, no era una nación llena de compatriotas; era una fabrica de dinero y lujos para él y sus cómplices. Ahora disfruta de lujos tras altas cercas, rodeado de guardaespaldas, borrando cualquier posible indicador de su paradero y recorriendo calles en limusinas, tal vez blindadas para no correr la suerte de Anastasio Somoza, creyéndose en un país seguro.

Hay personas que tienen que dejar el poder en Venezuela. Estás personas pueden facilitar la transición o verse obligados a aceptar que les llegó la transición. Pueden ser parte de la transición  o verse obligados a vivir en las sombras y tras vidrios blindados; los que puedan. Porque llegó la hora de reconstruir a Venezuela;  porque traicionar al régimen no es traicionar a Venezuela, todo lo contrario. 

UNA TRANSICIÓN QUE NO ES SOLO POLÍTICA

A pesar de que Venezuela no es Siria, con facciones étnicas, religiosas y territoriales, el país igualmente no solo enfrenta el desafío de sustituir un régimen, sino al de recomponer una comunidad cívica profundamente dañada por décadas de polarización, miedo, mentira institucionalizada, exilio masivo y complicidad forzada. Por ello, cualquier transición auténtica debe concebirse como un proceso simultáneamente político, moral y social. Sin esta comprensión amplia, la democracia que emerja será frágil, reversible y vulnerable a nuevas formas de autoritarismo.

Toda transición desde una autocracia hacia una democracia suele presentarse como un problema de ingeniería política: elecciones, cronogramas, reformas constitucionales, pactos de élites. Sin embargo, la experiencia comparada —y de manera particularmente aguda en el caso venezolano— demuestra que una transición fallida rara vez fracasa por errores técnicos. Fracasa porque no logra reconstruir el tejido moral, social e incluso mitológico que una autocracia destruye de manera sistemática.

Un punto central para comprender la complejidad de la transición venezolana es distinguir entre el rol de la ideología en democracia y su función en un régimen autoritario. En una democracia pluralista, incluso las ideas equivocadas cumplen una función: se someten al escrutinio público, se refutan, se corrigen o se descartan mediante mecanismos institucionales.

En un régimen autoritario, en cambio, la ideología deja de ser una propuesta debatible y se convierte en dogma. No se corrigen errores, se impone el dogma; no hay debate, se silencian las voces; no se persuade, se castiga al disidente. El daño no proviene solo de la idea, sino del poder que la respalda. Esta distinción es crucial para abordar responsabilidades sin caer en simplificaciones morales ni en absoluciones indiscriminadas.

En el 2017 publiqué un libro titulado “La Venezuela imposible” en donde incluyo un ensayo inspirado por la carta de acusación de Jorge Giordani al gobierno de Nicolás Maduro con motivo de su salida forzada de sus cargos. Esta carta expone las razones de Giordani y es un caricaturesco J’accuse enfocado sobre la ruina económica del país y la culpabilidad del régimen. Por todo lo que sé y he podido averiguar de Giordani, él parece ser un profesor universitario honesto, dedicado y creyente en sus ideas, principalmente la idea de que el estado puede ser el factor clave para mejorar la sociedad mediante el control y ejercicio del poder económico de un país.

El caso de los ideólogos del chavismo —y en forma paradigmática el de Jorge Giordani— ilustra la capacidad humana de autoengaño. Jorge Giordani ni es redentor económico del chavismo ni es chivo expiatorio en la transición; es el ejemplo del ideólogo que, al operar desde un régimen autoritario, transforma el error intelectual en daño histórico profundo. Mencionamos a Giordani, pero todo régimen autoritario los ha tenido. Leon Trotsky, Joseph Goebbels, Jaime Guzmán o Giovanni Gentile estaban íntimamente comprometidos como ideólogos de sus regímenes totalitarios. Su caída en desgracia histórica (o no) no los exime de su responsabilidad.

Ideólogos como Jorge Giordani, en un marco democrático pluralista, aportan al debate de ideas; pero insertos en un marco autoritario hacen daños profundos a un país. Los resultados prácticos de esa idea los vimos en Venezuela. Reconocer el fracaso de un proyecto no es solo un ejercicio intelectual; implica aceptar que una vida entera, una identidad y una vocación estuvieron construidas sobre un error conceptual profundo. A pesar de su sinceridad, convicción y probables buenas intenciones el “cerebro económico” de Chávez empedró el camino a la ruina.

RECONCILIAR NO ES OLVIDAR

Comprender el autoengaño de estos ideólogos o sus adeptos no equivale a absolver el daño causado. La tragedia personal del líder ideológico no borra las consecuencias colectivas de sus decisiones cuando estas se implementaron desde el poder con autoritarismo dogmático. De aquí surge una reflexión clave para la transición: la empatía es compatible con la responsabilidad histórica. La reconciliación democrática no consiste en borrar culpas sino en identificarlas y reconocerlas, sin convertirlas en instrumentos de venganza. Existe la justicia para los criminales, existe la historia para los equivocados.

Una democracia funcional no exige uniformidad ideológica ni consenso moral permanente. La vitalidad de una democracia surge del pluralismo, de la competencia abierta de ideas y de lo que podría llamarse un caos creativo permanente enfrentando el cambio constante de su contexto tecnológico y social; el debate, error, corrección y aprendizaje continuo. Ese desorden, incómodo, ruidoso e imperfecto, es precisamente el precio de la libertad y la condición de la cual emerge el progreso. Una voz como la de Giordani en democracia es valiosa. Su voz como dogma es peligrosa.

Aceptar este caos creativo es esencial para una transición democrática. Implica reconocer que la democracia no promete certezas absolutas ni resultados inmediatos, sino un marco institucional donde los conflictos se procesan sin violencia y donde ninguna visión del mundo puede apropiarse del Estado. Reconciliar a una sociedad polarizada comienza, paradójicamente, por aceptar que el desacuerdo es legítimo y necesario.

Las fracturas y heridas sociales creadas por años de represión autocrática son profundas y difíciles de sanar. Uno de los mayores riesgos de toda transición es confundir justicia con venganza o, en el extremo opuesto, reconciliación con olvido. Ninguno de los dos extremos produce estabilidad democrática. La justicia transicional debe operar en un espacio intermedio, donde se combinen verdad, responsabilidad individual, indemnizaciones y garantías de no repetición.

