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sábado, 27 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 2): LA RECONCILIACIÓN Y LA REUNIFICACIÓN

 (Se dice fácil, pero...)

En mi segunda entrega de los temas sobre el tapete en Venezuela abordo el espinoso dilema de la reconciliación y reunificación, un tema de discusión necesaria. En paráfrasis de Anne Applebaum, el cambio de regímenes autoritarios, históricamente, es lento al principio pero repentino al final. Nos estamos acercando al principio del final del régimen criminal que pretende regir los destinos de Venezuela. Las señales están a la vista, las piezas colocadas. Los participantes están en la encrucijada de determinar como será el resto de sus vidas. ¿Serán amigos del tirano, o participarán en el gran proyecto de una nueva Venezuela? ¿Cómo se une a todos los venezolanos en este gran proyecto?

LOS AMIGOS DEL TIRANO

En estos días reportaron la vida cómoda de la familia Assad en Rusia y Dubái en el New York Times. Con las anécdotas que relataban describían la vida lujosa y protegida que vive Bashar Al-Assad en hoteles y apartamentos de lujo, fabulosos restaurantes y clubes, y fastuosas villas en enclaves residenciales exclusivos. Siria sigue en un difícil proceso de reconstrucción, con violencia, muerte y prisioneros. No es fácil reconstruir un país despojado por tiranos que utilizaron las instituciones del estado para reprimirlo y utilizaron el territorio para facilitar la fabricación y distribución de drogas estupefacientes por toda la región.

Entre los fugados con Assad se encontraba su leal escolta, que le cargaba las maletas y siempre se mantenía a su lado. La noche de la fuga, esta persona fue notificada que se iban, que se montara en el carro de inmediato. Con tanta leal disciplina siguió las órdenes del déspota que no tuvo ni tiempo de buscar su pasaporte y recoger algo de efectivo. Al llegar a Moscú, en vez de instalarse junto con Assad en la gran y amplia Suite donde se instaló el dictador, éste le dijo que se acomodara en otra habitación del lujoso hotel junto con otros escoltas. La sorpresa fue a los pocos días cuando el hotel les presentó la cuenta astronómica. El escolta llamó a Assad para aclarar el asunto, pero nunca llegó a comunicarse con el dictador nuevamente. Assad ni recogió ni devolvió las llamadas.

Hace más de 2.500 años Esquilo dijo: “es una enfermedad que llega con toda tiranía, la de no confiar en amigos”. Aquel que piense ser amigo del tirano debería reflexionar sobre lo dicho por ese griego. Los que confían en el tirano quedarán varados en Moscú sin pasaporte ni dinero. Pero no es únicamente el tirano que desconfía, es toda la sociedad mutuamente. Toda tiranía quiebra sociedades.

Una persona que utiliza el poder para provecho propio sin contemplaciones éticas es como el alacrán en el cuento de la rana y el río. Es su naturaleza, su instinto natural aguijonear a la rana, aun cuando significa que los dos morirán. Aun contra sus mejores intereses, el comportamiento de Assad no refleja ni conciencia, ni arrepentimiento, ni conductas que lo identifiquen como estadista, solo como criminal. Por eso se vio obligado a salir a medianoche del país que había destruido, Siria, que para una persona como él no era su patria, no era una nación llena de compatriotas; era una fabrica de dinero y lujos para él y sus cómplices. Ahora disfruta de lujos tras altas cercas, rodeado de guardaespaldas, borrando cualquier posible indicador de su paradero y recorriendo calles en limusinas, tal vez blindadas para no correr la suerte de Anastasio Somoza, creyéndose en un país seguro.

Hay personas que tienen que dejar el poder en Venezuela. Estás personas pueden facilitar la transición o verse obligados a aceptar que les llegó la transición. Pueden ser parte de la transición  o verse obligados a vivir en las sombras y tras vidrios blindados; los que puedan. Porque llegó la hora de reconstruir a Venezuela;  porque traicionar al régimen no es traicionar a Venezuela, todo lo contrario. 

UNA TRANSICIÓN QUE NO ES SOLO POLÍTICA

A pesar de que Venezuela no es Siria, con facciones étnicas, religiosas y territoriales, el país igualmente no solo enfrenta el desafío de sustituir un régimen, sino al de recomponer una comunidad cívica profundamente dañada por décadas de polarización, miedo, mentira institucionalizada, exilio masivo y complicidad forzada. Por ello, cualquier transición auténtica debe concebirse como un proceso simultáneamente político, moral y social. Sin esta comprensión amplia, la democracia que emerja será frágil, reversible y vulnerable a nuevas formas de autoritarismo.

Toda transición desde una autocracia hacia una democracia suele presentarse como un problema de ingeniería política: elecciones, cronogramas, reformas constitucionales, pactos de élites. Sin embargo, la experiencia comparada —y de manera particularmente aguda en el caso venezolano— demuestra que una transición fallida rara vez fracasa por errores técnicos. Fracasa porque no logra reconstruir el tejido moral, social e incluso mitológico que una autocracia destruye de manera sistemática.

Un punto central para comprender la complejidad de la transición venezolana es distinguir entre el rol de la ideología en democracia y su función en un régimen autoritario. En una democracia pluralista, incluso las ideas equivocadas cumplen una función: se someten al escrutinio público, se refutan, se corrigen o se descartan mediante mecanismos institucionales.

En un régimen autoritario, en cambio, la ideología deja de ser una propuesta debatible y se convierte en dogma. No se corrigen errores, se impone el dogma; no hay debate, se silencian las voces; no se persuade, se castiga al disidente. El daño no proviene solo de la idea, sino del poder que la respalda. Esta distinción es crucial para abordar responsabilidades sin caer en simplificaciones morales ni en absoluciones indiscriminadas.

En el 2017 publiqué un libro titulado “La Venezuela imposible” en donde incluyo un ensayo inspirado por la carta de acusación de Jorge Giordani al gobierno de Nicolás Maduro con motivo de su salida forzada de sus cargos. Esta carta expone las razones de Giordani y es un caricaturesco J’accuse enfocado sobre la ruina económica del país y la culpabilidad del régimen. Por todo lo que sé y he podido averiguar de Giordani, él parece ser un profesor universitario honesto, dedicado y creyente en sus ideas, principalmente la idea de que el estado puede ser el factor clave para mejorar la sociedad mediante el control y ejercicio del poder económico de un país.

