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domingo, 21 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 1): LA ESCALADA DE TENSIONES ENTRE LOS ESTADOS UNIDOS Y VENEZUELA

Hay dos temas acerca de Venezuela sobre el tapete, el primero, el de más inmediatez, se debe a la escalada retórica y real de la confrontación entre los Estados Unidos y Venezuela, y el segundo, uno con más trayectoria y tal vez mayor trascendencia: “el día después”, es decir las implicaciones políticas, económicas y sociales de una salida del régimen de Maduro en Venezuela, posiblemente a consecuencia de las presiones de los EE. UU. En esta reflexión me enfocaré sobre el primer tema, pero sus consecuencias sobre el segundo son ineludibles y serán motivo de una nueva reflexión en un futuro cercano.

La escalada retórica y militar entre los Estados Unidos y Venezuela tiene demasiadas incógnitas para precisar su eventual resultado y desenlace. Para los venezolanos, vemos con sentido ambivalente la evidente presión del presidente Trump sobre el régimen criminal que maneja los destinos del país. Hay varias cosas que se saben acerca de cualquier guerra: cuando comienza y que van a haber daños colaterales en infraestructura y víctimas inocentes. Eso se sabe de antemano, y las reglas de la guerra, tal y como uno espera que existan, determina (1) la necesidad de un Casus Belli, es decir una razón legal justificable para iniciar la guerra, y (2) que los objetivos sean militares, no civiles, para minimizar esos daños colaterales.

Un ejemplo claro y contemporáneo de la poca capacidad de resolver las incógnitas de una acción bélica es el conflicto en Ucrania. Sin un verdadero Casus Belli, Vladimir Putin invadió Ucrania para anexar el territorio de ese país a la nación rusa, argumentando seguridad nacional ante la OTAN, y la posibilidad futura de que Ucrania se hiciera miembro de la OTAN. Pensaba que en un fin de semana se apoderaría del país. Eso fue hace casi cuatro años y refleja esa gran incógnita: se sabe cuándo comienza una guerra, pero no cuando termina. Los horrores entre la población civil y destrucción de la infraestructura por parte de Rusia se aproximan a lo que se puede calificar hoy día como crímenes de guerra.

Las tensiones entre Venezuela y los EE. UU. pueden resultar en la salida del régimen criminal. Ojalá que eso suceda, pero no hay garantías al respecto. Antes de pensar en las probabilidades o escenarios posibles, lo primero que tenemos que pensar o preguntarnos es ¿por qué está haciendo Trump lo que está haciendo?

Los objetivos de Trump

Trump no se ha caracterizado nunca en su vida por tener objetivos políticos complejos. Esa simplicidad directa es parte de su éxito político y su mensaje simple es uno de nacionalismo milenario: Make America Great Again. Esto puede interpretarse de muchas maneras, pero sacar a Maduro de Venezuela no parece ser parte de ese mensaje. Lo que si ha caracterizado a Trump toda su vida es ser transaccional, un firme creyente en las fórmulas suma cero, y en acumular poder y utilizarlo como garrote para que en esa ecuación suma cero, él salga favorecido. Es un firme creyente en un mundo dividido entre ganadores y perdedores. También parece ser que a Trump no se le olvidan aquellos que percibe como enemigos – la gente que se le ha opuesto y le ganó.

Bajo esta perspectiva puede verse la animosidad contra Maduro de dos maneras, la primera es que Maduro le ganó en la primera ronda, en el primer round, en el primer gobierno de Trump. Trump trató de presionar a Maduro, y Maduro se burló de Trump. Allí sigue. La continuidad de Maduro en el poder representa un fracaso de la primera administración Trump. Maduro es una afrenta personal.

La segunda manera de ver la escalada de tensiones por Trump es desde el punto de vista de la política interna de los EE. UU., con miras a las elecciones de medio término. Es un hecho de que la popularidad de Trump en disminución puede afectar las elecciones de medio término en el 2026. El cálculo político puede indicar que en caso de sacar a Maduro situaciones como el problema migratorio o la economía regional pueden ser aliviadas. Además, la salida de Maduro pudiera ser percibida como una victoria en el ámbito internacional para Trump, creando un clima favorable para el partido republicano. 