Esto implica reconocer agravios, escuchar a las víctimas y diferenciar grados de responsabilidad, sin caer en persecuciones colectivas ni en amnistías morales implícitas. La democracia no puede fundarse sobre la humillación de unos ni sobre la negación del sufrimiento de otros. La justicia, entendida correctamente, es un mecanismo de estabilización democrática, no un obstáculo para ella.

LA NUEVA VENEZUELA VA MÁS ALLÁ DE SUS FRONTERAS

La transición venezolana enfrenta un desafío adicional que suele quedar relegado en los debates institucionales: la reunificación de una nación dispersa. Millones de venezolanos viven hoy fuera del país, separados de sus familias, de su vida cívica y de su horizonte vital. Esta fractura no es solo demográfica; es emocional, cultural y política.

La nación venezolana dispersa puede convertirse en un gran activo para la reconstrucción del país. Hay quienes anhelan regresar para retomar su vida, hay quienes han hecho vida fuera y quieren fortalecer sus lazos con la tierra que les vio nacer, hay quienes quieren conocer a Venezuela, la de sus padres y abuelos. Esa energía humana impulsa el futuro de Venezuela a nivel global. Trabajando juntamente con los millones de venezolanos haciendo país, la nación en exilio quiere ser parte del futuro de Venezuela.

Desde el sufrimiento del paso por cordilleras andinas y el Darién hasta vivir el rechazo xenofóbico, desde el Cono Sur hasta los EE.UU., Europa y otras tierras distantes, las experiencias vividas, y el esfuerzo trabajador de los venezolanos demuestran su coraje, capacidad de adaptación y espíritu emprendedor. La historia y las experiencias de cada uno son distintas, todas transformadoras, pero el denominador común son las raíces. Su energía es una energía sembrada ahora en el gentilicio, tal y como lo fue con los irlandeses, los italianos, los portugueses, los libaneses y los judíos en el pasado. Un activo sembrado alrededor del mundo que será parte del futuro de Venezuela. La reunificación debe integrar explícitamente al exilio como parte constitutiva del proyecto nacional. Sin este proceso, la transición quedará incompleta.

EN BÚSQUEDA DE UNA SOCIEDAD PERDIDA

Una transición democrática sostenible requiere traducir estos principios en políticas concretas. En términos prácticos, esto supone: establecer mecanismos creíbles de justicia transicional centrados en verdad y responsabilidad individual; garantizar una fuerte estructura institucional independiente para procesar conflictos políticos; promover políticas activas de integración del exilio; y diseñar narrativas públicas que legitimen el pluralismo y el desacuerdo democrático.

La democracia no promete absolución ni redención moral. Promete algo más modesto y más exigente: convivencia en libertad bajo reglas compartidas. La historia juzgará a los responsables del desastre, pero el futuro dependerá de la capacidad colectiva de construir instituciones que contengan el poder, procesen el conflicto y hagan posible la reconciliación sin sacrificar la justicia.

En la época festiva decembrina, durante la cual escribo esto, se nos vienen recuerdos que surgen de esos aromas familiares asociados con las festividades. Esos buenos recuerdos que reconfortan el alma y el corazón los asociamos con momentos de felicidad y unión en nuestro hogar acompañados por nuestros queridos y cercanos. También nos hace pensar en lo que hemos perdido y nuestra situación presente. Para el país, la situación presente no es una de paz y prosperidad con democracia y libertad. Sin embargo, esa situación tiene visos de pronto cambio. No para rescatar aquel pasado, del cual recordamos solo lo bueno, sino para hacer una nueva Venezuela unida con visión positiva de futuro.


Dos temas sobre el tapete (parte 1): La escalada de tensiones entre los EE.UU. y Venezuela

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Carlos J. Rangel

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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024)

Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)


domingo, 21 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 1): LA ESCALADA DE TENSIONES ENTRE LOS ESTADOS UNIDOS Y VENEZUELA

Hay dos temas acerca de Venezuela sobre el tapete, el primero, el de más inmediatez, se debe a la escalada retórica y real de la confrontación entre los Estados Unidos y Venezuela, y el segundo, uno con más trayectoria y tal vez mayor trascendencia: “el día después”, es decir las implicaciones políticas, económicas y sociales de una salida del régimen de Maduro en Venezuela, posiblemente a consecuencia de las presiones de los EE. UU. En esta reflexión me enfocaré sobre el primer tema, pero sus consecuencias sobre el segundo son ineludibles y serán motivo de una nueva reflexión en un futuro cercano.

La escalada retórica y militar entre los Estados Unidos y Venezuela tiene demasiadas incógnitas para precisar su eventual resultado y desenlace. Para los venezolanos, vemos con sentido ambivalente la evidente presión del presidente Trump sobre el régimen criminal que maneja los destinos del país. Hay varias cosas que se saben acerca de cualquier guerra: cuando comienza y que van a haber daños colaterales en infraestructura y víctimas inocentes. Eso se sabe de antemano, y las reglas de la guerra, tal y como uno espera que existan, determina (1) la necesidad de un Casus Belli, es decir una razón legal justificable para iniciar la guerra, y (2) que los objetivos sean militares, no civiles, para minimizar esos daños colaterales.

Un ejemplo claro y contemporáneo de la poca capacidad de resolver las incógnitas de una acción bélica es el conflicto en Ucrania. Sin un verdadero Casus Belli, Vladimir Putin invadió Ucrania para anexar el territorio de ese país a la nación rusa, argumentando seguridad nacional ante la OTAN, y la posibilidad futura de que Ucrania se hiciera miembro de la OTAN. Pensaba que en un fin de semana se apoderaría del país. Eso fue hace casi cuatro años y refleja esa gran incógnita: se sabe cuándo comienza una guerra, pero no cuando termina. Los horrores entre la población civil y destrucción de la infraestructura por parte de Rusia se aproximan a lo que se puede calificar hoy día como crímenes de guerra.

Las tensiones entre Venezuela y los EE. UU. pueden resultar en la salida del régimen criminal. Ojalá que eso suceda, pero no hay garantías al respecto. Antes de pensar en las probabilidades o escenarios posibles, lo primero que tenemos que pensar o preguntarnos es ¿por qué está haciendo Trump lo que está haciendo?