El caso de los ideólogos del chavismo —y en forma paradigmática el de Jorge Giordani— ilustra la capacidad humana de autoengaño. Jorge Giordani ni es redentor económico del chavismo ni es chivo expiatorio en la transición; es el ejemplo del ideólogo que, al operar desde un régimen autoritario, transforma el error intelectual en daño histórico profundo. Mencionamos a Giordani, pero todo régimen autoritario los ha tenido. Leon Trotsky, Joseph Goebbels, Jaime Guzmán o Giovanni Gentile estaban íntimamente comprometidos como ideólogos de sus regímenes totalitarios. Su caída en desgracia histórica (o no) no los exime de su responsabilidad.

Ideólogos como Jorge Giordani, en un marco democrático pluralista, aportan al debate de ideas; pero insertos en un marco autoritario hacen daños profundos a un país. Los resultados prácticos de esa idea los vimos en Venezuela. Reconocer el fracaso de un proyecto no es solo un ejercicio intelectual; implica aceptar que una vida entera, una identidad y una vocación estuvieron construidas sobre un error conceptual profundo. A pesar de su sinceridad, convicción y probables buenas intenciones el “cerebro económico” de Chávez empedró el camino a la ruina.

RECONCILIAR NO ES OLVIDAR

Comprender el autoengaño de estos ideólogos o sus adeptos no equivale a absolver el daño causado. La tragedia personal del líder ideológico no borra las consecuencias colectivas de sus decisiones cuando estas se implementaron desde el poder con autoritarismo dogmático. De aquí surge una reflexión clave para la transición: la empatía es compatible con la responsabilidad histórica. La reconciliación democrática no consiste en borrar culpas sino en identificarlas y reconocerlas, sin convertirlas en instrumentos de venganza. Existe la justicia para los criminales, existe la historia para los equivocados.

Una democracia funcional no exige uniformidad ideológica ni consenso moral permanente. La vitalidad de una democracia surge del pluralismo, de la competencia abierta de ideas y de lo que podría llamarse un caos creativo permanente enfrentando el cambio constante de su contexto tecnológico y social; el debate, error, corrección y aprendizaje continuo. Ese desorden, incómodo, ruidoso e imperfecto, es precisamente el precio de la libertad y la condición de la cual emerge el progreso. Una voz como la de Giordani en democracia es valiosa. Su voz como dogma es peligrosa.

Aceptar este caos creativo es esencial para una transición democrática. Implica reconocer que la democracia no promete certezas absolutas ni resultados inmediatos, sino un marco institucional donde los conflictos se procesan sin violencia y donde ninguna visión del mundo puede apropiarse del Estado. Reconciliar a una sociedad polarizada comienza, paradójicamente, por aceptar que el desacuerdo es legítimo y necesario.

Las fracturas y heridas sociales creadas por años de represión autocrática son profundas y difíciles de sanar. Uno de los mayores riesgos de toda transición es confundir justicia con venganza o, en el extremo opuesto, reconciliación con olvido. Ninguno de los dos extremos produce estabilidad democrática. La justicia transicional debe operar en un espacio intermedio, donde se combinen verdad, responsabilidad individual, indemnizaciones y garantías de no repetición.

Esto implica reconocer agravios, escuchar a las víctimas y diferenciar grados de responsabilidad, sin caer en persecuciones colectivas ni en amnistías morales implícitas. La democracia no puede fundarse sobre la humillación de unos ni sobre la negación del sufrimiento de otros. La justicia, entendida correctamente, es un mecanismo de estabilización democrática, no un obstáculo para ella.

LA NUEVA VENEZUELA VA MÁS ALLÁ DE SUS FRONTERAS

La transición venezolana enfrenta un desafío adicional que suele quedar relegado en los debates institucionales: la reunificación de una nación dispersa. Millones de venezolanos viven hoy fuera del país, separados de sus familias, de su vida cívica y de su horizonte vital. Esta fractura no es solo demográfica; es emocional, cultural y política.

La nación venezolana dispersa puede convertirse en un gran activo para la reconstrucción del país. Hay quienes anhelan regresar para retomar su vida, hay quienes han hecho vida fuera y quieren fortalecer sus lazos con la tierra que les vio nacer, hay quienes quieren conocer a Venezuela, la de sus padres y abuelos. Esa energía humana impulsa el futuro de Venezuela a nivel global. Trabajando juntamente con los millones de venezolanos haciendo país, la nación en exilio quiere ser parte del futuro de Venezuela.

Desde el sufrimiento del paso por cordilleras andinas y el Darién hasta vivir el rechazo xenofóbico, desde el Cono Sur hasta los EE.UU., Europa y otras tierras distantes, las experiencias vividas, y el esfuerzo trabajador de los venezolanos demuestran su coraje, capacidad de adaptación y espíritu emprendedor. La historia y las experiencias de cada uno son distintas, todas transformadoras, pero el denominador común son las raíces. Su energía es una energía sembrada ahora en el gentilicio, tal y como lo fue con los irlandeses, los italianos, los portugueses, los libaneses y los judíos en el pasado. Un activo sembrado alrededor del mundo que será parte del futuro de Venezuela. La reunificación debe integrar explícitamente al exilio como parte constitutiva del proyecto nacional. Sin este proceso, la transición quedará incompleta.

EN BÚSQUEDA DE UNA SOCIEDAD PERDIDA

Una transición democrática sostenible requiere traducir estos principios en políticas concretas. En términos prácticos, esto supone: establecer mecanismos creíbles de justicia transicional centrados en verdad y responsabilidad individual; garantizar una fuerte estructura institucional independiente para procesar conflictos políticos; promover políticas activas de integración del exilio; y diseñar narrativas públicas que legitimen el pluralismo y el desacuerdo democrático.

La democracia no promete absolución ni redención moral. Promete algo más modesto y más exigente: convivencia en libertad bajo reglas compartidas. La historia juzgará a los responsables del desastre, pero el futuro dependerá de la capacidad colectiva de construir instituciones que contengan el poder, procesen el conflicto y hagan posible la reconciliación sin sacrificar la justicia.

