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domingo, 21 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 1): LA ESCALADA DE TENSIONES ENTRE LOS ESTADOS UNIDOS Y VENEZUELA

Hay dos temas acerca de Venezuela sobre el tapete, el primero, el de más inmediatez, se debe a la escalada retórica y real de la confrontación entre los Estados Unidos y Venezuela, y el segundo, uno con más trayectoria y tal vez mayor trascendencia: “el día después”, es decir las implicaciones políticas, económicas y sociales de una salida del régimen de Maduro en Venezuela, posiblemente a consecuencia de las presiones de los EE. UU. En esta reflexión me enfocaré sobre el primer tema, pero sus consecuencias sobre el segundo son ineludibles y serán motivo de una nueva reflexión en un futuro cercano.

La escalada retórica y militar entre los Estados Unidos y Venezuela tiene demasiadas incógnitas para precisar su eventual resultado y desenlace. Para los venezolanos, vemos con sentido ambivalente la evidente presión del presidente Trump sobre el régimen criminal que maneja los destinos del país. Hay varias cosas que se saben acerca de cualquier guerra: cuando comienza y que van a haber daños colaterales en infraestructura y víctimas inocentes. Eso se sabe de antemano, y las reglas de la guerra, tal y como uno espera que existan, determina (1) la necesidad de un Casus Belli, es decir una razón legal justificable para iniciar la guerra, y (2) que los objetivos sean militares, no civiles, para minimizar esos daños colaterales.

Un ejemplo claro y contemporáneo de la poca capacidad de resolver las incógnitas de una acción bélica es el conflicto en Ucrania. Sin un verdadero Casus Belli, Vladimir Putin invadió Ucrania para anexar el territorio de ese país a la nación rusa, argumentando seguridad nacional ante la OTAN, y la posibilidad futura de que Ucrania se hiciera miembro de la OTAN. Pensaba que en un fin de semana se apoderaría del país. Eso fue hace casi cuatro años y refleja esa gran incógnita: se sabe cuándo comienza una guerra, pero no cuando termina. Los horrores entre la población civil y destrucción de la infraestructura por parte de Rusia se aproximan a lo que se puede calificar hoy día como crímenes de guerra.

Las tensiones entre Venezuela y los EE. UU. pueden resultar en la salida del régimen criminal. Ojalá que eso suceda, pero no hay garantías al respecto. Antes de pensar en las probabilidades o escenarios posibles, lo primero que tenemos que pensar o preguntarnos es ¿por qué está haciendo Trump lo que está haciendo?

Los objetivos de Trump

Trump no se ha caracterizado nunca en su vida por tener objetivos políticos complejos. Esa simplicidad directa es parte de su éxito político y su mensaje simple es uno de nacionalismo milenario: Make America Great Again. Esto puede interpretarse de muchas maneras, pero sacar a Maduro de Venezuela no parece ser parte de ese mensaje. Lo que si ha caracterizado a Trump toda su vida es ser transaccional, un firme creyente en las fórmulas suma cero, y en acumular poder y utilizarlo como garrote para que en esa ecuación suma cero, él salga favorecido. Es un firme creyente en un mundo dividido entre ganadores y perdedores. También parece ser que a Trump no se le olvidan aquellos que percibe como enemigos – la gente que se le ha opuesto y le ganó.

Bajo esta perspectiva puede verse la animosidad contra Maduro de dos maneras, la primera es que Maduro le ganó en la primera ronda, en el primer round, en el primer gobierno de Trump. Trump trató de presionar a Maduro, y Maduro se burló de Trump. Allí sigue. La continuidad de Maduro en el poder representa un fracaso de la primera administración Trump. Maduro es una afrenta personal.

La segunda manera de ver la escalada de tensiones por Trump es desde el punto de vista de la política interna de los EE. UU., con miras a las elecciones de medio término. Es un hecho de que la popularidad de Trump en disminución puede afectar las elecciones de medio término en el 2026. El cálculo político puede indicar que en caso de sacar a Maduro situaciones como el problema migratorio o la economía regional pueden ser aliviadas. Además, la salida de Maduro pudiera ser percibida como una victoria en el ámbito internacional para Trump, creando un clima favorable para el partido republicano. 

El gran temor de Trump, en caso de que la Cámara de Representantes tenga mayoría demócrata, es que sea impugnado nuevamente. Es posible incluso que algún congresista demócrata ya está redactando secretamente resoluciones al respecto. Por eso, Trump hará todo lo posible por no perder la Cámara. Por cierto que, a mi parecer, eso sería suicidio político para los demócratas, y probable causa de su pérdida en las elecciones presidenciales del 2028, resultando en un presidente Vance o Rubio. Eso no quita que Trump piense en esto. Para los venezolanos lo que esto puede significar es que esta campaña de presión contra Maduro por Trump tiene una fecha de vencimiento relativamente cercana.