El gran temor de Trump, en caso de que la Cámara de Representantes tenga mayoría demócrata, es que sea impugnado nuevamente. Es posible incluso que algún congresista demócrata ya está redactando secretamente resoluciones al respecto. Por eso, Trump hará todo lo posible por no perder la Cámara. Por cierto que, a mi parecer, eso sería suicidio político para los demócratas, y probable causa de su pérdida en las elecciones presidenciales del 2028, resultando en un presidente Vance o Rubio. Eso no quita que Trump piense en esto. Para los venezolanos lo que esto puede significar es que esta campaña de presión contra Maduro por Trump tiene una fecha de vencimiento relativamente cercana.

Desde el punto de vista de Maduro, su escurridiza sagacidad puede resultarle efectiva en esta coyuntura. El régimen criminal que gobierna a Venezuela tiene grandes debilidades, principalmente su nula legitimidad y el ínfimo respaldo popular. La retórica encendida de Trump crea una distracción táctica que favorece a Maduro, especialmente cuando Trump dice falsedades evidentes, hace amenazas no creíbles, o exagera su capacidad de acción. Anunciar, por ejemplo, un bloqueo naval total, para después aclarar que son solamente los tanqueros sancionados crea confusión a favor de Maduro.

La narrativa que el régimen puede elaborar a partir de esos mensajes equívocos de Trump son de legítima defensa de la soberanía nacional, una narrativa que puede compartir con gobiernos regionales y masas populares. El garrote gringo, sea militar o económico, es una pesadilla regional compartida. Acciones por el gobierno estadounidense que parecen blandir ese garrote aglutinan pasados y temores que favorecen a Maduro, y, peor de todo, debilitan la legitima oposición, tanto interna como internacional, a su tiranía.

La respuesta de Maduro ha sido predecible. Con el historial de retrocesos, volatilidad y cortapisas institucionales, las amenazas de Trump no han sido poco más que gestos enardecidos vacíos contra voceros retóricos enfocados, maestros del vocabulario populista. Esos voceros del régimen le llevan una morena a Trump por sus muchos años de práctica, supervivencia e impunidad. Usar el reloj para que se le acabe el tiempo a Trump es lo que busca hacer Maduro, montando nuevamente su circo dilatorio (sin pan).

El circo de Maduro incluye un desfile de buques “escolta” a tanqueros no sancionados, una demostración populista para el consumo de muchedumbres internas y aliados externos que crea una ilusión de fuerza sin mucho riesgo, puesto que esos tanqueros, los que no tienen sanciones previas, no están bajo amenaza de confiscación. Pero su paso seguro y a salvo será anunciado como la gran respuesta defensiva del hombre fuerte que detiene a Trump y sus ambiciones hegemónicas en el hemisferio occidental. No es sin peligro esta táctica, puesto que fácilmente se puede incurrir en Casus Belli si alguna nave de las flotillas de escolta comete un error provocador (o provocado), o las interferencias recíprocas en los GPS de navegación  causan una tragedia aérea o marítima que se convierta en el incidente que pueden buscar tanto Maduro como Trump para fortalecer su posición política.

Ante esto, ¿qué puede hacer la oposición legitima, democrática al régimen de Maduro?

La oposición democrática.

El dilema son los intereses comunes que tiene la oposición con la administración Trump. Todo indica que la administración preferiría que Maduro no se mantuviese en el poder, a pesar de los coqueteos que se han hecho entre sí. La salida del régimen por supuesto es la meta de la oposición democrática en Venezuela. Pero ¿Cómo apoyar discursos hegemónicos y discursos de “recuperación de activos”? ¿Cómo mantenerse alineado con los objetivos e intereses comunes sin perder credibilidad?

Existen pilares fundamentales en la condición democrática liberal que permite coexistir con este dilema. La firme creencia en el estado de derecho es el primero, pero antes pensemos en el segundo, el derecho internacional a la legitima defensa. Para la oposición democrática, el gobierno de los EE.UU. (y de toda nación) es un gobierno soberano e independiente que puede ejercer este derecho si se siente amenazado en espacios internacionales o en su propio territorio. Dentro de la dinámica democrática y legal interna de los EE.UU. se decidirá si acciones como ataques contra las “narcolanchas” se ajustan a sus leyes o no. La oposición democrática venezolana responsable no tiene voz válida en esas decisiones y deliberaciones internas y soberanas de cada país.