En la época festiva decembrina, durante la cual escribo esto, se nos vienen recuerdos que surgen de esos aromas familiares asociados con las festividades. Esos buenos recuerdos que reconfortan el alma y el corazón los asociamos con momentos de felicidad y unión en nuestro hogar acompañados por nuestros queridos y cercanos. También nos hace pensar en lo que hemos perdido y nuestra situación presente. Para el país, la situación presente no es una de paz y prosperidad con democracia y libertad. Sin embargo, esa situación tiene visos de pronto cambio. No para rescatar aquel pasado, del cual recordamos solo lo bueno, sino para hacer una nueva Venezuela unida con visión positiva de futuro.


Dos temas sobre el tapete (parte 1): La escalada de tensiones entre los EE.UU. y Venezuela

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Carlos J. Rangel

twitter: @CarlosJRangel1
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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024)

Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)


domingo, 21 de diciembre de 2025

DOS TEMAS SOBRE EL TAPETE (PARTE 1): LA ESCALADA DE TENSIONES ENTRE LOS ESTADOS UNIDOS Y VENEZUELA

Hay dos temas acerca de Venezuela sobre el tapete, el primero, el de más inmediatez, se debe a la escalada retórica y real de la confrontación entre los Estados Unidos y Venezuela, y el segundo, uno con más trayectoria y tal vez mayor trascendencia: “el día después”, es decir las implicaciones políticas, económicas y sociales de una salida del régimen de Maduro en Venezuela, posiblemente a consecuencia de las presiones de los EE. UU. En esta reflexión me enfocaré sobre el primer tema, pero sus consecuencias sobre el segundo son ineludibles y serán motivo de una nueva reflexión en un futuro cercano.

La escalada retórica y militar entre los Estados Unidos y Venezuela tiene demasiadas incógnitas para precisar su eventual resultado y desenlace. Para los venezolanos, vemos con sentido ambivalente la evidente presión del presidente Trump sobre el régimen criminal que maneja los destinos del país. Hay varias cosas que se saben acerca de cualquier guerra: cuando comienza y que van a haber daños colaterales en infraestructura y víctimas inocentes. Eso se sabe de antemano, y las reglas de la guerra, tal y como uno espera que existan, determina (1) la necesidad de un Casus Belli, es decir una razón legal justificable para iniciar la guerra, y (2) que los objetivos sean militares, no civiles, para minimizar esos daños colaterales.

Un ejemplo claro y contemporáneo de la poca capacidad de resolver las incógnitas de una acción bélica es el conflicto en Ucrania. Sin un verdadero Casus Belli, Vladimir Putin invadió Ucrania para anexar el territorio de ese país a la nación rusa, argumentando seguridad nacional ante la OTAN, y la posibilidad futura de que Ucrania se hiciera miembro de la OTAN. Pensaba que en un fin de semana se apoderaría del país. Eso fue hace casi cuatro años y refleja esa gran incógnita: se sabe cuándo comienza una guerra, pero no cuando termina. Los horrores entre la población civil y destrucción de la infraestructura por parte de Rusia se aproximan a lo que se puede calificar hoy día como crímenes de guerra.

Las tensiones entre Venezuela y los EE. UU. pueden resultar en la salida del régimen criminal. Ojalá que eso suceda, pero no hay garantías al respecto. Antes de pensar en las probabilidades o escenarios posibles, lo primero que tenemos que pensar o preguntarnos es ¿por qué está haciendo Trump lo que está haciendo?

Los objetivos de Trump

Trump no se ha caracterizado nunca en su vida por tener objetivos políticos complejos. Esa simplicidad directa es parte de su éxito político y su mensaje simple es uno de nacionalismo milenario: Make America Great Again. Esto puede interpretarse de muchas maneras, pero sacar a Maduro de Venezuela no parece ser parte de ese mensaje. Lo que si ha caracterizado a Trump toda su vida es ser transaccional, un firme creyente en las fórmulas suma cero, y en acumular poder y utilizarlo como garrote para que en esa ecuación suma cero, él salga favorecido. Es un firme creyente en un mundo dividido entre ganadores y perdedores. También parece ser que a Trump no se le olvidan aquellos que percibe como enemigos – la gente que se le ha opuesto y le ganó.

Bajo esta perspectiva puede verse la animosidad contra Maduro de dos maneras, la primera es que Maduro le ganó en la primera ronda, en el primer round, en el primer gobierno de Trump. Trump trató de presionar a Maduro, y Maduro se burló de Trump. Allí sigue. La continuidad de Maduro en el poder representa un fracaso de la primera administración Trump. Maduro es una afrenta personal.

La segunda manera de ver la escalada de tensiones por Trump es desde el punto de vista de la política interna de los EE. UU., con miras a las elecciones de medio término. Es un hecho de que la popularidad de Trump en disminución puede afectar las elecciones de medio término en el 2026. El cálculo político puede indicar que en caso de sacar a Maduro situaciones como el problema migratorio o la economía regional pueden ser aliviadas. Además, la salida de Maduro pudiera ser percibida como una victoria en el ámbito internacional para Trump, creando un clima favorable para el partido republicano. 

El gran temor de Trump, en caso de que la Cámara de Representantes tenga mayoría demócrata, es que sea impugnado nuevamente. Es posible incluso que algún congresista demócrata ya está redactando secretamente resoluciones al respecto. Por eso, Trump hará todo lo posible por no perder la Cámara. Por cierto que, a mi parecer, eso sería suicidio político para los demócratas, y probable causa de su pérdida en las elecciones presidenciales del 2028, resultando en un presidente Vance o Rubio. Eso no quita que Trump piense en esto. Para los venezolanos lo que esto puede significar es que esta campaña de presión contra Maduro por Trump tiene una fecha de vencimiento relativamente cercana.

Desde el punto de vista de Maduro, su escurridiza sagacidad puede resultarle efectiva en esta coyuntura. El régimen criminal que gobierna a Venezuela tiene grandes debilidades, principalmente su nula legitimidad y el ínfimo respaldo popular. La retórica encendida de Trump crea una distracción táctica que favorece a Maduro, especialmente cuando Trump dice falsedades evidentes, hace amenazas no creíbles, o exagera su capacidad de acción. Anunciar, por ejemplo, un bloqueo naval total, para después aclarar que son solamente los tanqueros sancionados crea confusión a favor de Maduro.