Desde el punto de vista de Maduro, su escurridiza sagacidad puede resultarle efectiva en esta coyuntura. El régimen criminal que gobierna a Venezuela tiene grandes debilidades, principalmente su nula legitimidad y el ínfimo respaldo popular. La retórica encendida de Trump crea una distracción táctica que favorece a Maduro, especialmente cuando Trump dice falsedades evidentes, hace amenazas no creíbles, o exagera su capacidad de acción. Anunciar, por ejemplo, un bloqueo naval total, para después aclarar que son solamente los tanqueros sancionados crea confusión a favor de Maduro.

La narrativa que el régimen puede elaborar a partir de esos mensajes equívocos de Trump son de legítima defensa de la soberanía nacional, una narrativa que puede compartir con gobiernos regionales y masas populares. El garrote gringo, sea militar o económico, es una pesadilla regional compartida. Acciones por el gobierno estadounidense que parecen blandir ese garrote aglutinan pasados y temores que favorecen a Maduro, y, peor de todo, debilitan la legitima oposición, tanto interna como internacional, a su tiranía.

La respuesta de Maduro ha sido predecible. Con el historial de retrocesos, volatilidad y cortapisas institucionales, las amenazas de Trump no han sido poco más que gestos enardecidos vacíos contra voceros retóricos enfocados, maestros del vocabulario populista. Esos voceros del régimen le llevan una morena a Trump por sus muchos años de práctica, supervivencia e impunidad. Usar el reloj para que se le acabe el tiempo a Trump es lo que busca hacer Maduro, montando nuevamente su circo dilatorio (sin pan).

El circo de Maduro incluye un desfile de buques “escolta” a tanqueros no sancionados, una demostración populista para el consumo de muchedumbres internas y aliados externos que crea una ilusión de fuerza sin mucho riesgo, puesto que esos tanqueros, los que no tienen sanciones previas, no están bajo amenaza de confiscación. Pero su paso seguro y a salvo será anunciado como la gran respuesta defensiva del hombre fuerte que detiene a Trump y sus ambiciones hegemónicas en el hemisferio occidental. No es sin peligro esta táctica, puesto que fácilmente se puede incurrir en Casus Belli si alguna nave de las flotillas de escolta comete un error provocador (o provocado), o las interferencias recíprocas en los GPS de navegación  causan una tragedia aérea o marítima que se convierta en el incidente que pueden buscar tanto Maduro como Trump para fortalecer su posición política.

Ante esto, ¿qué puede hacer la oposición legitima, democrática al régimen de Maduro?

La oposición democrática.

El dilema son los intereses comunes que tiene la oposición con la administración Trump. Todo indica que la administración preferiría que Maduro no se mantuviese en el poder, a pesar de los coqueteos que se han hecho entre sí. La salida del régimen por supuesto es la meta de la oposición democrática en Venezuela. Pero ¿Cómo apoyar discursos hegemónicos y discursos de “recuperación de activos”? ¿Cómo mantenerse alineado con los objetivos e intereses comunes sin perder credibilidad?

Existen pilares fundamentales en la condición democrática liberal que permite coexistir con este dilema. La firme creencia en el estado de derecho es el primero, pero antes pensemos en el segundo, el derecho internacional a la legitima defensa. Para la oposición democrática, el gobierno de los EE.UU. (y de toda nación) es un gobierno soberano e independiente que puede ejercer este derecho si se siente amenazado en espacios internacionales o en su propio territorio. Dentro de la dinámica democrática y legal interna de los EE.UU. se decidirá si acciones como ataques contra las “narcolanchas” se ajustan a sus leyes o no. La oposición democrática venezolana responsable no tiene voz válida en esas decisiones y deliberaciones internas y soberanas de cada país.

Pero las personas que sucumben ante estos ataques tienen derechos y al parecer no tienen dolientes en Venezuela. En particular los ciudadanos venezolanos que puedan estar o no en estas lanchas no han sido identificados públicamente y sus muertes denunciadas por el régimen venezolano ante organismos internacionales competentes o tribunales de los EE.UU. Solamente allí, en donde sus muertes pudiesen calificarse de ilegales, los familiares y las empresas contratistas de dichas personas tendrían justo derecho a reclamo y compensación. Pero el silencio del régimen ante estos ataques es ensordecedor.

El que calla otorga aplica en este caso y el gobierno de los EE.UU. puede percibir en este silencio del gobierno venezolano (silencio legal, es decir, no un reclamo en la televisión sino en las cortes) una justificación tácita para continuar su campaña letal. Y eso es responsabilidad del régimen venezolano, un régimen donde no existe ni estado de derecho ni reglamentación aplicada de sistemas de control y seguridad para constatar las circunstancias que hayan hecho que pescadores o narcotraficantes navegando en las costas venezolanas quedaran en un limbo a la deriva bajo cualquier justica. Los ataques a estas lanchas y las muertes en esos ataques son responsabilidad directa de Maduro.