Los objetivos de Trump

Trump no se ha caracterizado nunca en su vida por tener objetivos políticos complejos. Esa simplicidad directa es parte de su éxito político y su mensaje simple es uno de nacionalismo milenario: Make America Great Again. Esto puede interpretarse de muchas maneras, pero sacar a Maduro de Venezuela no parece ser parte de ese mensaje. Lo que si ha caracterizado a Trump toda su vida es ser transaccional, un firme creyente en las fórmulas suma cero, y en acumular poder y utilizarlo como garrote para que en esa ecuación suma cero, él salga favorecido. Es un firme creyente en un mundo dividido entre ganadores y perdedores. También parece ser que a Trump no se le olvidan aquellos que percibe como enemigos – la gente que se le ha opuesto y le ganó.

Bajo esta perspectiva puede verse la animosidad contra Maduro de dos maneras, la primera es que Maduro le ganó en la primera ronda, en el primer round, en el primer gobierno de Trump. Trump trató de presionar a Maduro, y Maduro se burló de Trump. Allí sigue. La continuidad de Maduro en el poder representa un fracaso de la primera administración Trump. Maduro es una afrenta personal.

La segunda manera de ver la escalada de tensiones por Trump es desde el punto de vista de la política interna de los EE. UU., con miras a las elecciones de medio término. Es un hecho de que la popularidad de Trump en disminución puede afectar las elecciones de medio término en el 2026. El cálculo político puede indicar que en caso de sacar a Maduro situaciones como el problema migratorio o la economía regional pueden ser aliviadas. Además, la salida de Maduro pudiera ser percibida como una victoria en el ámbito internacional para Trump, creando un clima favorable para el partido republicano. 

El gran temor de Trump, en caso de que la Cámara de Representantes tenga mayoría demócrata, es que sea impugnado nuevamente. Es posible incluso que algún congresista demócrata ya está redactando secretamente resoluciones al respecto. Por eso, Trump hará todo lo posible por no perder la Cámara. Por cierto que, a mi parecer, eso sería suicidio político para los demócratas, y probable causa de su pérdida en las elecciones presidenciales del 2028, resultando en un presidente Vance o Rubio. Eso no quita que Trump piense en esto. Para los venezolanos lo que esto puede significar es que esta campaña de presión contra Maduro por Trump tiene una fecha de vencimiento relativamente cercana.

Desde el punto de vista de Maduro, su escurridiza sagacidad puede resultarle efectiva en esta coyuntura. El régimen criminal que gobierna a Venezuela tiene grandes debilidades, principalmente su nula legitimidad y el ínfimo respaldo popular. La retórica encendida de Trump crea una distracción táctica que favorece a Maduro, especialmente cuando Trump dice falsedades evidentes, hace amenazas no creíbles, o exagera su capacidad de acción. Anunciar, por ejemplo, un bloqueo naval total, para después aclarar que son solamente los tanqueros sancionados crea confusión a favor de Maduro.

La narrativa que el régimen puede elaborar a partir de esos mensajes equívocos de Trump son de legítima defensa de la soberanía nacional, una narrativa que puede compartir con gobiernos regionales y masas populares. El garrote gringo, sea militar o económico, es una pesadilla regional compartida. Acciones por el gobierno estadounidense que parecen blandir ese garrote aglutinan pasados y temores que favorecen a Maduro, y, peor de todo, debilitan la legitima oposición, tanto interna como internacional, a su tiranía.

La respuesta de Maduro ha sido predecible. Con el historial de retrocesos, volatilidad y cortapisas institucionales, las amenazas de Trump no han sido poco más que gestos enardecidos vacíos contra voceros retóricos enfocados, maestros del vocabulario populista. Esos voceros del régimen le llevan una morena a Trump por sus muchos años de práctica, supervivencia e impunidad. Usar el reloj para que se le acabe el tiempo a Trump es lo que busca hacer Maduro, montando nuevamente su circo dilatorio (sin pan).

El circo de Maduro incluye un desfile de buques “escolta” a tanqueros no sancionados, una demostración populista para el consumo de muchedumbres internas y aliados externos que crea una ilusión de fuerza sin mucho riesgo, puesto que esos tanqueros, los que no tienen sanciones previas, no están bajo amenaza de confiscación. Pero su paso seguro y a salvo será anunciado como la gran respuesta defensiva del hombre fuerte que detiene a Trump y sus ambiciones hegemónicas en el hemisferio occidental. No es sin peligro esta táctica, puesto que fácilmente se puede incurrir en Casus Belli si alguna nave de las flotillas de escolta comete un error provocador (o provocado), o las interferencias recíprocas en los GPS de navegación  causan una tragedia aérea o marítima que se convierta en el incidente que pueden buscar tanto Maduro como Trump para fortalecer su posición política.

Ante esto, ¿qué puede hacer la oposición legitima, democrática al régimen de Maduro?

La oposición democrática.

El dilema son los intereses comunes que tiene la oposición con la administración Trump. Todo indica que la administración preferiría que Maduro no se mantuviese en el poder, a pesar de los coqueteos que se han hecho entre sí. La salida del régimen por supuesto es la meta de la oposición democrática en Venezuela. Pero ¿Cómo apoyar discursos hegemónicos y discursos de “recuperación de activos”? ¿Cómo mantenerse alineado con los objetivos e intereses comunes sin perder credibilidad?

Existen pilares fundamentales en la condición democrática liberal que permite coexistir con este dilema. La firme creencia en el estado de derecho es el primero, pero antes pensemos en el segundo, el derecho internacional a la legitima defensa. Para la oposición democrática, el gobierno de los EE.UU. (y de toda nación) es un gobierno soberano e independiente que puede ejercer este derecho si se siente amenazado en espacios internacionales o en su propio territorio. Dentro de la dinámica democrática y legal interna de los EE.UU. se decidirá si acciones como ataques contra las “narcolanchas” se ajustan a sus leyes o no. La oposición democrática venezolana responsable no tiene voz válida en esas decisiones y deliberaciones internas y soberanas de cada país.

Pero las personas que sucumben ante estos ataques tienen derechos y al parecer no tienen dolientes en Venezuela. En particular los ciudadanos venezolanos que puedan estar o no en estas lanchas no han sido identificados públicamente y sus muertes denunciadas por el régimen venezolano ante organismos internacionales competentes o tribunales de los EE.UU. Solamente allí, en donde sus muertes pudiesen calificarse de ilegales, los familiares y las empresas contratistas de dichas personas tendrían justo derecho a reclamo y compensación. Pero el silencio del régimen ante estos ataques es ensordecedor.