La narrativa que el régimen puede elaborar a partir de esos mensajes equívocos de Trump son de legítima defensa de la soberanía nacional, una narrativa que puede compartir con gobiernos regionales y masas populares. El garrote gringo, sea militar o económico, es una pesadilla regional compartida. Acciones por el gobierno estadounidense que parecen blandir ese garrote aglutinan pasados y temores que favorecen a Maduro, y, peor de todo, debilitan la legitima oposición, tanto interna como internacional, a su tiranía.

La respuesta de Maduro ha sido predecible. Con el historial de retrocesos, volatilidad y cortapisas institucionales, las amenazas de Trump no han sido poco más que gestos enardecidos vacíos contra voceros retóricos enfocados, maestros del vocabulario populista. Esos voceros del régimen le llevan una morena a Trump por sus muchos años de práctica, supervivencia e impunidad. Usar el reloj para que se le acabe el tiempo a Trump es lo que busca hacer Maduro, montando nuevamente su circo dilatorio (sin pan).

El circo de Maduro incluye un desfile de buques “escolta” a tanqueros no sancionados, una demostración populista para el consumo de muchedumbres internas y aliados externos que crea una ilusión de fuerza sin mucho riesgo, puesto que esos tanqueros, los que no tienen sanciones previas, no están bajo amenaza de confiscación. Pero su paso seguro y a salvo será anunciado como la gran respuesta defensiva del hombre fuerte que detiene a Trump y sus ambiciones hegemónicas en el hemisferio occidental. No es sin peligro esta táctica, puesto que fácilmente se puede incurrir en Casus Belli si alguna nave de las flotillas de escolta comete un error provocador (o provocado), o las interferencias recíprocas en los GPS de navegación  causan una tragedia aérea o marítima que se convierta en el incidente que pueden buscar tanto Maduro como Trump para fortalecer su posición política.

Ante esto, ¿qué puede hacer la oposición legitima, democrática al régimen de Maduro?

La oposición democrática.

El dilema son los intereses comunes que tiene la oposición con la administración Trump. Todo indica que la administración preferiría que Maduro no se mantuviese en el poder, a pesar de los coqueteos que se han hecho entre sí. La salida del régimen por supuesto es la meta de la oposición democrática en Venezuela. Pero ¿Cómo apoyar discursos hegemónicos y discursos de “recuperación de activos”? ¿Cómo mantenerse alineado con los objetivos e intereses comunes sin perder credibilidad?

Existen pilares fundamentales en la condición democrática liberal que permite coexistir con este dilema. La firme creencia en el estado de derecho es el primero, pero antes pensemos en el segundo, el derecho internacional a la legitima defensa. Para la oposición democrática, el gobierno de los EE.UU. (y de toda nación) es un gobierno soberano e independiente que puede ejercer este derecho si se siente amenazado en espacios internacionales o en su propio territorio. Dentro de la dinámica democrática y legal interna de los EE.UU. se decidirá si acciones como ataques contra las “narcolanchas” se ajustan a sus leyes o no. La oposición democrática venezolana responsable no tiene voz válida en esas decisiones y deliberaciones internas y soberanas de cada país.

Pero las personas que sucumben ante estos ataques tienen derechos y al parecer no tienen dolientes en Venezuela. En particular los ciudadanos venezolanos que puedan estar o no en estas lanchas no han sido identificados públicamente y sus muertes denunciadas por el régimen venezolano ante organismos internacionales competentes o tribunales de los EE.UU. Solamente allí, en donde sus muertes pudiesen calificarse de ilegales, los familiares y las empresas contratistas de dichas personas tendrían justo derecho a reclamo y compensación. Pero el silencio del régimen ante estos ataques es ensordecedor.

El que calla otorga aplica en este caso y el gobierno de los EE.UU. puede percibir en este silencio del gobierno venezolano (silencio legal, es decir, no un reclamo en la televisión sino en las cortes) una justificación tácita para continuar su campaña letal. Y eso es responsabilidad del régimen venezolano, un régimen donde no existe ni estado de derecho ni reglamentación aplicada de sistemas de control y seguridad para constatar las circunstancias que hayan hecho que pescadores o narcotraficantes navegando en las costas venezolanas quedaran en un limbo a la deriva bajo cualquier justica. Los ataques a estas lanchas y las muertes en esos ataques son responsabilidad directa de Maduro.

Es así que retornamos al tema del estado de derecho. El tanquero Skipper fue decomisado legalmente. La carga del tanquero puede que no sea decomisable, como el presidente Trump ha sugerido, pero considerando las multas y costos que se impondrán al navío, al menos como fianza es probable que el petróleo a bordo se mantenga en espera de decisiones legales. El tanquero estaba intencionalmente operando fuera de la ley para evadir sanciones contra el financiamiento de la Guardia Revolucionaria Iraní, institución designada como grupo terrorista por varias naciones, incluso los EE.UU. El tanquero también volaba la bandera de Guyana, país donde no está registrado, lo cual viola las leyes marítimas internacionales. En ejercicio del cumplimiento de sanciones y leyes internacionales, y con el respaldo de una orden emitida por un juez, el FBI y la Guardia Costera, respaldados por la Armada de los EE. UU., abordaron el buque y lo decomisaron. El decomiso del tanquero es perfectamente legal y ajustado a derecho. [NOTA: terminando esta reflexión salió la noticia de un nuevo tanquero abordado fuera de las aguas territoriales de Venezuela, el Constellations. Este buque había ilegalmente enmascarado su posición correcta en el pasado, pero de resto no hay informes acerca de otras actividades que ameritasen esta acción por parte de la guardia costera de los EE.UU.]

Hay demasiados buques fantasma (se calculan en centenares, 30 de los cuales fueron identificados en puertos venezolanos el mes pasado) operando de esta manera ilegal para burlar sanciones internacionales contra Irán, Rusia y Venezuela.

Financiar grupos terroristas es ilegal. Los instrumentos utilizados para esa financiación, en este caso un tanquero, operan a riesgo de ser confiscados. La desafortunada retórica belicosa de Trump, con su hipérbole característica, confunde el hecho de que al confiscar el tanquero se está cumpliendo la ley, tanto la de los EE.UU., como la internacional. Esta no es la primera vez que ocurre tampoco, puesto que en ocasiones anteriores en otras partes del mundo ya se han decomisado tanqueros violando sanciones. Es de esperarse que haya más decomisos y confiscaciones en le futuro cercano.