Es así que retornamos al tema del estado de derecho. El tanquero Skipper fue decomisado legalmente. La carga del tanquero puede que no sea decomisable, como el presidente Trump ha sugerido, pero considerando las multas y costos que se impondrán al navío, al menos como fianza es probable que el petróleo a bordo se mantenga en espera de decisiones legales. El tanquero estaba intencionalmente operando fuera de la ley para evadir sanciones contra el financiamiento de la Guardia Revolucionaria Iraní, institución designada como grupo terrorista por varias naciones, incluso los EE.UU. El tanquero también volaba la bandera de Guyana, país donde no está registrado, lo cual viola las leyes marítimas internacionales. En ejercicio del cumplimiento de sanciones y leyes internacionales, y con el respaldo de una orden emitida por un juez, el FBI y la Guardia Costera, respaldados por la Armada de los EE. UU., abordaron el buque y lo decomisaron. El decomiso del tanquero es perfectamente legal y ajustado a derecho. [NOTA: terminando esta reflexión salió la noticia de un nuevo tanquero abordado fuera de las aguas territoriales de Venezuela, el Constellations. Este buque había ilegalmente enmascarado su posición correcta en el pasado, pero de resto no hay informes acerca de otras actividades que ameritasen esta acción por parte de la guardia costera de los EE.UU.]

Hay demasiados buques fantasma (se calculan en centenares, 30 de los cuales fueron identificados en puertos venezolanos el mes pasado) operando de esta manera ilegal para burlar sanciones internacionales contra Irán, Rusia y Venezuela.

Financiar grupos terroristas es ilegal. Los instrumentos utilizados para esa financiación, en este caso un tanquero, operan a riesgo de ser confiscados. La desafortunada retórica belicosa de Trump, con su hipérbole característica, confunde el hecho de que al confiscar el tanquero se está cumpliendo la ley, tanto la de los EE.UU., como la internacional. Esta no es la primera vez que ocurre tampoco, puesto que en ocasiones anteriores en otras partes del mundo ya se han decomisado tanqueros violando sanciones. Es de esperarse que haya más decomisos y confiscaciones en le futuro cercano.

Toda participación futura de empresas estadounidenses o de otros países en las industrias básicas o de cualquier tipo en el país se harán en conformidad con la constitución, las leyes correspondientes, la soberanía del país y ajustada al derecho internacional para este tipo de transacciones. La transparencia legal y el estado de derecho es la mejor arma contra cualquier despojo, y los tribunales de los EE.UU., y las cortes internacionales han revisado todas las transacciones ocurridas durante el periodo de nacionalización petrolera y de otros activos en la era democrática de Venezuela. Debido a que la industria petrolera se mueve en el ámbito internacional, el régimen se ha visto forzado, mal que bien, a conformar sus acciones al derecho internacional y, cuando no lo hace, deberá atenerse a las consecuencias.

El estado de derecho, base del desarrollo.

Los juicios, fallos y medidas compensatorias a nivel internacional originados por la nacionalización de la industria petrolera durante la democracia ya son hecho cumplido e historia conocida; sin embargo, también son conocidas las expropiaciones ilegales y sin compensación ocurridas durante todo el régimen chavista dentro del país, fuera de la lupa legal internacional; actos arbitrarios y autoritarios que quebraron la industria y agricultura nacional. Las acciones del régimen son las que hacen peligrar ahora la única tabla de salvación económica restante del país en este momento. La peor sanción económica que ha tenido Venezuela en los últimos 25 años es el régimen autoritario que se hace llamar revolucionario y opera arbitrariamente como el gran demoledor de toda actividad económica legítima del país.

La transición hacia un gobierno de leyes, respetando compromisos legalmente adquiridos y los derechos humanos, civiles y económicos de todo ciudadano venezolano y participante internacional es el objetivo de la oposición democrática en Venezuela. Tal vez la campaña de intimidación y presión internacional liderada por Trump resulte en la salida de Maduro, ojalá. Pero debemos estar conscientes de que esta campaña tiene fecha de vencimiento; y de que Maduro también lo sabe.

ship sailing during sunset
Photo by Jens Rademacher on Unsplash


Dos temas sobre el tapete (parte 2): La reconciliación y la reunificación,

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Carlos J. Rangel
threads: cjrangel712

Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)

sábado, 11 de octubre de 2025

MITOS, LIBERTAD Y VENEZUELA: UN DIÁLOGO NECESARIO

(A propósito del libro: Mitos de nuestra humanidad - Relatos de siempre para hoy)

Resumen breve

En este ensayo se prolonga la conversación entre Carlos J. Rangel y el Dr. Asdrúbal Aguiar originada por el libro Mitos de nuestra humanidad (2024), y es en respuesta al ensayo “Mitos que conspiran contra la libertad en Venezuela”, del Dr. Aguiar. Ambos autores conciben el mito no como falsedad, sino como raíz cultural e imaginario político. Coinciden en que los mitos de El Dorado y el milenarismo moldearon las esperanzas redentoras de América Latina. El Dr. Aguiar en su nuevo ensayo incorpora el mito de Sísifo a la conversación, describiendo a la historia venezolana como un ciclo de recomienzos y frustraciones democráticas.

Rangel desarrolla su perspectiva a través de tres grandes mitos nacionales: El Gendarme Necesario, que legitima al caudillo; El Desposeído, que convierte la pobreza en virtud política; y El Delincuente Obligado-Revolucionario, figura moderna del poder como transgresión. Estas narrativas, heredadas de guerras fratricidas y del “militarismo genético” del país, ayudan a explicar la persistente dependencia venezolana del líder fuerte y el Estado paternalista.