El que calla otorga aplica en este caso y el gobierno de los EE.UU. puede percibir en este silencio del gobierno venezolano (silencio legal, es decir, no un reclamo en la televisión sino en las cortes) una justificación tácita para continuar su campaña letal. Y eso es responsabilidad del régimen venezolano, un régimen donde no existe ni estado de derecho ni reglamentación aplicada de sistemas de control y seguridad para constatar las circunstancias que hayan hecho que pescadores o narcotraficantes navegando en las costas venezolanas quedaran en un limbo a la deriva bajo cualquier justica. Los ataques a estas lanchas y las muertes en esos ataques son responsabilidad directa de Maduro.

Es así que retornamos al tema del estado de derecho. El tanquero Skipper fue decomisado legalmente. La carga del tanquero puede que no sea decomisable, como el presidente Trump ha sugerido, pero considerando las multas y costos que se impondrán al navío, al menos como fianza es probable que el petróleo a bordo se mantenga en espera de decisiones legales. El tanquero estaba intencionalmente operando fuera de la ley para evadir sanciones contra el financiamiento de la Guardia Revolucionaria Iraní, institución designada como grupo terrorista por varias naciones, incluso los EE.UU. El tanquero también volaba la bandera de Guyana, país donde no está registrado, lo cual viola las leyes marítimas internacionales. En ejercicio del cumplimiento de sanciones y leyes internacionales, y con el respaldo de una orden emitida por un juez, el FBI y la Guardia Costera, respaldados por la Armada de los EE. UU., abordaron el buque y lo decomisaron. El decomiso del tanquero es perfectamente legal y ajustado a derecho. [NOTA: terminando esta reflexión salió la noticia de un nuevo tanquero abordado fuera de las aguas territoriales de Venezuela, el Constellations. Este buque había ilegalmente enmascarado su posición correcta en el pasado, pero de resto no hay informes acerca de otras actividades que ameritasen esta acción por parte de la guardia costera de los EE.UU.]

Hay demasiados buques fantasma (se calculan en centenares, 30 de los cuales fueron identificados en puertos venezolanos el mes pasado) operando de esta manera ilegal para burlar sanciones internacionales contra Irán, Rusia y Venezuela.

Financiar grupos terroristas es ilegal. Los instrumentos utilizados para esa financiación, en este caso un tanquero, operan a riesgo de ser confiscados. La desafortunada retórica belicosa de Trump, con su hipérbole característica, confunde el hecho de que al confiscar el tanquero se está cumpliendo la ley, tanto la de los EE.UU., como la internacional. Esta no es la primera vez que ocurre tampoco, puesto que en ocasiones anteriores en otras partes del mundo ya se han decomisado tanqueros violando sanciones. Es de esperarse que haya más decomisos y confiscaciones en le futuro cercano.

Toda participación futura de empresas estadounidenses o de otros países en las industrias básicas o de cualquier tipo en el país se harán en conformidad con la constitución, las leyes correspondientes, la soberanía del país y ajustada al derecho internacional para este tipo de transacciones. La transparencia legal y el estado de derecho es la mejor arma contra cualquier despojo, y los tribunales de los EE.UU., y las cortes internacionales han revisado todas las transacciones ocurridas durante el periodo de nacionalización petrolera y de otros activos en la era democrática de Venezuela. Debido a que la industria petrolera se mueve en el ámbito internacional, el régimen se ha visto forzado, mal que bien, a conformar sus acciones al derecho internacional y, cuando no lo hace, deberá atenerse a las consecuencias.

El estado de derecho, base del desarrollo.

Los juicios, fallos y medidas compensatorias a nivel internacional originados por la nacionalización de la industria petrolera durante la democracia ya son hecho cumplido e historia conocida; sin embargo, también son conocidas las expropiaciones ilegales y sin compensación ocurridas durante todo el régimen chavista dentro del país, fuera de la lupa legal internacional; actos arbitrarios y autoritarios que quebraron la industria y agricultura nacional. Las acciones del régimen son las que hacen peligrar ahora la única tabla de salvación económica restante del país en este momento. La peor sanción económica que ha tenido Venezuela en los últimos 25 años es el régimen autoritario que se hace llamar revolucionario y opera arbitrariamente como el gran demoledor de toda actividad económica legítima del país.

La transición hacia un gobierno de leyes, respetando compromisos legalmente adquiridos y los derechos humanos, civiles y económicos de todo ciudadano venezolano y participante internacional es el objetivo de la oposición democrática en Venezuela. Tal vez la campaña de intimidación y presión internacional liderada por Trump resulte en la salida de Maduro, ojalá. Pero debemos estar conscientes de que esta campaña tiene fecha de vencimiento; y de que Maduro también lo sabe.

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Photo by Jens Rademacher on Unsplash


Dos temas sobre el tapete (parte 2): La reconciliación y la reunificación,

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Carlos J. Rangel
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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)

domingo, 18 de mayo de 2025

¡EMBUSTE!

La posverdad y las falsas narrativas son ya nuestro pan de cada día.  No es que estemos descubriendo el agua tibia, a fin de cuentas, la propaganda de todo tipo, desde comercial a política, es una vieja herramienta. Es la explosión de la información sin filtros por medio de redes amorales, combinada con la represión selectiva de la información por actores con poder, lo que hace que dudar de la fidelidad de cualquier información públicamente difundida sea un ejercicio mental saludable. 

En el mundo contemporáneo las consecuencias de las mentiras de gran envergadura son trágicas. En otros países se han propiciado guerras territoriales o de odios que nos recuerdan conflictos que pensábamos superados. Vemos narrativas utilizando la posverdad para dividir, atomizar y fracturar sociedades para lograr ventajas políticas o económicas del grupo promoviendo esas narrativas y lograr o mantenerse en el poder. En Venezuela, el uso de la posverdad nos ha llevado a la combinación de un estado de miseria con uno de represión sin paralelo en nuestra historia.