Toda participación futura de empresas estadounidenses o de otros países en las industrias básicas o de cualquier tipo en el país se harán en conformidad con la constitución, las leyes correspondientes, la soberanía del país y ajustada al derecho internacional para este tipo de transacciones. La transparencia legal y el estado de derecho es la mejor arma contra cualquier despojo, y los tribunales de los EE.UU., y las cortes internacionales han revisado todas las transacciones ocurridas durante el periodo de nacionalización petrolera y de otros activos en la era democrática de Venezuela. Debido a que la industria petrolera se mueve en el ámbito internacional, el régimen se ha visto forzado, mal que bien, a conformar sus acciones al derecho internacional y, cuando no lo hace, deberá atenerse a las consecuencias.

El estado de derecho, base del desarrollo.

Los juicios, fallos y medidas compensatorias a nivel internacional originados por la nacionalización de la industria petrolera durante la democracia ya son hecho cumplido e historia conocida; sin embargo, también son conocidas las expropiaciones ilegales y sin compensación ocurridas durante todo el régimen chavista dentro del país, fuera de la lupa legal internacional; actos arbitrarios y autoritarios que quebraron la industria y agricultura nacional. Las acciones del régimen son las que hacen peligrar ahora la única tabla de salvación económica restante del país en este momento. La peor sanción económica que ha tenido Venezuela en los últimos 25 años es el régimen autoritario que se hace llamar revolucionario y opera arbitrariamente como el gran demoledor de toda actividad económica legítima del país.

La transición hacia un gobierno de leyes, respetando compromisos legalmente adquiridos y los derechos humanos, civiles y económicos de todo ciudadano venezolano y participante internacional es el objetivo de la oposición democrática en Venezuela. Tal vez la campaña de intimidación y presión internacional liderada por Trump resulte en la salida de Maduro, ojalá. Pero debemos estar conscientes de que esta campaña tiene fecha de vencimiento; y de que Maduro también lo sabe.

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Photo by Jens Rademacher on Unsplash


Dos temas sobre el tapete (parte 2): La reconciliación y la reunificación,

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Carlos J. Rangel
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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autocracia en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)

domingo, 14 de diciembre de 2025

JUSTICIA: EL GRAN DILEMA

Estamos en una encrucijada singular, sin precedentes. La transformación de Venezuela es inminente e inevitable. Hay quienes dicen que la transición hacia esa nueva Venezuela será desordenada, caótica, hasta dolorosa, quien sabe si sangrienta.

Todo cambio tiene su dosis de incertidumbre y se entiende el escepticismo ante las garantías y promesas de paz, orden y reconciliación en cualquier transición como la que se anticipa en nuestro país. Aquellos que han sido escogidos por el pueblo soberano de Venezuela para encabezar una transición hacia la democracia y libertad tienen logística y planes preparados para tratar de garantizar paz y estabilidad, en concordancia con los deseos de los ciudadanos del país. Eso no es fácil, es un duro trabajo.

Lo que sí se puede garantizar a ciencia cierta es que el país entero seguirá en una espiral sin fondo de represión e incertidumbre económica y social si no ocurre esta transición. Lo que sí se puede garantizar es que casi el 70% de venezolanos que pudieron y se atrevieron a manifestar su voluntad el 28 de julio del 2024, alzaron su voz para hacer esta transición. Lo que sí se puede garantizar es que esta transición tiene como objetivo lograr un país con paz y prosperidad en democracia y libertad, un país acobijado bajo el manto de la justicia y el derecho, sin persecuciones ni presos políticos.

Venezuela está repleta de venezolanos que quieren a su país. Venezuela está repleta de venezolanos que cada día se levantan enfrentando un nuevo día para sostener a su familia, hacer hogar y trabajar con esperanza de futuro. En una nueva Venezuela todo venezolano es bienvenido. Sabemos que hay quienes han tenido que agachar la cabeza ante la tiranía para poner la arepa sobre la mesa, para crear y cuidar familia. El régimen de terror que impera en Venezuela ha perfeccionado tácticas de represión política, de represión física y, la peor de todas, represión biológica. El llamado bozal de arepa, técnica estalinista perfeccionada en Cuba, y desplegada con máxima efectividad en Venezuela incluye no solamente alimentos, sino también viviendas, medicinas y hasta gasolina, agua y electricidad. Esta situación de incertidumbre, terror y miseria es inaceptable, y eso es lo que han rechazado todos los venezolanos.

Una transición con el objetivo de reconciliar a la familia venezolana, reconstruir el país y recuperar la dignidad y honor de ser venezolano es lo que el país espera. Oponerse al régimen no es traición a la patria, es defenderla. Los grandes traidores al pueblo venezolano son los cabecillas de un régimen criminal que busca mantenerse en el poder en asociación con narcotraficantes y terroristas. Los grandes traidores al país son los que lo han vendido a criminales y potencias terroristas, y pretenden seguir “negociándolo” para mantener el poder y seguir forrándose sus bolsillos. Los grandes traidores a la patria son los cómplices que mantienen a la gran nación venezolana en miseria y terror. Pero existe el camino a Damasco.

El romano Saúl de Tarso, en el camino a Damasco persiguiendo y crucificando cristianos repentinamente reconoció y se arrepintió de sus errores y crímenes. San Pablo dejó atrás la vida y violencia de su pasado, arrepentido de ese pasado, asumiendo su responsabilidad para transformar al cristianismo en una gran religión.

Salvando las distancias y diferencias, en la transición se deberá reconocer la capacidad humana de arrepentimiento y rectificación. Justicia no es venganza, es reconocer responsabilidades y defender la dignidad humana. Asumir responsabilidad, reconocer errores, enmendar agravios y aceptar sus consecuencias es el camino a la justicia digna, el camino hacia una mejor Venezuela. Perdonar no es olvidar y las consecuencias son acorde con ese camino.