El autor de Mitos de nuestra humanidad propone superar el destino sisifiano mediante la creación de un nuevo mito: La Libertad, inspirado en el ideal republicano de Bolívar en Angostura. Así, el bagaje cultural deja de ser condena y se convierte en herramienta de renacimiento moral y cívico, capaz de despertar al país de su ciclo de constante repetición histórica e iniciar una cultura democrática de dignidad, igualdad y razón.

MITOS, LIBERTAD Y VENEZUELA: UN DIÁLOGO NECESARIO

El Dr. Asdrúbal Aguiar ha tenido la gentileza de utilizar mi libro más reciente para escribir un gran ensayo, “Mitos que conspiran contra la libertad en Venezuela,” para la Revista Hispanoamericana de la Real Academia Hispano Americana de Ciencias, Artes y Letras.1 Su ensayo pudiera calificarse como una continuación del diálogo iniciado con nuestra conversación sostenida en META Miami en 2025, durante una presentación pública de mi más reciente libro.2 Los ensayos del blog “Mitos en META I,” y “Mitos en META II (Los mitos fundacionales de Venezuela)” parten de ese diálogo iniciado en la galería de arte. El ensayo del Dr. Aguiar lo mantiene.

Es importante despejar el uso del concepto de mito en el contexto de este nuevo aporte al dialogo. Tanto el Dr. Aguiar como yo estamos utilizando el concepto de mito como raíz de nuestra civilización y cultura. Relatos y figuras que de cierta manera ilustran las ideas e imágenes comunes que conforman nuestra herencia cultural y forman o describen el carácter de una nación o civilización. Ni él ni yo usamos la palabra en el sentido de “mentira”, raíz de la palabra mitómano, el ocultamiento de la verdad, común entre inescrupulosos, frecuente entre políticos – quienes incluso a veces se creen sus propias mentiras.

Coincidimos el Dr. Aguiar y yo en calificar el mito de El Dorado y el Milenarismo como fundacionales. Estos son definitorios de la civilización occidental (hago referencia a su universalidad mediante uno de estos en mi libro: el simple cuento de La Cenicienta – una indigente que a través de fuerzas superiores y un redentor logra la felicidad para siempre), Ese Dorado del pasado y vida futura feliz están detrás de las promesas de redención del marxismo, que tan nocivas han sido para el desarrollo económico de la región y, por supuesto, Venezuela.

Coincidimos también el Dr, Aguiar y yo en que los héroes son un producto del medio cultural. Los llamados héroes son figuras clave en una transición, generalmente política, a veces religiosa. En mi libro utilizo el mito de la Gorgona y Perseo, quien pone su propia supervivencia en riesgo casi insuperable a favor del bien común.  Los héroes son importantes en cualquier cultura y surgen por lo general durante períodos de transición entre un paradigma de gobernanza y uno nuevo – o la defensa del existente ante el reto del nuevo. El héroe será ungido por el paradigma vencedor. Pero si en el futuro el vaivén de la historia voltea el paradigma, los héroes de ayer serán los villanos de hoy y viceversa. En mi capítulo acerca de héroes, traidores y cobardes (y en mi única referencia extensa y directa a Venezuela en el libro, salvo un breve in Memoriam a Oscar Pérez algunas páginas antes, y un epígrafe posterior) uso el caso de Francisco de Miranda y sus reveses de fortuna. He aquí una coincidencia inesperada con el nuevo ensayo del Dr. Aguiar.

El libro Mitos... se centra en el eterno conflicto humano entre la razón y la emoción manifestado políticamente con el conflicto entre democracia y autocracia. Surgida en su forma moderna de la revolución liberal, y a su vez de la ilustración, la democracia es una respuesta racional al problema de gobernar una sociedad en la que cada miembro tiene derechos naturales por igual, y existen múltiples intereses disimiles. La autocracia es un sistema que, legado desde la antigüedad (y de la “ley del más fuerte”), gobierna suprimiendo esa igualdad de derechos a favor de los intereses de una elite privilegiada, frecuentemente motivada por emociones básicas y racionalización interesada. Parece existir un ir y venir histórico entre experimentos en democracia y dominio de autocracias. Con la mirada sobre la historia de Venezuela el Dr. Aguiar propone algo más allá, equiparando el esfuerzo de los demócratas al esfuerzo de Sísifo, empujando hasta llegar a la cumbre de la montaña para ver sus ideales derrumbarse poco después. Un revés de fortuna política constante para la sociedad. Lo describe así en dos pasajes:

La tragedia, sin opciones a la vista, la de la deconstrucción de la república que al cabo nos ha pulverizado como sociedad, decantando en la presencia del mal radical y que lleva algo más de 30 años, a partir de 1989 —no nos olvidemos de El Caracazo—como en el «Mito de Sísifo» nos devuelve a la hora germinal, al constante y vicioso recomienzo.  