En nuestro país, la mentira utilizando la posverdad es un instrumento para mantenerse en el poder y reprimir la oposición. Nos dice Carlo Collodi que una vez que alguien dice una mentira, tiene que seguir mintiendo para no caer en contradicciones, llegando a decir tantas mentiras que su obvia desfachatez es igual a una enorme nariz que se agiganta con cada nueva mentira. El régimen criminal de Venezuela tiene una enorme nariz; o tal vez muchas. Como múltiples pólipos faciales desfigurados y crecientes dice mentiras para cada ocasión, desde el “dólar oficial” para crear ilusión de estabilidad y control (y oportunidades de corrupción), hasta fingir ignorancia en la desaparición de disidentes y opositores – y eventualmente imputar obvios cargos falsos de “odio”, “terrorismo”, “magnicidio”, etc. Por supuesto el mayor embuste, la nariz mas enorme, es la farsa electoral: su vanidoso intento por crear una ilusión de democracia.

Corea del Norte se autodenomina la “República Popular Democrática de Corea”. Este es un país en donde los años del calendario oficial se cuentan a partir de la ascensión al poder de la dinastía Kim, y su descendiente y líder actual usa veneno y perros para asesinar rivales, así sean familia. El servicio secreto represivo mas feroz y eficiente lo crearon los alemanes de la “República Democrática Alemana” (DDR) la Alemania Oriental de la Guerra Fría. La Stasi de la DDR entrenó al servicio secreto cubano, el infame G2, en sus tácticas represivas y de “contra-propaganda”, y a su vez el G2 ha infiltrado, entrenado y comanda las fuerzas de inteligencia represiva y desinformación en Venezuela.  El uso de la palabra democracia es común y frecuente entre dictadores de toda calaña, pretendiendo utilizar la falsa retórica para justificar su despotismo. Para poder usar esa palabra, recurren a la farsa electoral.

Las democracias se caracterizan por las rivalidades entre partidos que pretenden influenciar los destinos del país, y por instituciones estables que la protegen, incluyendo poderes y sistemas electorales responsables, transparentes e independientes. Todo se instrumenta para poder interpretar la voz y voluntad del soberano, los ciudadanos, bajo el marco de la constitución del país. La voz y voluntad del soberano es el fundamento de una democracia, y esta se manifiesta de diversas maneras, siendo la más visible el voto popular. Esa, sin embargo, no es la única y, por eso, una característica específica de las democracias es la libertad de expresión, instrumentada en la libertad de prensa, de asociación y de manifestación pacífica.  

Cuando el régimen pretende montar una farsa electoral para declararse democrático, mostrando descaradamente la enorme y fea nariz de su gran embuste, el deber democrático de todo ciudadano es rechazar esa farsa. Nos quedan las otras armas de la democracia, y en este momento la protesta pacífica y desobediencia civil debilitará aún más al régimen. La gran unidad opositora que le asestó un golpe mortal al régimen el 28 de julio, puede rematar la tarea este 25 de mayo. El gran ¡NO! al régimen el 25 de mayo es el complemento al gran ¡SÍ! a la democracia que manifestó el soberano el 28 de julio.

Ya la es hora de levantar la peor sanción que tiene nuestra nación: el régimen criminal que pretende aferrarse ilegítimamente al poder. Ya es la hora de reunificar la familia venezolana, desde los engañados hasta los emigrados, todos somos ciudadanos venezolanos que aspiramos a una patria noble, grande con futuro y libertad. Ya es la hora de decirle al embuste el gran ¡NO! Venezuela ya votó, y esa es la verdad verdadera del 28 de julio y el gran embuste del 25 de mayo. 

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Carlos J. Rangel
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domingo, 11 de agosto de 2024

LA LUZ DE LA LIBERTAD

En las primeras semanas de enero de 1958 mi tío fue detenido por la Seguridad Nacional, la policía política del régimen de Marcos Pérez Jiménez.  El primero de enero de ese año había ocurrido un fallido intento de golpe por un grupo de militares con simpatías comunistas (era la época de la Guerra Fría), encabezado por el Coronel Hugo Trejo.

En los sótanos del palacio presidencial de Miraflores, mi tío me relató que hizo amistad con gran cantidad de futuros dirigentes de la democracia venezolana, los cuales habían sido recogidos como parte de la represión iniciada tras ese intento de golpe, y como respuesta del régimen ante la creciente inestabilidad política. La oposición civil clandestina organizó en esos días, mediante volantes impresos en mimeógrafos clandestinos y pintas en la calle, una huelga general y otras movilizaciones que el régimen trató inútilmente de reprimir. La caída ocurre cuando en la Escuela Militar los cadetes se organizan en contra del régimen, el tirano ordena al ejército disparar contra los cadetes, y los comandantes del ejército desobedecen la orden.

El 23 de enero de 1958 amanece Venezuela sin dictador. Las puertas de las mazamorras se abren, y mi tío ve el sol brillar nuevamente.[1] Lo que la oposición civil y la disidencia militar no habían podido lograr por su cuenta, derrocar al régimen, se logró cuando ambos se unieron con el fin de derrocar una tiranía corrupta y autoritaria cuyos líderes ponían sus intereses propios por encima de los intereses de la nación, iniciándose así la era del experimento democrático de Venezuela que duró cuarenta años.

Debido a que a ese régimen no le interesaba realmente la nación venezolana, la falta de una transición ordenada resultó temporalmente en violencia callejera y anarquía, con la consecuente sangre derramada, en su mayoría de adeptos al régimen que no pudieron embarcarse clandestinamente a un exilio dorado.

El régimen que actualmente azota las libertades y los derechos de los venezolanos ha emprendido una ola de represión y encarcelamiento arbitrario que supone es una demostración de fuerza, cuando lo que demuestra es su debilidad. Supone, que al igual que en Cuba suponen sus líderes, lo que hace falta es unos cuantos perros ladrando para conducir un gran rebaño de ovejas. Subestima el régimen la capacidad de una nación que canta y entiende la letra de su himno nacional, cantando vigorosamente estrofas como “abajo cadenas” y “el pobre en su choza, libertad pidió” al igual que la temporalidad del “vil egoísmo”. Subestima el régimen a una nación que prende una vela, enciende una luz, que no apagará hasta que la libertad regrese para todos los prisioneros políticos.