La difícil aceptación es en ambos sentidos, tanto del agraviado como del agresor, de lo contario paz y justicia nunca serán logradas. Pienso en amigos, conocidos y extraños que han sufrido en carne propia los peores agravios de la tiranía de manos de esbirros y hampones y me duele, me resulta difícil reconocer que tiene que existir el perdón, pero tengo fe en la justicia. Como ser humano y demócrata tengo que tener fe en la justicia. También pienso que solamente de esa manera puede existir la esperanza de que Venezuela será un país con justicia sin venganzas, donde todo venezolano de bien, con ánimo de ser parte de una nueva Venezuela en paz y prosperidad con democracia y libertad, será bienvenido; donde todo venezolano asumiendo sus responsabilidades tendrá la oportunidad de reconstruir su propio país. Los pasos de un lado han sido dados, esperemos que del otro lado se correspondan. Esa es la transición.

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Carlos J. Rangel
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Libros de Carlos J. Rangel:

Libertad y autoritarismo en mitos, relatos y leyendas populares (2024) 
Análisis exhaustivo del retroceso democrático en Venezuela (2017).

Tendencias políticas y campañas electorales en los EE.UU. (2009)

domingo, 20 de abril de 2025

EL RENACER

 

Rompe el amanecer. Hoy es Domingo de Resurrección, el día que conmemora el retorno a la vida del redentor Jesucristo. Es el día que reafirma la fe cristiana en una nueva vida después del sufrimiento, después del calvario, después del valle de lágrimas.

Frecuentemente escribo a estas tempranas horas, absorbiendo el despertar del mundo: pájaros trinando, animales curucuteando; el sonido del despertar de los vecinos: puertas abriendo y cerrando, algunas voces, motores zumbando. Uno que otro avión sobrevolando. No hay guacamayas.

Pongo música para esta hora del despertar, frecuentemente Gabriela Montero lanzando al aire con energía acordes inspirados en la tierra venezolana, nuestra patria común lejana.    

En este día, al igual que todos, recuerdo el sufrimiento y agonía que atraviesa nuestro país. Hay quienes se lavan las manos de culpa, tanto en nuestra tierra como en otras, tanto lideres nacionales como internacionales. Venezuela sufre, todo indicador humanitario lo dice a gritos. Las generaciones futuras serán afectadas por el hambre física, moral e institucional que han sufrido. Los venezolanos tendremos menos estatura, menos fortaleza física, menos capacidad intelectual, por esta tortura corporal y espiritual a la cual un régimen criminal ha sometido a la nación.

La tristeza me embarga, siempre, al pensar en este sufrimiento. Al pensar en los caídos, en los presos, en los torturados, en los desaparecidos y en todos los perseguidos, algunos enconchados, otros en el exilio forzado. Me embarga una tristeza profunda, pero también la esperanza, no la desesperación. La esperanza de que la nación venezolana despertará y tendrá su nuevo renacer.

En este día, Domingo de Resurrección, esta esperanza está más viva que nunca. Tengo la fe de que todos nuestros compatriotas tienen la resistencia, la capacidad y la fuerza para este renacer. Lo han demostrado al régimen y al mundo con creces. Sobreviremos el viacrucis y llegará una nueva vida con reunificación y reconciliación para Venezuela. Una Venezuela con paz y prosperidad en democracia y libertad.


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Carlos J. Rangel
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jueves, 21 de noviembre de 2024

VENEZUELA HOY Y SU NUEVO MAÑANA

 El 21 de noviembre de 2024, El Club de la Libertad, en Corrientes, Argentina, invitó a Carlos J. Rangel a hablar acerca de Venezuela, su estado actual y su futuro. Este es el discurso / ponencia de Rangel en el evento.  


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Gracias a todos los presentes, damas y caballeros, por participar en este foro, un evento enfocado sobre el futuro y potencial de nuestras economías. Economías que enfrentan gran incertidumbre ante las tensiones por el cambio. Cambio desde un mundo esencialmente unipolar hacia uno en donde las potencias se disputan activamente los centros del poder económico y político. Esas tensiones, que parecen contradictoriamente aislacionistas e imperialistas simultáneamente, crean aperturas aprovechables, incluso para una situación como la que vive mi país, Venezuela.  La oposición venezolana le agradece mucho a Argentina su solidaridad con la causa y el albergue a nuestros compatriotas. Muchas gracias. Quiero agradecer especialmente al Club de la Libertad y a su presidente, Alberto Medina Méndez, por utilizar estos eventos para mantener viva la causa de la libertad en Venezuela, y por su invitación a que yo compartiese por algunos minutos con ustedes mis reflexiones sobre el presente y el mañana en Venezuela.

El 28 de julio de 2024 fue una fecha trascendental para Venezuela. Puede esperarse incluso que en algún futuro posible, y manteniendo esa costumbre común de nuestros países, alguna avenida, plaza o barriada sea nombrada con esa fecha; la fecha que definitivamente evidenció el anhelo indiscutible de los ciudadanos venezolanos de terminar el experimento chavista.

La propuesta chavista era cambiar las estructuras económicas y sociales del país para lograr igualdad y justicia social administrada mediante un fuerte gobierno central. Bajo esa propuesta, el gobierno central asumía el control sobre los recursos naturales y activos fijos del país, y la administración de su explotación. La propuesta se basaba sobre la premisa de que Venezuela era un país rico, rico en minerales básicos necesarios para la economía mundial. Con los amplios recursos financieros obtenidos por ese control, el gobierno podría satisfacer las necesidades de todos los venezolanos. Esa fue la promesa de Chávez.

Hay muchas razones por las cuales ese experimento resultó en un gran fracaso. Pero la razón fundamental es debido a su contradicción interna: lograr orden, igualdad y justicia mediante el control central y absoluto de la sociedad y la economía. Ese control eventualmente y necesariamente será autoritario, y es imposible lograr igualdad y justica bajo esas condiciones. No solo Venezuela ha vivido la tragedia generada por esa contradicción conceptual. Cuba, por no mencionar otros, es otro gran ejemplo en nuestro hemisferio de autoritarismos de izquierda con fantasías de utopías. Por supuesto la Unión Soviética, Corea del Norte y China Comunista son ejemplos notorios en el mundo.