El vicioso recomienzo, el siempre hacer todo de nuevo, borrón y cuenta nueva, un ciclo enfatizado en este segundo pasaje:

…le escuchaba decir a mis mayores que era Venezuela, justamente, ese cuero que se pisa por un lado y se levanta por el otro, es decir, la de un ser que busca su ser sin alcanzarlo o que se encuentra condenado al repetido «Mito de Sísifo» tras el trauma de su emancipación violenta y fratricida. ¡Es como querer renovar esa emancipación y a la vez enmendarla, en cadena, sin solución de continuidad, cada día, a cada hora, cada vez que nos molestamos con el gendarme de ocasión e innecesario!

Precisamente, de esta tortura insufrible originada en cada lucha fratricida en nuestros territorios, surge el deseo, la tentación, de tener un héroe, un caudillo, un líder que acabe con el desorden, ponga orden y pare las pugnas; de allí surge el primer gran mito fundacional autóctono: El Gendarme Necesario.


BOLÍVAR Y EL HOMBRE FUERTE

El Dr. Aguiar ubica acertadamente el mito fundacional venezolano del Gendarme Necesario y su origen en la exaltación del Libertador, Simón Bolívar. Mucho se ha escrito acerca de Bolívar: libertario, autoritario; demócrata, autócrata; soldado, ciudadano. Su prolífica obra escrita, y ejecutada, genera un sin número de interpretaciones. Hay coincidencias y divergencias en la interpretación de Bolívar que tenemos el Dr. Aguiar y yo, pero las coincidencias acerca de su impacto sobre el mito del hombre fuerte son absolutas. Ese es el primer gran mito originario de la nación venezolana, que, a fin de cuentas, vio nacer en su territorio a esta figura histórica.

Nos describe el Dr. Aguiar cómo la semilla libertaria de los precursores y fundadores de la primera republica se enfrenta al lado autoritario de Bolivar, reflejado claramente en su “Manifiesto de Cartagena”. Este documento es su Prueba No. 1 del afán aristocrático y antidemocrático de Bolívar.

La pérdida de la Primera República sin lugar a duda generó numerosos dimes, diretes y acusaciones cruzadas, a las cuales el futuro Libertador seguramente no fue inmune, en particular por su participación en la entrega de Miranda a las fuerzas del Imperio Español. Cuando Bolívar acusa a los forjadores de “repúblicas aéreas” de debilidad ante enemigos y conspiradores, e ingenuidad ante la realidad de la guerra puede ser que buscase exoneración o distracción de su propia culpa; pero la historia la escriben los vencedores.

Hay algo de cierto en esa acusación a los líderes de la Primera República; después de todo Monteverde entró a la provincia de Coro con un puñado de cien aventureros y entró a Valencia con un ejército de miles de soldados.3 La clase dirigente de la república, la cual incluía a Bolívar, no buscaba revolucionar la condición del país (lo cual, si querían “el hijo de la panadera” advenedizo,4 y los libertarios originales), sino independizarse del imperio para manejar el territorio a su antojo. Surgen facciones con intereses encontrados, tal vez irreconciliables, entre provincias, ciudades y clases. Aquellos sin privilegios no querían mantener su misma situación existente bajo un gobierno distinto y la independencia era impopular entre ellos; muchos de estos serán los mismos que después se unirán a Boves -y luego a Zamora- buscando cambiar su situación de opresión sin libertad.

Mantener el dominio y legado mantuano, suprimir libertades y facciones provincianas de intereses opuestos hizo sucumbir a la Primera República (aparte, según Bolívar, de la ruina del tesoro público por un estado innecesariamente grande). Aun cuando luminarias liberales como Miranda, Roscio y Toro buscaron crear una república con libertad, la presión para mantener los privilegios mantuanos y provinciales creó divisiones que debilitaron la república. El significado de las palabras lo dice todo: en Venezuela y Latinoamérica esas guerras fratricidas las llamaron comúnmente la Guerra de Independencia, mientras que en las colonias británicas del territorio que será los Estados Unidos se llamó la Guerra Revolucionaria (The Revolutionary War).  

La Prueba No. 2 acerca del autoritarismo de Bolívar que nos presenta el Dr. Aguiar en su ensayo no es tan contundente como la primera: el Discurso ante el Congreso Constituyente de Angostura

Bolívar presenta ante este Congreso el resultado de sus análisis y reflexiones sobre la mejor manera de gobernar, estudiada desde los griegos hasta la nueva nación al norte, matizados por su experiencia como el guerrero que decretó la guerra a muerte, y después la derogó. Comienza Bolívar su discurso agradeciendo que el Congreso Constituyente le releva del cargo Dictador Jefe Supremo de la República, liberándole de la “inmensa autoridad que me agobia”. Propone Bolívar un gobierno con tres poderes representativos y un cuarto poder moral.5 Cierto, hay visos de aristocracia en su propuesta de una Cámara Alta modelada por la Cámara de los Lores de Inglaterra, pero esta propuesta representa un contrapeso contra su otra propuesta de un fuerte ejecutivo unitario, constituyéndose una continuidad institucional que atentaría contra ese posible Sísifo que reinventa cada generación o dos la mejor manera de gobernar.6 La manera de seleccionar los miembros de esa cámara alta, como agradecimiento y recompensa a los héroes de la guerra, es también una maniobra política para apaciguar guerreros ambiciosos tentados a levantarse contra la nueva república.7