La tragedia venezolana bajo la satrapía actual toca de manera personal a cada uno de nuestros ciudadanos, algunos más de cerca que a otros, y algunos más trágicamente que a otros, aunque ninguna tragedia personal es pequeña. Recientemente una persona con la que he interactuado frecuentemente durante los últimos cinco años o más, y le tengo afecto hasta paternal, fue apresada de manera escalofriante e injustificable por esbirros del régimen. Hasta hoy está desaparecida. Sus logros en la lucha por la libertad han sido crecientes durante ese periodo en que la he conocido, y es una joven que, para mí, representa el futuro posible de Venezuela, con amor de patria (y del beisbol). No quiero minimizar de ninguna manera la importancia de cualquier otro preso político, desde Rocío San Miguel hasta Freddy Superlano, Dignora Hernández y Henry Alviarez, o los recogidos por demostrar su patriotismo en cualquier marcha estas semanas. No quiero minimizar la tragedia personal que representa estar asilados y asediados en la embajada de Argentina, con incertidumbre diaria acerca de las intenciones del régimen; de ninguna manera quiero que se olviden a los más de 20.000 caídos por violencia del régimen, desde Bassil Da Costa, y tantos otros más derramando sangre en el asfalto de protestas cívicas, incluyendo un primo de mi esposa, hasta los asesinados por las PLO como venganza hamponil y consolidación del poder de pranes aliados al régimen. Para mí, sin embargo, la detención de María Oropeza es casi como que me hubiesen secuestrado a mi hija. Enciendo mi vela de libertad por ella y, con ella, por todos los otros detenidos arbitrariamente y sin debido proceso bajo leyes apegadas a derechos civiles y humanos básicos bajo cualquier definición de sociedad civilizada.


#PrendeUnaLuz #EnciendeUnaVela

VIDEO DE MARIA OROPEZA ENTREVISTANDO A CARLOS J. RANGEL




[1] La ola de detenciones políticas y arbitrarias desatada fue contraproducente para la estabilidad y resaltó la profunda ilegitimidad del régimen ante sus mismos partidarios. Mi tío no era activista político ni tenía afiliación partidista, era un comerciante que había sido arrestado al visitar como amigo de la familia a la esposa de un detenido político y militante copeyano que acababa de dar luz a un bebé. Esta anécdota la detallo en la primera sección de mi libro La Venezuela imposible.


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domingo, 4 de agosto de 2024

EL LEGADO

La elección del 28 de julio del 2024 eliminó toda posibilidad de credibilidad democrática del PSUV. Cualquier miembro del partido que pensaba que podía coexistir con la facción elitista del partido y con la oposición democrática para propagar los ideales sociales de Chávez dentro de un sistema pluralista, debe reconocer en este momento que esa posibilidad es nula. Maduro es un dictador sanguinario que hará todo lo que considere necesario para mantenerse en el poder, desde un descarado y obvio fraude electoral y la detención arbitraria de oponentes y sus seguidores, hasta el uso de mercenarios armados para la represión asesina de la protesta cívica. Ya no es solamente que “el mal chavista” está en el poder, cosa que pudiera solucionarse dentro de un sistema democrático, sino que “el verdadero chavista” se aferra al poder, demostrando la estirpe original de Hugo Chávez como el antidemócrata primigenio, conspirando contra la democracia venezolana desde 1983 bajo el Samán de Güere. Este verdadero legado de Hugo Chávez destruye cualquier capacidad que la elite del PSUV pueda tener convivencia en un sistema democrático. Todo defensor de la constitución y la democracia observando las acciones de Maduro desde ese domingo, sabe lo que esta sucediendo: la usurpación del poder por un autócrata que ignora descaradamente la soberanía popular. El legado actual de Maduro es la destrucción del PSUV como participante creíble en un sistema democrático, la destrucción del partido como tal. Cualquier miembro del partido con anhelo de convivencia democrática saldrá del mismo, "por las buenas o por las malas" por no tener futuro en el mismo.

La campaña de la oposición contra el gobierno ideada hace alrededor de dos años tuvo un objetivo claro: la unificación y reconciliación del país. Este objetivo busca aliviar el gran malestar de fondo que cansa y mantiene al país en una depresión emocional (y debilidad económica) desde hace 10 años al menos, y originado por las prácticas implementadas por el chavismo durante los 12 años anteriores. Este objetivo de campaña se instrumenta en la unificación de la oposición y el mensaje de reunificación familiar, que incluye reunificar a los que se fueron a buscar fortuna a otras tierras con su familia que se quedó, y reunificar a los que fueron separados por la guerra psicológica civil divisionista del chavismo, enfrentando hermano contra hermano, padres contra hijos, y vecino contra vecino en su misma patria.  Esta reunificación y reconciliación busca hacer al país en uno fuerte y unido contra aquellos que pretenden dividirlo y expoliarlo para su propio provecho mediante execrable corrupción adminstrativa o condenable corrupción criminal. Se dice fácil, pero tiene práctica difícil: en la unión está la fuerza. Es mucho más fácil dividir y destruir -la táctica del PSUV para lograr y mantenerse en el poder- que unir y construir, el mensaje de la oposición liderada por Maria Corina Machado.

La farsa democrática del régimen se basa sobre un fraude electoral que cree que dará legitimidad a su pretensión de mantenerse en el poder. El régimen pretende crear una ilusión de democracia mediante unos resultados evidentemente fraudulentos, y proclama a cuatro vientos que celebrar elecciones demuestra que son demócratas. Pero al igual que su pretensión de legitimidad democrática por el voto nos demuestra su irrespeto a la soberanía popular, sus acciones contra los otros factores que conforman la democracia revelan su talante antidemocrático: la represión de la voz de protesta pacífica, el irrespeto a la ley por igual para todos, y la carencia del debido proceso, incluso contraviniendo acuerdos internacionales suscritos.  La falta de libertad de asamblea, libertad de expresión, igualdad ante la ley y apego a la misma son evidente señal de régimen autoritario. En esto, Maduro ha demostrado ser peor que Pinochet, y fiel seguidor de los sanguinarios autócratas que usurparon la revolución cubana.