Sin embargo, no debemos descartar ese otro vértice ideológico cuyos resultados igualmente resultan en fracaso: el autoritarismo de derecha. Fracaso de otra índole, pero en la misma familia. Las contradicciones estructurales de esta otra propuesta autoritaria también estancan a la sociedad enquistando oligarquías, sean civiles o militares. Esto lo hemos visto en el pasado de Latinoamérica y el Caribe: en el Paraguay de Stroessner, la Nicaragua de Somoza, el Haití de Papa Doc, hasta en el México de Porfirio Díaz a principios del siglo pasado, cuando Civilización y Barbarie se confundían fácilmente; y alrededor del mundo con el Irak de Hussein, el Irán del Chá, y tantos otros ejemplos frecuentemente citados por la izquierda y que ustedes han oído.  Hoy día incluso estamos viendo lo que podemos calificar de autoritarismo de derecha en países como Rusia y la China actual, con creciente desigualdad, tiranía y economías en descenso estructural, buscando su rescate mediante la expansión imperialista.  Al igual que las de izquierda, las élites dirigentes de derecha pretenden mantener sus privilegios eternamente, viviendo esa fantasía de Voltaire de que viven en el mejor de los mundos posibles, y que todo cambio es innecesario, indeseable y peligroso.  

Esto ocurre por igual tanto en los autoritarismos de derecha como en los de izquierda. Ambos han creado un mundo para sus élites con privilegios basados en rentas monopólicas, sean del estado o de los oligarcas, acumulando poder y activos. Un mundo que quieren mantener, conservar a toda costa; es decir son conservadores. Todo mandato autoritario es conservador, viven en su mejor mundo posible y no quieren que cambie. Venezuela tiene un gobierno conservador, al igual que Cuba. Irán, Hungría, Rusia y China. Son variaciones de la combinación mandato autoritario / capitalismo, o mandato autoritario / comunismo. Combinaciones destinadas al fracaso económico, social, conducentes a gran descontento popular con la consecuente represión totalitaria. Represión que va desde la pasiva mediante fraudes electorales y control de medios, hasta las activas con milicias, prisión, tortura y muerte.  

Hayek nos instruye para entender mejor esta dicotomía derecha / izquierda en su “Postdata a Fundamentos de la Libertad”. Hayek denuncia tanto a la extrema derecha como a la extrema izquierda por ser ideologías que buscan suprimir la individualidad para asumir el control de la sociedad. Ese control se basa en el supuesto de que el bienestar colectivo es mejor entendido por su élite de ideólogos que por un individuo cualquiera en búsqueda de su bienestar propio; que ciertos elementos, anhelos o “perversiones” de esa individualidad es mejor controlarlos en aras del bienestar colectivo. Por eso, esos ideólogos de derecha o de izquierda proponen leyes, reglamentos y acciones que coartan la libertad. Esa intelligentsia de izquierda o de derecha pontifica que ella es la que mejor sabe lo que es mejor para cada quien en aras del bienestar social.

Todos esos son experimentos destinados al fracaso y al rechazo, como lo demostró Venezuela el 28 de julio. Ese día la ciudadanía venezolana dijo “ya basta”. Dijo que el experimento chavista, ni nada que se le parezca, no solucionaba la desigualdad, ni mejoraba la vida, ni ofrecía futuro; dijo que el experimento chavista quebraba familias y generaba miseria; dijo, utilizando la poderosa voz del voto democrático de cada uno, que la élite chavista no merecía su confianza ni merecía gobernar. El 28 de julio, los ciudadanos venezolanos optaron por ese concepto difuso de “libertad”, uno de esos conceptos que a veces uno no sabe qué es exactamente, pero que si sabe cuándo no la tiene.

Anteriormente he tenido la temeridad de definir la libertad como la condición bajo la cual un ser humano tiene la oportunidad de desarrollar su pleno potencial como tal. Un gobierno que busca controlar a cada individuo para obligarlo a aportar su esfuerzo y mente al modelo que dicho gobierno prescribe como ideal, no es un gobierno apegado a la libertad. Contra eso, y a sabiendas que la opción era un salto al vacío, que ese voto sería el comienzo de un proceso de restauración que no sería fácil, los ciudadanos votaron masivamente y con alegría por Edmundo González Urrutia, quien simboliza y unifica el anhelo de libertad del pueblo venezolano. Venezuela optó por democracia y libertad. La oportunidad de hacer mejor vida.

La dicotomía democracia / autocracia existe desde hace siglos, y cuando el anhelo democrático ha prevalecido, la humanidad ha prosperado, ha progresado.  El afán de superación individual es una sublimación del instinto natural de supervivencia, y se manifiesta en emociones como la codicia y la ambición las cuales, de por sí, no son malas, como diría Gordon Gekko en “Wall Street”. O mejor, como argumentaría durante aquel momento del despertar liberal del S. XVIII Adam Smith: cuando existen las condiciones para que cada individuo busque, persiga, trabaje por su mejora personal, toda la sociedad mejora. Es decir, el capitalismo es un mecanismo eficiente que utiliza la libertad para mejorar la sociedad como un todo.  El capitalismo se contrapone al mercantilismo, cuyas diferencias esenciales son que el primero se basa en la creación de la riqueza, el otro en la acumulación de la riqueza. El comunismo es la manifestación moderna de la mentalidad mercantilista, enfocado en la distribución de lo que para su modelo es un recurso limitado, la riqueza, la cual extrae como renta, sea de la naturaleza o de la sociedad, hasta agotarla.

Sociedades que han experimentado con esa idea de la distribución de la riqueza como base fundamental para generar bienestar social han fracasado en esa meta, y algunas ahora experimentan con lo que se puede describir como mandato autoritario con capitalismo; Rusia, China, Hungría, e incluso, con tanteos y asomos, en Venezuela. En Cuba han habido innumerables “procesos de apertura” permitiendo microempresas y otros experimentos.

Pero bajo regímenes autoritarios, estos intentos proto-capitalistas están destinados al fracaso, solo refuerzan al régimen. He definido recientemente al mandato autoritario como aquel en donde los seres humanos sobreviven y prosperan dependiendo de los caprichos oportunistas de un régimen cuyo centro ideológico es el derecho legítimo de concentrar el máximo poder en su líder. Dicho con el viejo refrán popular, tal vez revelando alguna simpatía de nuestras culturas por el mandato autoritario: “el que a buen árbol se arrima, buena sombra lo cobija”. Pregúntenle a Jack Ma, el fundador de Ali Baba, que tal funciona eso.