Pero las personas que sucumben ante estos ataques tienen derechos y al parecer no tienen dolientes en Venezuela. En particular los ciudadanos venezolanos que puedan estar o no en estas lanchas no han sido identificados públicamente y sus muertes denunciadas por el régimen venezolano ante organismos internacionales competentes o tribunales de los EE.UU. Solamente allí, en donde sus muertes pudiesen calificarse de ilegales, los familiares y las empresas contratistas de dichas personas tendrían justo derecho a reclamo y compensación. Pero el silencio del régimen ante estos ataques es ensordecedor.

El que calla otorga aplica en este caso y el gobierno de los EE.UU. puede percibir en este silencio del gobierno venezolano (silencio legal, es decir, no un reclamo en la televisión sino en las cortes) una justificación tácita para continuar su campaña letal. Y eso es responsabilidad del régimen venezolano, un régimen donde no existe ni estado de derecho ni reglamentación aplicada de sistemas de control y seguridad para constatar las circunstancias que hayan hecho que pescadores o narcotraficantes navegando en las costas venezolanas quedaran en un limbo a la deriva bajo cualquier justica. Los ataques a estas lanchas y las muertes en esos ataques son responsabilidad directa de Maduro.

Es así que retornamos al tema del estado de derecho. El tanquero Skipper fue decomisado legalmente. La carga del tanquero puede que no sea decomisable, como el presidente Trump ha sugerido, pero considerando las multas y costos que se impondrán al navío, al menos como fianza es probable que el petróleo a bordo se mantenga en espera de decisiones legales. El tanquero estaba intencionalmente operando fuera de la ley para evadir sanciones contra el financiamiento de la Guardia Revolucionaria Iraní, institución designada como grupo terrorista por varias naciones, incluso los EE.UU. El tanquero también volaba la bandera de Guyana, país donde no está registrado, lo cual viola las leyes marítimas internacionales. En ejercicio del cumplimiento de sanciones y leyes internacionales, y con el respaldo de una orden emitida por un juez, el FBI y la Guardia Costera, respaldados por la Armada de los EE. UU., abordaron el buque y lo decomisaron. El decomiso del tanquero es perfectamente legal y ajustado a derecho. [NOTA: terminando esta reflexión salió la noticia de un nuevo tanquero abordado fuera de las aguas territoriales de Venezuela, el Constellations. Este buque había ilegalmente enmascarado su posición correcta en el pasado, pero de resto no hay informes acerca de otras actividades que ameritasen esta acción por parte de la guardia costera de los EE.UU.]

Hay demasiados buques fantasma (se calculan en centenares, 30 de los cuales fueron identificados en puertos venezolanos el mes pasado) operando de esta manera ilegal para burlar sanciones internacionales contra Irán, Rusia y Venezuela.

Financiar grupos terroristas es ilegal. Los instrumentos utilizados para esa financiación, en este caso un tanquero, operan a riesgo de ser confiscados. La desafortunada retórica belicosa de Trump, con su hipérbole característica, confunde el hecho de que al confiscar el tanquero se está cumpliendo la ley, tanto la de los EE.UU., como la internacional. Esta no es la primera vez que ocurre tampoco, puesto que en ocasiones anteriores en otras partes del mundo ya se han decomisado tanqueros violando sanciones. Es de esperarse que haya más decomisos y confiscaciones en le futuro cercano.

Toda participación futura de empresas estadounidenses o de otros países en las industrias básicas o de cualquier tipo en el país se harán en conformidad con la constitución, las leyes correspondientes, la soberanía del país y ajustada al derecho internacional para este tipo de transacciones. La transparencia legal y el estado de derecho es la mejor arma contra cualquier despojo, y los tribunales de los EE.UU., y las cortes internacionales han revisado todas las transacciones ocurridas durante el periodo de nacionalización petrolera y de otros activos en la era democrática de Venezuela. Debido a que la industria petrolera se mueve en el ámbito internacional, el régimen se ha visto forzado, mal que bien, a conformar sus acciones al derecho internacional y, cuando no lo hace, deberá atenerse a las consecuencias.

El estado de derecho, base del desarrollo.

Los juicios, fallos y medidas compensatorias a nivel internacional originados por la nacionalización de la industria petrolera durante la democracia ya son hecho cumplido e historia conocida; sin embargo, también son conocidas las expropiaciones ilegales y sin compensación ocurridas durante todo el régimen chavista dentro del país, fuera de la lupa legal internacional; actos arbitrarios y autoritarios que quebraron la industria y agricultura nacional. Las acciones del régimen son las que hacen peligrar ahora la única tabla de salvación económica restante del país en este momento. La peor sanción económica que ha tenido Venezuela en los últimos 25 años es el régimen autoritario que se hace llamar revolucionario y opera arbitrariamente como el gran demoledor de toda actividad económica legítima del país.