La destrucción de la credibilidad democrática del PSUV recae directamente sobre el triunvirato de Nicolás Maduro, Diosdado Cabello y Jorge Rodríguez.  Cada uno tiene sus razones propias para aferrarse al poder, pero su complicidad antidemocrática y anticonstitucional es común. Los defensores de la democracia y los defensores de la constitución tienen ahora un objetivo común: la verdadera restauración de la democracia y la reconstrucción del país apegados a las leyes y las normas que harán a este un país unido y fuerte. Los gruñidos, coletazos y zarpazos de bestia acorralada son peligrosos y poderosos, pero la verdad, la voluntad y la persistencia de la ciudadanía venezolana prevalecerá sin duda. La oposición alzó su voz y voluntad fuerte contra el régimen, muchos individuos, instituciones y naciones la acompañarán para y hasta derrocar la satrapía y regresar a la verdadera paz y prosperidad que el país merece y anhela, rechazando el legado antidemocrático de la empresa Hugo Chávez Frías & Sucesores.

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Carlos J. Rangel
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miércoles, 24 de julio de 2024

EL FRAUDE ELECTORAL Y LA MATEMÁTICA


El miércoles 24 de julio del 2024, fui invitado a presentar el libro "EL PODER DE LA MATEMATICA, 
de Guillermo Salas Delfino en la sede del Interamerican Institute for Democracy, en Miami. Los otros panelistas de este conservatorio fueron el autor, Guillermo Salas Delfino, Ana Mercedes Díaz, Maibort Petit, Paciano Padrón y Ana Teresa Morrín.  Este es el texto de mi presentación:    

Estimado Guillermo Salas Delfino, autor del libro que nos reúne hoy aquí. Distinguidos panelistas, apreciada Beatrice Rangel, moderadora de este evento, distinguido Dr. Carlos Sánchez Berzaín, director ejecutivo del Interamerican Institute of Democracy, estimados asistentes, aquí en este momento, y en el ciberespacio en cualquier momento. Muchas gracias por permitirme presentar este libro, este estudio, este minucioso análisis de Guillermo Salas acerca de los métodos de fraude electoral detectados en el Referendo Revocatorio de la presidencia de Hugo Chávez efectuado el 15 de agosto del 2004, y que tiene especial repercusión hoy, a cuatro días de la elección presidencial en Venezuela.

Así es, faltan cuatro días; y vamos a ganar.  ¡Vamos a ganar! Ese es el hashtag, la arroba, el lema que usa la oposición democrática al régimen de Maduro en las redes sociales para transmitir un gran optimismo que se basa en la movilización masiva del electorado evidenciada en las manifestaciones de calle en todos los rincones del país, y en las encuestas publicadas y difundidas que presentan la opción de Edmundo González Urrutia como la opción ganadora este domingo, con un promedio de ventajas de alrededor del 20%.  Así es. Vamos a ganar; a menos que…


Confieso que cuando me presentaron este libro mi piel esc
éptica se puso de gallina.   El problema con las teorías conspirativas es que hay tantas que hacerle caso a una de ellas es francamente abrirle la puerta a la madriguera del conejo y caer en un mundo de fantasías alocadas que, a pesar de satisfacer sesgos e ideas fantásticas, crean una burbuja alrededor de uno que, rodeados en un país de maravillas, no nos permiten ver la realidad. Por eso, para mantener la razón, es mejor mantener nuestro escepticismo en alerta roja de manera  permanente. Mis notas al margen de mi ejemplar del libro, a medida que lo iba leyendo, así lo demuestran. Me preguntaba, ¿será este un libro más pretendiendo sostener alguna teoría conspirativa alocada que, a fin de cuentas, favorece al régimen al crear desconfianza en uno de los principales instrumentos de la democracia, el voto popular? ¿Qué el voto no cuenta, que no vale la pena votar? ¿Qué Maduro no sale con elecciones?

Siempre he sido bueno en matemáticas. En el colegio mis notas siempre eran estelares en esta materia y siempre era eximido de presentar el examen final. Mi clase más anticipada cuando bachiller fue la de cálculo integral. Mi carrera profesional como arquitecto combinó mis dos pasiones, la matemática y el arte.  Eventualmente, al cursar mi maestría, me topé con Elías Osuna, un genio de la estadística, y me mente matemática se enfrentó a la incertidumbre de las probabilidades.  

El pensamiento matemático racional y la observación diaria nos lleva a la conclusión de que la suma de dos verdades a medias nunca resulta en una verdad entera. Que, si entre los factores presentados en combinación uno de ellos es cero, una falsedad, su producto debe ser cero. Probablemente.

Por eso comencé a leer este libro con gran recelo. Por eso termine de leer este libro con gran satisfacción. Guillermo Salas Delfino, utilizando el método científico, demuestra con un alto grado de confiabilidad y con una incertidumbre que se aproxima a cero, que, durante el revocatorio del 2004 para rechazar el mandato presidencial de Hugo Chávez, el sistema electrónico de recopilación y tabulación de votos operó de manera fraudulenta a favor de la propuesta “NO”, la que mantendría a Chávez en la presidencia. Los votos “NO” fueron abultados, y los votos “SÍ” fueron mermados, arrojando un resultado con una diferencia porcentual de casi 20% a favor de mantener a Chávez como presidente. Estos hechos son sistemáticamente demostrados mediante el poder de la matemática en este libro.

El libro incluye intriga académica acerca de la publicación Statistical Science, la cual publicó en el 2011 un ejemplar parcialmente dedicado al análisis estadístico de esta elección con cinco artículos sobre el tema. Este número especial incluye un artículo de Guillermo Salas y Gustavo Delfino, antecedente de este libro que discutimos hoy. Otros tres artículos en aquella revista llegan a la misma conclusión de fraude, mediante otras metodologías, mientras que uno de ellos busca descartar estas demostraciones. Esta parte del libro de Salas, la dedicada a la intriga académica, es interesante, e incluye razones por las cuales el artículo que niega el fraude, y que describe las anomalías detectadas como no significativas, tiene errores de fundamento. La discrepancia, rivalidad y hasta sorna entre académicos, es usual en el medio y eso es de esperarse, especialmente en un campo dedicada a cuantificar las probabilidades y a disminuir la incertidumbre en asuntos políticos de gran trascendencia. Como dice el autor del artículo a favor de la hipótesis nula, la hipótesis de que no hubo fraude, el costo de errores en el análisis de resultados electorales puede ser muy alto para una sociedad, legitimando una elección fraudulenta o apoyando reclamos injustificables, con las consecuencias negativas que cualquiera de esas alternativas acarrea.