Como estudioso de modelos de gobierno, posiblemente Bolívar origina su concepción del amplio poder ejecutivo en la primera frase del Artículo 2 de la Constitución de los EE.UU.: “El Poder Ejecutivo reside en el presidente de los Estado Unidos”. Esta frase ha sido debatida desde su propuesta inicial hasta el día de hoy por implicar un amplio e indefinido poder que, bajo manos inescrupulosas, puede ser abusado e imperial. El Dr. Aguiar refleja ese debate cuando argumenta que Bolívar “bebe de las aguas que nutren el derecho divino de los reyes” al proponer un ejecutivo cuasi-imperial, a su parecer. Pero el Discurso de Angustura tiene plenitud de semillas de liberalismo democrático, por ejemplo:

“Las repetidas elecciones son esenciales en los sistemas populares, porque nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el poder”.  

“Un gobierno republicano ha sido, es y debe ser el de Venezuela; sus bases deben ser la soberanía del pueblo: la división de los poderes, la libertad civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los privilegios.”

Mas adelante, recontando formas de gobierno sustentable le recomienda a los Constituyentes modelar el gobierno venezolano siguiendo el modelo británico, pero…

Cuando hablo de Gobierno Británico sólo me refiero a lo que tiene de republicanismo, y a la verdad ¿puede llamarse pura monarquía un sistema en el cual se reconoce la soberanía popular, la división y el equilibrio de los poderes, la libertad civil, de conciencia, de imprenta, y cuanto es sublime en la política? ¿Puede haber más libertad en ninguna especie de república? 

Su defensa del poder del ejecutivo es elocuente argumentando, esencialmente, que un individuo se enfrenta por sí solo a una gran muchedumbre que quiere arrebatarle su capacidad de decisión. Es por eso que, institucionalmente, propone que la persona encarnando al poder ejecutivo debe tener gran poder. Ese debate entre el gran poder del ejecutivo unitario como contrapeso al del legislativo multitudinario (como el debate surgido por el Artículo 2 en los EE. UU.) lo dirime con la supremacía del judicial y la institucionalidad de la Cámara Alta, todos bajo el escrutinio permanente del Poder Moral. Lo que algunos ven como autoritario y aristocrático, otros ven como institucionalmente robusto.

Reconoce Bolívar la característica “sisifiana” que identifica el Dr. Aguiar en sus tesis acerca de la fragilidad democrática cuando hace la pregunta: “¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad, y permanencia?” Reconoce también que los gobiernos que han perdurado más han sido imperios, de entre los cuales utiliza el Romano, el Español y el Británico en su exposición de motivos. Destaca, sin embargo, primero, los intentos infructuosos de incorporar republicanismo en el Imperio Español8 y, segundo, la transformación republicana exitosa por el Británico. Utiliza su narrativa histórica para el aprendizaje, no para la mímica.

El corolario que se puede extraer del Discurso de Angostura y la afirmación de que “el sistema de gobierno más perfecto es aquel que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política” es que, para El Libertador, ese gobierno es una república, con una robusta división de poderes sujetos por contrapesos, institucionalidad definida, derechos universales de igualdad política y jurídica, y elecciones periódicas. Es decir, una república liberal democrática. La animosidad de Bolívar en contra de los fundadores legisladores de la primera república, manifestada desde Cartagena y ratificada en Angostura no lo descalifica, sino que precisamente lo convierte en interlocutor del debate democrático.

Podemos igualmente analizar los visos aristocráticos / autoritarios contrapuestos a una interpretación acerca de los peligros de los mismos en la Prueba No. 3 que presenta el Dr. Aguiar: La Carta al General Flores, en conjunto con la dirigida a Esteban Palacios. De hacerlo, sin embargo, se alargaría demasiado este argumento, y se desviaría del punto principal: el origen del mito del Gendarme Necesario y su impacto sobre la historia política de Venezuela. Lo mas importante es establecer que Simón Bolívar es un héroe que sirve para todo, y repetidamente ha sido utilizado por hombres fuertes para justificar la espada en lugar de la levita.

(para otras reflexiones sobre el Discurso ante el Congreso de Angostura véase también "La República Bolivariana" y "Carta a Carlos Alberto Montaner")

OTRA VEZ SÍSIFO

El Gendarme Necesario fue codificado por Laureano Vallenilla Lanz como apología al régimen tiránico de Juan Vicente Gómez. La leyenda del hombre fuerte que impone el orden se consolida cuando Gómez solidifica la nación, que hasta entonces era levantisca por los cuatro costados: el cuero seco al que se refiere el Dr. Aguiar. La Revolución Libertadora había sido el último enfrentamiento abierto fratricida entre venezolanos y no habrá otro sino hasta la Lucha Armada, en los años 60, al inicio de la era democrática moderna –y posteriormente durante la transición sangrienta del chavismo imponiendo su dominio hegemónico a principios del S. XXI, transición que costó más de 25.000 vidas segadas con la violencia impulsada por el odio de clases.