La transición hacia un gobierno de leyes, respetando compromisos legalmente adquiridos y los derechos humanos, civiles y económicos de todo ciudadano venezolano y participante internacional es el objetivo de la oposición democrática en Venezuela. Tal vez la campaña de intimidación y presión internacional liderada por Trump resulte en la salida de Maduro, ojalá. Pero debemos estar conscientes de que esta campaña tiene fecha de vencimiento; y de que Maduro también lo sabe.

ship sailing during sunset
Photo by Jens Rademacher on Unsplash


Dos temas sobre el tapete (parte 2): La reconciliación y la reunificación,

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Carlos J. Rangel
threads: cjrangel712

Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)

jueves, 9 de noviembre de 2017

DEMOCRACIA EN VENEZUELA - ¿CÓMO LOGRAR EL OBJETIVO DESEADO? (UN ENFOQUE ESTRATÉGICO)


El régimen encabezado por Nicolás Maduro se fortalece a medida que destruye el proceso electoral y la representatividad pluralista en el país. El modelo social y económico del régimen hunde cada vez más al país en miseria y no parece haber salida. La oposición demócrata se debilita y busca alternativas para restaurar al país con el objetivo simple de cualquier demócrata: crear las condiciones para que existan democracia y libertad, bases de la prosperidad y el bienestar.
En un momento se pensó que era posible obtener el cambio y las condiciones haciendo una coalición electoral opositora y enfrentando al oficialismo en contienda directa. El régimen se endurece ante la debilidad de la voluntad del compromiso ciudadano de votar, y esa vía está arrinconada en un callejón sin salida debido a las argucias y manipulaciones del mismo régimen. Aun así la vía electoral no debe descartarse por completo.
Hay quien está esperando que algún sector de las Fuerzas Armadas se harte del desastre económico, administrativo y fiscal de un régimen secuestrado por delincuentes, y que de alguna manera ponga orden.  Esta vía es un callejón sin destino conocido. Tanto adeptos al modelo y legado del “Comandante Eterno” como algunos que puedan permanecer en el seno castrense opuestos a dicho legado pudiesen hacer intentos que difícilmente lograrán sacudir al régimen en el poder, dado su apoyo externo por el régimen cubano. Aun así no debe descartarse la necesidad del apoyo de sectores en las FF.AA. durante el proceso de restauración de las condiciones democráticas del país.
Unos últimos suponen que una posible intervención extranjera de corte militar, sea como “operación quirúrgica” o sea como un “cuerpo multinacional de cascos azules” pudiese lograr el cambio de condición necesario. Una intervención de este tipo se puede saber cuándo comienza, pero no cuando termina y es un camino incierto y volátil. Aun así no debe descartarse el apoyo de los aliados internacionales que reconocen a la democracia plena como fundamental para la libertad.
El primer enfoque, el enfoque electoral, es el más cercano al objetivo de crear, preservar y fortalecer la democracia. La MUD como agrupación electoral con el objetivo de retar al oficialismo tuvo su momento y razón de ser. Las energías opositoras eran suficientemente fuertes como para suponer que una oposición unida derrotaría a la coalición oficialista en las urnas y eso efectivamente sucedió. Las elecciones del 2013 que llevaron al poder a Maduro fueron ganadas por la oposición, como ha sido admitido por personas cercanas a dicha elección. El fraude electoral derrotó al candidato de la MUD, y cuando hacía falta no se utilizaron las otras armas de la democracia y la sociedad civil: protesta popular, denuncia de la prensa, apoyo de ONGs independientes y aliados internacionales, etc., por fallas del liderazgo opositor.
Los resultados de las elecciones parlamentarias del 2015 fueron tan abrumadoramente en contra del oficialismo que reflejan el verdadero sentimiento del país en relación con la gestión de gobierno. El resultado fue tan contundente que sobrepasó la posibilidad de fraude que existe cuando los márgenes son menores al 5% del electorado. Dos lecciones de estos comicios son importantes: que la participación electoral masiva es posible e importante, y que las entropías intrínsecas a la coalición electoral de la MUD no son conducentes a una gestión efectiva. El fracaso en la gestión de la Asamblea Nacional  para imponer el estado democrático es directamente atribuible a esa entropía.