Depender del capricho oportunista, de la sombra reconfortante, de un líder autoritario, aun cuando dicho líder haga aperturas hacia el capitalismo, es una propuesta peligrosa para cualquier individuo. Más aun, es ineficiente para una sociedad e insostenible a largo plazo.

Es esa combinación de democracia con capitalismo la que genera riqueza, y tiene la capacidad de renovación y regeneración que con mayor efectividad y eficiencia incrementa el llamado bienestar social. La propuesta ganadora en las elecciones presidenciales de Venezuela, la aceptada por más de tres cuartas partes de los que pudieron votar, fue democracia con capitalismo, la combinación que ha generado la mayor prosperidad de las naciones y el mundo desde su surgimiento en el S. XVIII.

En conversaciones y comunicaciones con ciertas personas del liderazgo opositor mucho antes y después del 28 de julio, estábamos claros de que las elecciones presidenciales, aun siendo clave, no eran sino un paso, una etapa más en la restauración de la democracia en Venezuela, al igual que lo había sido el 22 de octubre del año pasado, el día en que las primarias opositoras ratificaron la dirigencia indiscutible de Maria Corina Machado como su líder. Desde hace más de dos años ya habíamos planteado la necesidad de obtener la prueba en las mesas electorales de la victoria de la oposición democrática en las elecciones presidenciales. Esta estrategia, implementada tácticamente con los “comanditos” recabando evidencias, ha demostrado fehacientemente, ante cualquier persona u organismo independiente, que Edmundo González Urrutia es el presidente legítimamente electo de Venezuela.  Desde la noche del 28 tengo la costumbre de revisar periódicamente la página web del Consejo Nacional Electoral, del CNE. Aquel día la página se cayó alrededor de las 8PM, si recuerdo bien. El régimen culpó a la oposición de hacer un jaqueo que había tumbado la página. Esa excusa, o revela una ineptidud abismal por el equipo técnico del CNE, y sus aliados internacionales, o es una mentira más grande que cualquier nariz imaginable de Pinocho puesto que hasta el día de hoy, casi cuatro meses después, sigue caída esa página.   

La estrategia para llegar hasta el final se mantiene en pie. Todas las piezas están donde deben estar y están encajando como deben encajar. El régimen ha reaccionado a la revelada desnudez de su descarado fraude con el desespero y temor de una bestia acorralada, lanzando gruñidos, zarpazos y dentelladas. Sus 200 presos políticos de costumbre, por coincidencia el mismo número que mantenía el tirano Rosas, los ha multiplicado por diez. Actualmente en las cárceles, mazmorras, y sótanos ocultos de la tiranía hay alrededor de 2000 personas detenidas con cargos espurios de incitación al odio, a la violencia y al terrorismo, cargos levantados por alzar su voz defendiendo la soberanía popular manifestada el 28 de julio. A esos 2000 se le suman centenares, miles de personas atemorizadas, refugiadas, exiladas por la persecución del régimen, por estar “en la lista”; persecución y prisión que ha resultado en muertes, escalando la violencia criminal del régimen. Recordando a Winston Churchill, ante la lucha contra la sanguinaria tiranía solo puede prometerse sangre, trabajo, lágrimas y sudor hasta lograr la victoria, la libertad. Estos héroes venezolanos son héroes de la libertad.

Por favor, un momento de silencio para los caídos.

La comunidad internacional ha sido pieza clave en debilitar y deslegitimar al régimen. El desconocimiento, incluso por supuestos aliados vecinos, del resultado "oficial" de las elecciones se mantiene como columna principal de la fuerza opositora; los homenajes y reconocimientos internacionales a la líder opositora fortalecen su posición como tal; la diplomacia experta del presidente electo en países y organismos internacionales acorralan cada vez más a las élites de la tiranía.  No voy a decir en este foro que hay negociaciones en curso con algunos miembros de esas élites tiranas. No lo voy a decir.  Las elecciones presidenciales en los EE.UU. hace unas semanas aclaran vías en esas negociaciones que no están ocurriendo con algunos miembros del régimen; esos que ven con anhelo alguna playa distante y tranquila, con familiares y amigos cercanos a su lado, lejos de hogueras, horcas y muchedumbres enardecidas. Aquellos dentro de las élites del régimen que no ven esa negociación, que no está ocurriendo, es probable que pronto se percaten de que rechazaron una oferta que no podían rechazar. Porque ya están del lado equivocado de la historia.

Esquilo, hace unos dos mil quinientos años, nos decía: “es enfermedad que llega con toda tiranía, la de no confiar en amigos”. Sabemos por qué.

La historia nos ha demostrado que la combinación democracia / capitalismo es la combinación que genera mayor prosperidad. La historia nos ha enseñado también que la democracia es un torbellino de ideas permanente, un agitar creativo indetenible, un ir y venir circular de propuestas, riñas entre lideres con opiniones contradictorias; una apariencia de caos constante, con contiendas electorales donde los vencedores se creen dueños de la razón, la verdad y el mundo, y los perdedores se rasgan las vestiduras y se halan los cabellos -- hasta la próxima elección.  

Ante el caos y la incertidumbre permanente de la democracia la ilusión del mandato autoritario que promete orden y certeza es tentadora. Todo aquel que dice o escribe que la democracia está en peligro tiene razón, siempre. Pero la democracia vale la pena; la historia nos ha enseñado que es ella en combinación con la libertad la que genera paz y prosperidad en las naciones, y por eso vale la pena luchar por ella. Todo esto nos hace recordar nuevamente a Churchill, quien calificaba a la democracia como el peor de los sistemas de gobierno, salvo todos los demás.  

Las élites del régimen venezolano, esas élites conservadoras, mercantilistas, monopólicas, tiránicas que pretenden aferrarse al poder y someter al país están del lado equivocado de la historia. Su visión de su mejor mundo posible se derrumba y algunos todavía le hacen caso cándidamente al bla bla bla del profesor Pangloss, todos los profesores Pangloss en sus medios. Pronto despertarán en el nuevo mañana de Venezuela, el nuevo mañana; porque la historia también nos ha lo enseñado: tiranías eternas no son.

Muchas gracias.

VIDEO DE LA PRESENTACION EN LA CONFERENCIA:




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Carlos J. Rangel
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