Tomando en cuenta que la nación se consolida bajo un gobierno centralista fuerte (como el que Bolívar dice que es necesario en un primer momento para controlar las bandas de maleantes que azotan el territorio, es decir, concentrar el monopolio de la violencia en el estado) se entiende al gobierno de Gómez como necesario para construir el país que viviremos el resto del S. XX. También se pone en perspectiva la figura de Eleazar López Contreras y su lugar en la transición hacia un país moderno. Es así que llegamos a la identificación de los tres grandes mitos fundacionales que forjan a la Venezuela del S. XXI: El Gendarme Necesario, con sus raíces en el bolivarianismo de espada, El Desposeído, instrumento del marxismo-leninismo y la guerra fría, y que es personificado en el país como Juan Bimba, y el Delincuente Obligado-Revolucionario, ideado por Hugo Chávez como instrumento para subvertir la sociedad e instituciones de la Cuarta República. Estos tres mitos son discutidos con mayor profundidad en el ensayo “Mitos en Meta II”, pero ¿cómo son matizados por el mito de Sísifo?

Los mitos occidentales de El Dorado y del Milenarismo son claras raíces de estos tres mitos fudacionales de Venezuela. Sísifo tal vez no tanto, pero en el discurso de presentación de mi libro La Venezuela imposible (2017), ante el Interamerican Institute for Democracy (IID), me aproximo a la imagen revelada por el Dr. Aguiar: 

“Me acuerdo que, hace alrededor de un año, la gran cantautora Soledad Bravo decía en un foro, aquí mismo, que le encantaba ver el Ávila, la montaña esa que se impone espectacularmente sobre el valle de Caracas. Decía ella que le encantaba verlo porque el Ávila con frecuencia tenía incendios y derrumbes, pero que siempre estaba allí, perduraba, reverdecía, siempre verde de nuevo. Eso, a fin de cuentas, es lo que quisiéramos ver en Venezuela. Pero realmente, y contemplando ese Ávila, ¿es que vivimos en eso, un ciclo recurrente de destrucción y reverdecer?”

Y mas específicamente, con la repetida imagen de destrucción y reconstrucción del país que nos presenta el Dr. Aguiar en su ensayo:

Sería raro que uno tirase tres piedras a una muchedumbre de venezolanos y no le diera a dos personas en cuya ascendencia hubo coroneles, generales o caudillos en las llamadas gestas heroicas de la historia del país—la guerra de independencia, las guerras federales, las batallas contra el Cabito Castro, contra Gómez, Pérez Jiménez, o en la lucha armada. Salvo inmigrantes muy recientes, ese es el caso típico. Posiblemente allí se encuentre ese “militarismo genético” del cual hablaba mi amigo…

…Y es que esa era la realidad hasta hace apenas dos generaciones, los pocos venezolanos que habían, porque la población no era tan numerosa, eran sobrevivientes. Sobrevivientes de pugnas fratricidas feroces que masacraron un tercio de la población dejando leyendas de guerreros en familia. Pugnas que dejaron reconcomios tribales subyacentes, fácilmente explotables por algún populista advenedizo.

Sobrevivientes también de una naturaleza inhóspita, cundida de enfermedades y una vegetación y aguas que lo arrasan todo. Entre los enemigos más debilitantes de los guerrilleros durante la lucha armada estaban la enfermedad y el hambre, acechándolos en esas montañas y montes aislados.

Los sobrevivientes de guerras, enfermedades, hambrunas y miserias necesitan esa mano fuerte y noble que los guie a través de su debilidad y recuperación.  La dependencia del sobreviviente ante el líder es natural, y es la que ha signado la historia de Venezuela. Cada nuevo ciclo de sobrevivientes ha dependido de un nuevo líder redentor con una nueva generación de expectativas, eventualmente irrealizables.  Me temo, tengo miedo, que pronto veremos un nuevo libertador o elegido liderando los sobrevivientes de la actual miseria venezolana.

Desde las montoneras de Monteverde, Boves y Zamora, hasta los Colectivos de Chávez, el afán fratricida en este país de sobrevivientes es recurrente. El desposeído no es una invención leninista impulsada por el estalinismo, es el vocablo de un sentimiento canalizable por algún nuevo libertador o elegido con ansias de poder. El temor es que el ciclo sisifiano no sea entre demócrata libertarios y autoritarios de toda estripe, como indica el Dr. Aguiar, sino entre destrucción y reconstrucción por hombres fuertes de turno.  En aquel discurso hago la pregunta retórica: ¿Acaso una sociedad entera puede tener [la condena de una aterradora reencarnación permanente]? ¿Vivir y reencarnar de esa manera, cometer los mismos errores, siempre los mismos? ¿Nunca ‘despertar’?”