Como he definido en otro lugar, los partidos son agrupaciones de personas con ideología compartida con el objetivo de llegar o de influenciar al poder. Las diferencias ideológicas entre partidos eventualmente desintegrarán una coalición opositora como la MUD, tal y como ocurrió. Un grave error de percepción tanto de dirigentes dentro de la MUD como del electorado, comentaristas y observadores es haber considerado a la MUD como un partido político y querer operar o tener expectativas de que se comportara como tal. La coalición electoral de la MUD no agrupa personas con ideología compartida, agrupa partidos con el objetivo de crear condiciones para una contienda electoral democrática y, dentro de esos partidos, individuos con ambiciones personales pragmáticas. El problema es que en dicha agrupación algunos suponían un grado de observancia y obediencia política de sus miembros que no es realista. Aun cuando se hicieran primarias para escoger un candidato único de oposición, es probable que hubiese opositores que no votarían por dicho candidato en la elección general por muchas razones, y todas relacionadas con el amplio espectro ideológico de los partidos políticos que contiene la oposición.
Las elecciones regionales del 15 de octubre resaltaron las debilidades estructurales de este enfoque y su caducidad. Tanto por el endurecimiento del régimen y sus destrezas en perpetrar manipulación y fraude electoral como por el fraccionamiento natural de la coalición electoral opositora, hay que llegar a la conclusión que la vía electoral planteada como contienda entre una agrupación oficialista y una agrupación opositora está cerrada. Eso no significa que la vía democrática está cerrada.
Si se ven las cifras de participación del electorado, puede verse que los grupos aglutinados por el oficialismo nunca han superado mucho más del 33% del registro electoral en todas las elecciones desde las de 1998. Ante esa realidad numérica, en caso de persistir por la vía electoral, sería más efectivo competir separadamente, enfocarse en aumentar la participación electoral, y gobernar coordinadamente, es decir un nuevo “pacto de Punto Fijo”. Pero esto solo podrá ocurrir en caso de tener contiendas electorales imparciales, para lo cual las condiciones no existen en la actualidad.
Democracia es una condición en la cual la ciudadanía participa en el gobierno. Esta participación se manifiesta mediante elecciones, mediante protestas, en agrupaciones civiles de interés focalizado (federaciones, sindicatos, asociaciones, organizaciones, iglesias) y por supuesto con prensa tanto libre como clandestina. Las elecciones en este momento en Venezuela han sido apropiadas/secuestradas por el régimen. Las otras armas de la democracia se mantienen vigentes. Para recuperar la plena democracia en Venezuela hay que recuperar las elecciones libres e imparciales y ese debe ser el objetivo tanto de la aplicación de las otras armas de la democracia como de los otros dos enfoques mencionados al principio. Una vez recuperadas las elecciones, entonces podrán debatirse las ideologías y sus variantes entre sí, incluyendo social democracia, democracia cristiana, liberalismo, e incluso el comunismo en su ropaje chavista demócrata.
El segundo enfoque, un levantamiento militar, se basa sobre la ilusión de que el poder militar es el árbitro final de la democracia en el país. Esto tiene raíces en varias líneas culturales y de pensamiento, pero todas derivan de la añoranza paternalista por el liderazgo fuerte y de la asociación mental (por demás lógica) de las armas con el poder. La ciudadanía y el poder civil no pueden claudicar ante esta ilusión. El alto riesgo que implica dejar en manos de unos pocos ambiciosos (armados) los destinos del país nunca ha tenido resultados positivos—ni en Venezuela ni en ningún otro país del mundo. Los proponentes de este enfoque dan por sentado que salir del régimen por cualquier vía es esencial, pero no se les puede hacer un llamado a “los militares” para que tumben al gobierno sin un resultado planificado y con un sentido estratégico. Es probable que existan militares ambiciosos que piensan que el legado de Chávez está siendo traicionado y que ellos pueden poner mano dura para proteger dicho legado. Eso sería un desastre para las verdaderas aspiraciones democráticas del país.
Las Fuerzas Armadas se han convertido en un gran pulpo multipropósito. Su injerencia en el sector civil es agigantada y creciente, profundizando el objetivo de Chávez de establecer un gobierno “cívico-militar,” modelado bajo el mismo tipo de estructura existente en Cuba. Esto ha resultado que Venezuela fácilmente tenga el mayor número de generales per cápita a nivel mundial (salvo, quizás, Cuba). Esto—al mismo tiempo que hace pensar que existe un gran poderío militar—es una gran debilidad.