Uno de los artículos en aquel número de Satisrical Science tuvo como autores a Ricardo Haussmann y Roberto Rigobón, a quienes también conocí al mismo tiempo que Elías Osuna en el IESA.  El artículo de ellos se basa en un análisis de la elección que ellos condujeron, por decirlo así en caliente, por encargo de la Asociación Civil Súmate para recabar y analizar la información durante el proceso. Súmate es la fuerza cívica que estuvo detrás de la organización del Firmazo, el Refirmazo, y el Referéndum Revocatorio Presidencial. El fiirmazo fue la recolección de firmas inicial entre los inscritos en el Registro Electoral Permanente, el REP, solicitando la convocatoria del referéndum. El refirmazo se realizó con el mismo propósito, puesto que la primera recolección fue desechada por el Consejo Nacional Electoral, el CNE.

 La metodología Hausmann y Rigobón es distinta a la utilizada por Salas, pero eventualmente llega a la misma conclusión: la probabilidad de fraude se acerca al 100%.   Me gusta la breve definición que ellos utilizan para definir “fraude electoral”; que el resultado oficial de la votación no refleja la intención del electorado. Utilizando la misma base de datos de electores firmantes utilizada por Salas, pero usando encuestas a Boca de Urna, la conclusión es la misma: hubo fraude. La intención del electorado fue frustrada.

El libro de Salas detalla muy bien la base matemática y la infraestructura administrativa y tecnológica mediante la cual se frustró esa intención del electorado y se manipularon tanto las auditorías en caliente como las realizadas tres días después. Coinciden Hausmann y Rigobón con las conclusiones de Salas sobre las auditorías, y refutan los argumentos del Centro Carter sobre las mismas de manera contundente.

La pregunta que queda en el aire es: ¿Qué hacer ante este poderoso mecanismo detallado por Guillermo Salas en su libro, “El poder de la matemática”?

El fraude y la manipulación electoral no ocurren con un solo elemento.  El informe de Súmate acerca del proceso, desarrollo y ejecucion del revocatorio, relata todas las instancias que utilizó el régimen para tratar de impedir, confundir e intimidar al electorado para que votase a favor de mantener a Chávez en el poder, antes de contar los votos.  La manipulación electrónica detectada y detallada en este libro es apenas una de las herramientas del régimen para influenciar los resultados y frustrar la intención del electorado el día de las elecciones. Otras son la manipulación del REP, y la mudanza arbitraria de mesas electorales.

Pensaría uno que, tras 20 años en uso, el régimen tiene práctica en esto de manipular elecciones. Casi pensaría uno que ni vale la pena votar, porque ya el guiso está sancochado. Casi pensaría uno que un libro cómo este descarta de plano la solución democrática para salir del régimen autoritario que durante casi un cuarto de siglo somete al pueblo veneolano, chupando su sangre y creando miseria. Que no existe salida electoral. Que solo nos queda rasgarnos las vestiduras. Francamente, sin embargo, no creo que esta deba ser la conclusión a sacar del libro.


Las elecciones presidenciales del 23 de abril del 2013, e incluso las de diciembre del 2012, tuvieron irregularidades que son explicables aceptando la hip
ótesis alternativa: la hipótesis de que hubo fraude. La participación electoral fue casi del 75% en el 2013 y la diferencia ganadora, tras la manipulación, que por cierto se detalla en este libro mediante un affidavit jurado de Leasmy Salazar, un converso del régimen, fue de apenas 1,5%. Sudaron para sacar ese resultado. Es de hace notar, que entre 1998 y el 2008 hay un salto anómalo en el crecimiento del REP, el cual históricamente crece a un ritmo de alrededor de un 2.5%. En ese período, entre 1998 y el 2008, creció casi un nueve por ciento interanual. Este periodo, por cierto, incluye el 2004, el año del referendo revocatorio, y, por qué no decirlo, el año 2000, el año de la primera elección de Chávez bajo la nueva constitución. Esa ola de crecimiento, explicable nuevamente por la hipótesis alternativa, se comienza a absorber hacia las elecciones del 2012 y del 2013, dificultando el fraude por duplicación de votos (también insinuado en el libro y en el informe Carter mediante el uso del capta huellas). Vemos por eso que dos años después, en el 2015, con una participación electoral para las elecciones parlamentarias también de alrededor del 75%, la derrota del régimen es masiva, casi 19% de diferencia, un margen a prueba de fraude. Las irregularidades en el proceso y la oposición dividida disminuyen la participación electoral a 46% en las elecciones del 2018, margen del cual el régimen obtiene dos tercios de los votos. Es decir, Maduro fue electo en el 2018, oficialmente, con un 30% del electorado, de electores inscritos en el REP, una representación, usando un término histórico del chavismo, escuálida.

Las elecciones recientes en Venezuela tienen tendencia irreversible en contra del régimen, siempre y cuando el voto sea masivo, la participación alta. Esa es la primera herramienta para derrotar al fraude: el voto. La segunda es la organización en los centros de votación para establecer y demostrar la intención del electorado, para lo cual el Comando Venezuela ha hecho una labor extraordinaria. En esto, la lección de las elecciones robadas a Andrés Velázquez para la gobernación de Bolívar y el artículo de Haussmann y Rigobón establecen una ruta a seguir para determinar esta intención, y el comando ha creado mecanismos para seguirla, siempre y cuando la ciudadanía utilice masivamente aquella primera herramienta: el voto.

La confianza en su capacidad de cometer fraude e ignorar el poder y voluntad ciudadana ha derrocado a regímenes autoritarios desde Polonia y Suráfrica hasta las Filipinas y Chile, y en la misma Venezuela, un país que todavía mantiene su memoria democrática. Es muy probable que, a pesar de los esfuerzos más viles del régimen, esto ocurra en Venezuela este domingo si hay una participación masiva del electorado; la intención del régimen será derrotada, la intención del electorado prevalecerá. “¡Vamos a Ganar!” será un hecho cumplido este domingo. El lunes, comenzará un nuevo camino escabroso y empinado, el que nos llevará hasta el 10 de enero del 2025, inicio de la restauración del país a uno con democracia y libertad, en paz y prosperidad.

Muchas gracias.

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Carlos J. Rangel
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DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 2): LA RECONCILIACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN

 (Se dice fácil, pero...) En mi segunda entrega de los temas sobre el tapete en Venezuela abordo el espinoso dilema de la reconciliación y r...