Hugo Chávez y otros lideres transformadores nos pueden dar pistas, o incluso la clave para despertar. Chávez tuvo la capacidad de actualizar y transformar a su conveniencia el mito del desposeído al mito del delincuente revolucionario, fundamental para el chavismo. Lo que esto significa es que es posible usar nuestra herencia cultural e histórica para crear nuevos mitos poderosos y transformadores. ¿Es acaso descabellado pensar en recrear los ideales de libertad y democracia de la Promera Republica? ¿La que concibieron esas levitas salidas de la Pontificia Universidad de Caracas, llamada de Santa Rosa de Lima y del Beato Tomás de Aquino? Ahora que la nación está consolidada, ¿se puede rescatar la concepción de la república liberal democrática que describe Bolívar ante el Congreso de Angostura? ¿Podemos concebir el mito de la libertad—esa condición bajo la cual el ser humano tiene la oportunidad de desarrollar plenamente su capacidad como tal? ¿Es este el nuevo mito que nos conducirá a una tierra prometida con paz, prosperidad y democracia?

La nación venezolana requiere de un cambio paradigmático de su modelo existencial para poder prosperar como un pueblo unido, una ciudadanía activa, una gente con futuro. El hombre fuerte que encabeza un capitalismo de estado paternalista y clientelar ha sido el modelo que ha llevado el país a la ruina, miseria, enfermedad, empobrecimiento, muerte, terror, desconfianza, división, fratricidio, esclavitud física y moral… todos los males de Pandora. El ciclo recurrente de Sísifo no conduce sino a la oscuridad y la desesperación. Bolívar en Angostura nos señala la importancia de aprender de los errores del pasado, los intentos de las democracias antiguas, los imperios exitosos, los experimentos recientes, no como ciclos recurrentes sino como lecciones para mejorar el futuro y romper el ciclo. Para Bolívar, nos da a entender, una república democrática liberal es el “gobierno más perfecto”, a sabiendas que es frágil y que el camino para llegar a ese gobierno no es fácil:

“…son rarísimas las [naciones] que han sabido gozar algunos preciosos momentos de libertad; muy luego han recaído en sus antiguos vicios políticos; porque son los pueblos más bien que los gobiernos los que arrastran tras sí la tiranía. … miran con indolencia la gloria de vivir en el movimiento de la libertad, bajo la tutela de leyes dictadas por su propia voluntad. …

Sólo la democracia, en mi concepto, es susceptible de una absoluta libertad; pero, ¿cuál es el gobierno democrático que ha reunido a un tiempo, poder, prosperidad, y permanencia?” 

Nos recuenta Bolívar desde Cartagena los errores de la Primera República, y advierte (y en Bolivia trata de implementar) que para consolidar una nación hay un periodo de dureza y tiranía. Hemos consolidado el país, hemos recorrido una parte del camino difícil. Esa es la fundación sobre la cual el nuevo país, surgido de las cenizas de la presente tiranía renacerá. No para sucumbir nuevamente, sin haber aprendido de los errores, sino para despertar de ellos y crear la condición donde cada quien pueda maximizar su potencial y prosperar. Tal vez fuese necesario un gendarme para consolidar la nación; tal vez los desposeídos no tuvieron libertad; tal vez el delincuente revolucionario no tuvo voz propia sino con la violencia; pero esos mitos ya no componen nación. Llegó la hora de la libertad. Los tiranos y los mitos que los sostienen serán parte del basurero de la historia. Pero...

Hace algún tiempo me dijo una persona que prefería ser analista sorprendido que optimista decepcionado. Eso, en realidad, solo lo diria una persona que quisiera ser optimista. Cuando marcar el gol esta al alcance, el arquero se contrapone, o el arco se aleja. No por eso los luchadores no mantienen su energía. Los luchadores por la democracia y la libertad son optimistas y aun a sabiendas que serán decepcionados mantienen la lucha. Saber que probablemente les espera decepción -si no inmediata, en un futuro- solo aclara la mente e impulsa el corazón. Viene Sísifo a la mente.



Aguiar Aranguren, Asdrúbal. Mitos que conspiran contra la libertad en Venezuela. A propósito del libro de Carlos J. Rangel. Revista Hispano Americana, núm. 13–14 (2023–2024). https://revista.raha.es/42B_2025.pdf  Para una versión más resumida del ensayo, véase la nota en el diario El Nacional.

Rangel, Carlos J. Mitos de nuestra humanidad: Relatos de siempre para hoy. Santa Clara: Relatos de Tierra Firme, 2024. ISBN 9798991567718. – Versión KINDLE: https://a.co/d/f1SQK6U (ISBN 979-8991567725)

El contingente acumulado por Monteverde era tal que se estima que perdió 2.000 hombres an las batallas de La Victoria. Ganó esas y más batallas.

Así se referían a Miranda.

Este “Poder Moral”, tal y como lo describe Bolívar, es equivalente a una libre, diversa y fuerte prensa independiente.

Puede interpretarse la institución de “Senador Vitalicio” para los expresidentes, establecida en la constitución de 1961, como derivada de esta propuesta de Bolívar.

Juan Vicente Gómez, a su manera, hará lo mismo menos de 100 años después, incorporando caudillos regionales a su gobierno, o exiliando y fusilando a otros.

Manifestado principalmente en la Constitución Española, “La Pepa”, que de cierta manera impulsó también al movimiento independentista en las colonias.

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Carlos J. Rangel
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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autoritarismo en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

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