El sector militar con mando efectivo de tropas en Venezuela es proporcionalmente menor que en un gobierno civil. El sector civil democrático debe tomar la iniciativa de cambiar el poder y buscar alianzas con el sector militar con mando de tropas. El cambio democrático tiene que surgir del sector civil, y algunos sectores militares aliarse al movimiento. No debe ser lo contrario, puesto que esa vía es conducente a una nueva represión totalitaria. Es decir, no se descarta la necesidad de una alianza con algún sector militar opuesto al régimen, pero esta alianza debe ser iniciativa civil, demócrata y liderada por dichos demócratas civiles, no al revés. Los militares se deben sumar a la inercia positiva de un movimiento que busca restaurar las condiciones de democracia, tal y como ha sucedido históricamente en toda transición hacia una democracia exitosa, puesto que esta será la única manera de defenderse de la represión brutal que surgirá del régimen ante la posibilidad de enfrentarse a su final.
Por último el tercer enfoque, el de intervencionismo militar extranjero debe ser discutido. Hay quienes piensan que dado que la vía electoral está trancada y que “los militares del país están vendidos al régimen”, no hay opción posible salvo una intervención militar extranjera que “cure el cáncer” que aflige al país; que no hay solución interna posible. El argumento a favor de esta opción postula que el liderazgo político en el país es inefectivo y nunca podrá salir del régimen. Esta opción es una variante del segundo enfoque, salvo que descarta la posibilidad que los militares en el país tomen acción en contra del régimen, y por ello solicitan su equivalente extranjero.
Suponer que esta medida desesperada de alguna manera pueda resultar en un resultado positivo para el país, es una falacia. Una intervención de este tipo fraccionaría aún más el país entre enemigos acérrimos, y precipitaría una verdadera guerra entre “nacionalistas”, “patriotas”, “independentistas”, “defensores”, y cualquier otro auto-nombrado que se sienta con derecho a opinar mediante un fusil, saliendo a la calle. Adicionalmente, los intereses geopolíticos de Cuba, Rusia y China harían del conflicto uno excesivamente cruento y largo. Este es un escenario que tendría una fecha de inicio con acciones concretas y ciertas, pero una fecha final totalmente desconocida con resultados inciertos. Para los proponentes de esta opción una consecuencia certera sería la eliminación de cualquier semblanza o personaje del liderazgo de la oposición política actual, sea por descrédito o físicamente.
El apoyo internacional para el cambio del régimen en Venezuela es esencial y dicho apoyo ha presionado de manera efectiva hasta ahora. Las sanciones individuales y corporativas están cercando al régimen. El reconocimiento a la Asamblea Nacional y al Tribunal Supremo en exilio –y el desconocimiento a la Asamblea Nacional Constituyente—son de gran ayuda para lograr una transición política; la comunidad está a la espera de un nuevo Consejo Nacional Electoral. 
No se podrá salir del régimen sin lograr un acuerdo con el régimen cubano y en eso la comunidad internacional es fundamental. No se podrá salir del régimen (lamentablemente) sin obtener un lugar al cual dirigentes del régimen puedan “escaparse”, para lo cual transacciones internacionales hacen falta. No se puede recuperar la economía del país, enfrentarse al problema de la deuda, ni obtener la ayuda humanitaria necesaria sin la comunidad internacional. No se podrá convocar elecciones percibidas como imparciales sin colaboración internacional. Esos son los enlaces, acciones y apoyos que hacen falta construir, no una intervención militar internacional que acrecentaría el caos y la destrucción.
El objetivo es crear las condiciones para que existan democracia y libertad. La combinación estratégica de los tres enfoques discutidos es necesaria para crear estas condiciones. Cada uno es una pieza del rompecabezas que debe ser armado por el cuerpo civil democrático del país. Sin este trio de acciones coordinadas estratégicamente, el régimen se mantendrá por el futuro previsible y el país caerá en mayor miseria, esa miseria que no permite otra acción sino las de la supervivencia del día a día.

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 2): LA RECONCILIACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN

 (Se dice fácil, pero...) En mi segunda entrega de los temas sobre el tapete en Venezuela abordo el espinoso dilema de la reconciliación y r...